viernes, 27 de mayo de 2016

La trilogía de Nueva York - Paul Auster

La trilogía de Nueva York,  conformada por Ciudad de Cristal, Fantasmas y La Habitación Cerrada; es una serie de breves novelas detectivescas con tintes metafísicos y toques surrealistas. Publicadas entre 1986 y 1987, Paul Auster dio un giro a lo conocido como literatura policiaca modificando el esquema ya característico de los libros de misterio, utilizando referencias (y analogías) a clásicos como el Quijote, Walden, y las novelas de Nathaniel Hawthrone, y eliminando cualquier clase de hipótesis acerca de la trama, hasta llegar a un punto de no saber qué está sucediendo en realidad, y qué es producto del delirio de los personajes.

Tres historias aparentemente independientes, donde Nueva York no sólo rige como locación de las mismas, sino como personaje en sí. Un universo urbano desarrollado a la perfección, culpable de que el lector se sumerja en el libro y una vez que haya comenzado la lectura, no pueda parar hasta terminar.



Auster impregna obsesión, melancolía y desesperación en sus personajes, lo cual no hace nada más que agregar nuevas interrogantes y mayor tensión a la trama.

La cumbre literaria de este autor varias veces nominado al Nobel de Literatura. A pesar de no contar con subtramas, y manejar pocos personajes, la lectura no pierde peso. Estas ausencias son prácticamente imperceptibles, ya que el neoyorquino tapa estos “huecos” adentrándose en la psique humana y experimentando recursos narrativos bastante innovadores.
Para disfrutar al máximo esta lectura, debes tener un nivel cultural aceptable, para así, comprender todas las referencias a trabajos y escritores clásicos. Entenderás que en La trilogía de Nueva York las coincidencias no existen. Todo libro o evento histórico mencionado está directamente relacionado con el conflicto principal.

La identidad se convierte en un aspecto importante, pero no trabaja como típicamente lo hace en los thrillers tradicionales; no se pregunta quién lo hizo, eso es algo que ya conocemos. Nuestro protagonista llega al punto de cuestionarse quién es él y su incierto destino.

Sin lugar a dudas, el azar es el tema central del libro. Todo y todos giran a su alrededor. Las coincidencias con las que se encuentran los personajes son puntos clave que modifican el transcurso de la narrativa y aguardan desagradables sorpresas a éstos. El azar y el conjunto de eventos atípicos crean situaciones de inquietud que enganchan al lector.



 Ciudad de Cristal

«Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en la mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él.»

Las primeras líneas de Ciudad de Cristal, una rápida introducción a lo que será el conflicto. Un escritor de literatura policíaca (que publica bajo el seudónimo de William Wilson), Daniel Quinn, recibe una llamada telefónica que solicita los servicios de un detective llamado Paul Auster. Quinn finge ser Auster y se adentra en un juego de apariencias donde él toma el papel de detective y se convierte en víctima de un final implacable.
Como se puede observar, el autor tiene un cameo literario, y a pesar de convertirse en un personaje de la novela, no roba protagonismo, y aparece como un personaje secundario, donde poco a poco pierde relevancia.

Quizás la mejor novela de esta trilogía. La más larga y elaborada, donde Nueva York es glorificada y explorada.

Fantasmas


Experimentalismo literario. Los personajes y lugares carecen de nombre, se les asignan colores. Azul tiene la misión de vigilar a Negro, debido a un encargo de Blanco. La acción sigue a la calle Naranja, donde Azul observa a Negro día y noche. Llegamos a un punto en el cual no sabemos quién vigila a quién, y por qué Blanco ha sido tan misterioso. La pieza más corta de la trilogía, pero no le exige nada a las otras dos.

La Habitación Cerrada


Culminante conclusión donde las tramas anteriores se conectan. Un personaje sin nombre recibe una carta de la esposa de su mejor amigo de la infancia, ésta le menciona que su marido ha desaparecido. El protagonista se enfrenta a sus memorias y a la nostalgia para averiguar por qué ha decidido desaparecer Fanshawe, su único amigo. La historia más intrigante y emocionante de este conjunto de novelas. Los cabos son atados y obtenemos un cierre espectacular.

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Auster se consolida como un excelente autor y obtiene el prestigio internacional. Reinventa la literatura contemporánea y el género del suspenso. Digerible y con un vocabulario sencillo. Ideal para comenzar con el escritor del azar.



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miércoles, 25 de mayo de 2016

Unknown Pleasures - Joy Division

El álbum debut de Joy Division publicado en junio de 1979 es el antecedente de lo que hoy en día conocemos como rock alternativo.  

Una de las composiciones más complejas de la década de los 70’s, que se ha categorizado como un disco de culto, ha impactado a la audiencia y a una multitud de músicos (como Nirvana, Pixies, U2, etc.) gracias a la potente lírica del vocalista Ian Curtis.


Es imposible comprender esta pieza musical si no conocemos su trasfondo. Curtis, el principal compositor del grupo mancuniano, fue un ferviente admirador de Bowie, The Velvet Underground e Iggy Pop en el campo de la música, pero fuera de éste, sus mayores influencias fueron Kafka, William Burroughs, Hesse y Sartre. Epiléptico y depresivo, Ian relataba sucesos autobiográficos y atormentadores dentro de las canciones presentes en este trabajo. She´s Lost Control es el ejemplo más claro: relata cómo presenció a una chica epiléptica sufrir un ataque frente a él.

Disorder es la “presentación” de la agrupación frente al mundo. Comienza con la batería de Morris, continúa con el bajo de Peter Hook, se adhiere la guitarra de Summer y la voz de Curtis penetra en un auge instrumental.

She's Lost Control


A pesar de ser calificado como un álbum post-punk, su sonido marcó a una generación y se conformó como un pilar del alternative. El instrumente predominante es el bajo, que comúnmente da pie a los tracks y marca el ritmo de éstos. La guitarra y la batería no se quedan detrás, sin embargo, no sobresalen como se acostumbra en el rock. La voz grave de Curtis les da una tonalidad distinta a las melodía agregándoles melancolía, y en algunos casos, indiferencia.

Industrialización, sufrimiento y la deshumanización de Inglaterra fueron tópico a tocar en este disco. Oscuro e intrigante, se convirtió en un himno de la juventud en aquellos entonces. La demanda fue grande, aunque lamentablemente ha disminuido y se ha convertido en una pieza escuchada (y apreciada) sólo por melómanos.

Rápidamente el público conoció a Joy Division, gracias a su innovador y particular estilo; separándose de lo anteriormente establecido y sin ninguna influencia directa (especificamente en su sonido) fueron alabados por la crítica y marcaron una “era” musical, a pesar de su poca duración. Un año después de la publicación de este álbum, Ian Curtis se suicidó. Las causas son aún desconocidas, sin embargo se asume que sus problemas personales, su adicción a los fármacos, y su salud cada vez más agraviada debido a la gran cantidad de conciertos fueron causa de esta tragedia.


Existe una probabilidad muy grande de que a primera instancia el disco no sea de tu agrado. Es común. No es un trabajo digerible, debes dedicar un tiempo para sumergirte en las letras y su ritmo. Una vez que conoces el trasfondo y lo escuchas (e inclusive analizas) por segunda vez, te fascinará. Recomendado para adentrarte en un universo nuevo, para saber qué es música: para comprender la música de hoy, debemos conocer las composiciones de ayer.



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viernes, 20 de mayo de 2016

Breve introducción a Freud

Sigmund Freud y su teoría del subconsciente son totalmente imprescindibles si se pretende entender al ser humano.

Nació en 1856 y estudió medicina en la universidad de Viena, ciudad en la que vivió gran parte de su vida. Se especializó en el campo de la neurología hacia finales del siglo XIX, y a inicios del siglo XX elaboró su trascendental psicoanálisis.

Por psicoanálisis entendemos una descripción de la mente humana en sí, un método de tratamiento para enfermedades nerviosas y psíquicas.


Se puede decir que fue Freud quien descubrió el mundo de los instintos del hombre. Él pensaba que siempre existe un conflicto entre los instintos y necesidades del hombre y las demandas del mundo que lo rodea.

Con el mundo de los instintos nos referimos a que no es siempre la razón quien dirige nuestros actos. Son comúnmente impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos y soñamos. Eso no fue un descubrimiento, el mérito de Freud es que demostró que estas necesidades básicas pueden “disfrazarse” u ocultarse, de manera en la que pueden dirigir nuestros actos sin que nos percatemos de ello.

El super-yo

Desde pequeños nos encontramos con las demandas morales del mundo. Cuando hacemos algo malo, nos dicen “qué te pasa, qué malo eres”. Las demandas morales penetran hasta dentro convirtiéndonos en una parte de nosotros mismos, por consecuente, cuando somos mayores seguimos cargando con éstas. Esto es lo que Freud llamó el super-yo.

En lo denominado como super-yo también entra la conciencia, sin embargo, Freud opinaba que éste nos informa cuando tenemos pensamientos y deseos “impuros” o “sucios”. Asimismo, comentó que estos deseos comienzan en la fase temprana de la infancia, estas pequeñas indicaciones sexuales son reprochadas por los padres y esto no hace nada más que generar un sentimiento de culpabilidad relacionado con la sexualidad en general.

El subconsciente

Freud estableció que la consciencia del hombre sólo constituye la pequeña punta del iceberg que es la mente humana. Debajo de la superficie, podemos encontrar al subconsciente.

El subconsciente abarca todas las cosas que hemos reprimido. Es decir, cosas que hemos tratado olvidar ya que nos parecen desagradables, repulsivas, o inclusive, terroríficas. Cuando realizamos esta acción, enviamos nuestros pensamientos hacia el subconsciente.  Este es un mecanismo que funciona en todas las personas, aunque no en todas posee la misma funcionalidad. Reprimir puede causar serias enfermedades nerviosas en un individuo.

Para realizar una analogía sobre lo que es reprimir, utilizaré un ejemplo que el mismo Freud creó para explicar su tesis cuando estuvo dando conferencias en América en 1909:

“Supongamos que en esta sala se encuentra un individuo que se comporta de modo grosero y desvía la atención de esta conferencia, riéndose burlonamente, hablando y haciendo ruidos. Digo que la plática no puede platicar en tales condiciones y unos hombres se levantan y echan al intruso tras un breve forcejeo. Él ha sido reprimido,  yo puedo seguir con mi conferencia. Si han captado, el interior de la sala comprende el consciente y el exterior el subconsciente. Pero ese intruso quiere volver  a entrar y ése es el caso de los pensamientos e impulsos reprimidos. Posteriormente, existe una posibilidad de que lo logre.”

Vivimos con una constante presión de pensamientos reprimidos que luchan por salir a la luz, ya que éstos siempre intentan volver a emerger a la consciencia por su propia iniciativa. De este modo, las reacciones subconscientes pueden dirigir nuestros pensamientos y actos.

Manifestaciones del subconsciente

Existen varias formas por las cuales el subconsciente se manifiesta. La primera de ellas, y la más fácil de explicar es la proyección.

Proyección quiere decir que transferimos a otras personas aspectos negativos que intentamos reprimir en nosotros mismos. Por ejemplo, una persona engreída o idiota no tarda mucho en caracterizar a otros como engreídos, o según sea el caso, idiotas.

Otra manifestación más fácil de explicar: cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que estaba almacenado en el subconsciente y ha emergido de la profundidad de nuestra mente.

La última forma de manifestación de la que escribo hoy, y la más “complicada” de explicar, son los sueños. En su obra más importante, titulada La interpretación de los sueños (1900) dicta que nunca es casual lo que soñamos. Nuestros pensamientos subconscientes intentan comunicarse con la consciencia a través de los sueños.

Después de recopilar experiencias de pacientes durante varios años, Freud llegó a la conclusión de que los sueños cumplen deseos. Esto puede observarse sencillamente en los niños, ya que sueñan con helados y juguetes. Pero en el caso del adulto esto es complejo, ya que mientras uno va madurando, comienza a dar rodeos en sus sueños y los deseos se presentan disfrazados. Esto es debido a que también cuando soñamos nuestra mente rige en un estado de censura que decide lo permitido. Este estado de vigila es lo suficientemente fuerte para que en el sueño reprimamos fantasías que no estamos dispuestos a reconocer.  Por lo tanto, se recurre a la interpretación de los sueños.
Tenemos que analizar todos los elementos del sueño con tal de descubrir su verdadero significado. Los elementos de éste pueden variar, ya que pueden contener experiencias de días anteriores, o anécdotas de nuestra infancia. En el caso de una persona enferma (neurológicamente, claro) los debe analizar junto a su terapeuta. Pero ojo, el médico no puede interpretar el sueño sin la ayuda del paciente.

 
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar
Salvador Dalí

Los surrealistas basaron su obra en el psicoanálisis de Freud. Grandes pintores como Dalí retrataban sus propios sueños y los interpretaban. Podríamos concluir que el artista surrealista es un médium o intermediario entre su propio subconsciente


Freud no reclamó haber descubierto fenómenos como la racionalización, represión o las reacciones erróneas. Simplemente fue la primera persona en incorporar estos términos a la psiquiatría.



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miércoles, 18 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: House of Cards

La primera serie original de Netflix: un drama político cuya primera emisión data de febrero del 2013. La historia sigue al congresista Frank Underwood, interpretado por el dos veces ganador del Premio Oscar, Kevin Spacey; y su lucha por el poder junto a su esposa Claire (Robin Wright). Nada los detendrá hasta que cumplan sus objetivos, a pesar de que en el camino sus acciones no sean éticas ni limpias; como bien cuestionó Napoleón: ¿Qué importa el camino con tal de que se llegue?

Una trama cada vez más emocionante y compleja, que se adentra en la corrupción y avaricia presente en la política. La realidad parece basada en esta ficción (la vida imita al arte): el impeachment de Dilma Rouseff y el huracán –que al final no provocó ningún daño capital– Patricia, son más que coincidencias acerca de la acertada visión política de la serie estadounidense basada en la novela homónima del escritor y también productor de la misma, Michael Dobbs.



Maquiavélico es el término más acertado para definir a un personaje tan complejo como Francis J. Underwood, a pesar de que los adjetivos siniestro, perseverante, ambicioso, despiadado e influyente no le quedan nada mal. Lo mejor de cada capítulo ocurre cuando rompe la cuarta pared y se dirige al público con brillantes soliloquios shakespearianos repletos de metáforas y analogías sobre el poder y la vida misma. Frases emblemáticas junto a la excelente actuación de Spacey nos hacen sentir simpatía por un gobernante autoritarito y perverso, incluso podemos llegar a ser empáticos en ciertos momentos de la serie. Con motivaciones y objetivos bien justificados, no llegamos a desear nada más que su triunfo. Intimidante e inteligente, aparta (de múltiples maneras) a quien se interponga en su camino. Uno de los personajes más emblemáticos y elaborados en la historia de las series, nos hace olvidar los papeles anteriores de este gran actor como Lester en American Beauty (1999), o John Doe de Seven (1997) y únicamente podemos visualizarlo como Frank.

Claire Underwood, un personaje igual de complejo: una mujer que no se satisface con facilidad. Al igual que su esposa, siempre busca llegar más alto, estar en la parte superior de la cadena alimenticia. Como directora de la fundación CWI (Clean Water Iniciative) podemos observar que puede mandar, y que hará lo necesario para triunfar. A pesar de tener motivaciones y un origen distinto al de Frank, forman una mancuerda realmente poderosa.

El drama es planteado rápidamente desde el primer capítulo, después de que el candidato demócrata Garrett Walker gana las elecciones presidenciales gracias a nuestro protagonista, y no le devuelve el favor, al momento de no cumplir su promesa de convertirlo en Secretario de Estado y decide mantenerlo en el congreso. Underwood, enervado, hará lo que sea para destruir a su propio presidente.


Primera escena de la serie

Douglas Stamper es el jefe de personal y mano derecha de Francis. Un individuo que constantemente lucha contra sus demonios y a duras penas sale victorioso. El autor del trabajo sucio.

House of Cards posee un paralelismo impresionante con la política contemporánea. Aunque aparente hacerlo, no nos muestra el lado oscuro de ésta, sino su lado realista. Se tocan conflictos recientes como el terrorismo, el ciberterrorismo, la situación actual de Palestina y problemas algo longevos como la interminable tensión entre Rusia y Estados Unidos, la corrupción y los excesos e hipocresía de los políticos.  No se pretende criticar ni satirizar a los gobiernos actuales, sino representarlos (y lo hacen a la perfección). Quizás deberían advertir que cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia (aunque lamentablemente no sea así). Después de ver las cuatro temporadas, entendemos por qué la democracia está sobrevalorada.

Cada temporada conocemos más a nuestros personajes principales y observamos a un Frank cada vez más terrorífico, menos humano y más ambicioso. Un político más realista. Alguien al que le gusta hacer favores que indirectamente lo benefician a él. Alguien que evitará a toda costa que su yo verdadero salga a la luz.

Aclamada mundialmente por la crítica y por la audiencia, ha logrado obtener fanáticos a la altura de Barack Obama, Wang Qishan (uno de los líderes del partido comunista chino), Manuel Valls (primer ministro de Francia) y Joaquín López Dóriga.

Un final espectacular que nos deja en suspenso y nos mantiene a la espera de la quinta temporada, a pesar de que el showrunner de la serie, Beau Willimon, ya no trabajará en el proyecto.

Es redundante recomendarla, pero advierto que no es una serie para cualquier tipo de público. No es necesario que sepas sobre política para disfrutarla, aunque la trama hasta cierto punto puede parecerle pesada a un espectador neófito.



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viernes, 13 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: El Cuerpo (2012)

Dirigida por Oriol Paulo y estrenada en el 2012, El Cuerpo es una película que cumple con todos los requisitos para ser considerada un thriller. Con un toque Hitchcockiano la trama transcurre durante una efímera noche, presentándonos la investigación de unos inspectores de policía sobre la extraña e inexplicable desaparición del cuerpo de una mujer de la morgue.

La historia nunca cuenta con puntos flojos, las explicaciones y sucesos anteriores a la trama son narradas a la perfección sin caer en detalles insignificantes. Un guion bien elaborado que te hará desear más información acerca de cómo sucedieron los misteriosos eventos presentados en el filme. 

Si algo se debe resaltar, es la calidad narrativa: con maestría todo el conflicto es planteado y resuelto sin dejar ningún cabo suelto ni ninguna incongruencia en la trama.

No se apela al clásico (y sobreexplotado) whodunit. Al comienzo, nos es revelado quién hizo qué y por qué lo hizo; sin embargo, esto no elimina el suspenso, al contrario, lo incrementa a un punto de no tener idea de qué está ocurriendo.

Cinematografía a cargo de Óscar Faura

Una gran dirección a cargo de Paulo que ayuda a enfatizar los sucesos aparentemente independientes de la trama principal y la oscuridad del largometraje español.

Actuaciones buenas a secas. A pesar de no ser memorables cumplen con su cometido de mantener al espectador al filo del asiento e intrigándolo sobre cada terrorífico detalle. La mejor interpretación sin lugar a dudas fue la de José Coronado como el oficial Jaime Peña.

Suspense en su máximo esplendor. Para evitar caer en spoilers o revelar información importante acerca de la trama, utilizaré la definición de suspenso otorgada por Alfred Hitchcock en una conversación con François Truffaut


« […] En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense…. 
Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un whodunit, no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El whodunit suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense….
La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.
Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.”
En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. »

Una definición correspondiente a grandes thrillers, y esta película, a pesar de no entrar en esta categoría, cabe dentro de esa definición.

Lo mejor ocurre en el final: toda la película es resumida en la última escena, en aproximadamente ocho minutos todas nuestra hipótesis son tiradas a la basura y finalmente comprendemos de qué va en realidad la película.

Una película bien lograda, ideal para pasar el rato un poco agobiados. A pesar de entrar en la categoría de películas palomeras, posee escasos defectos cinematográficos (para mí, lo peor es su horrible póster), y cuenta con detalles gratificantes.

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miércoles, 11 de mayo de 2016

El Mito de Sísifo

El Mito de Sísifo es un ensayo filosófico escrito por el argelino, de nacionalidad francesa, Albert Camus y publicado en 1942. Considerado como el magnum opus de Camus, trata dos temas en específico: el suicidio, y el absurdo. La filosofía del absurdo es planteada por el autor interrogándonos acerca el valor de la vida, aunque no se enfoca en el nacimiento de éste, sino en sus consecuencias sobre el ser. En menos de doscientas páginas, este tópico es abordado magistralmente; Analiza y ejemplifica el absurdo tanto en situaciones cotidianas, como en novelas y  trabajos de autores clásicos como Shakespeare, Dostoievski y Kafka.

Al comprender el límite racional (y empírico) del ser humano descubrimos el absurdo, como bien lo dice Camus: “[…] esta evidencia es lo absurdo. Es el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena”. Pero éste no nace únicamente ante la insignificancia del hombre frente al universo; el absurdo no obra bajo las leyes de la naturaleza y por consecuente, posee distintos métodos por los cuales se manifiesta, por lo tanto, no hay nada que le impida atrapar al hombre.

¿El absurdo nace en el interior de ser, o en el contacto de éste con el exterior? En ambos, ya que otra representación del absurdo es la confrontación de ideas dentro de uno mismo. Los sentimientos encontrados, la duda. El hombre, sin intermitencias, se halla ante lo irracional: siente el deseo de ser dichoso y obtener conocimiento, aunque comúnmente el segundo se interpone, y a su vez elimina, las posibilidades de conseguir el primero. Conocer la verdad no consiste en confirmar lo agradable que es vivir y las expectativas vinculadas a ésta.


Albert Camus
Nobel de Literatura en 1957

Lo anteriormente mencionado, sirve a modo de introducción al cuestionamiento clave del ensayo y de la filosofía en sí: juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. La alternativa más sencilla (y lógica) para enfrentar esta interrogante sería el suicidio, ya que lo llamado una razón para vivir es a la vez una excelente razón para morir. Pero esto no hace nada más que crear una paradoja, parafraseo a Cioran: si la vida no tiene sentido alguno, mucho menos la muerte. Si alguna frase puede sintetizar la filosofía del pesimista rumano, es esta; ahora citaré al autor de la obra: “El suicidio no es un escape del absurdo, sólo es una confirmación de éste, no es más que rendirse y negarse a buscar una salida”. No existe una respuesta correcta para esta cuestión, por lo tanto depende totalmente de la perspectiva e interpretación de cada lector. Camus nos ofrece otro escape: rebelarse, que el simple acto de vivir se convierta en una manifestación contra el absurdo.

¿Cómo nos rebelaremos? Tal cual como hipotéticamente lo hace Sísifo, explicado en la última parte de este trabajo. Sísifo ha sido castigado por los dioses, ha perdido la vista y ha sido condenado a rodar una gran roca desde la parte baja de una colina hasta la cima, lo cual es un esfuerzo muy grande y penoso. Cuando por fin cumplía con su misión, la piedra capia por su propio peso y rodaba hasta la base de la colina, Sísifo tenía que rehacer su trabajo una y otra vez, por el resto de la eternidad.  No hay trabajo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Las condiciones bajo las cuales trabaja Sísifo representan el absurdo, la carga de nuestra existencia. El filósofo argelino hace énfasis en los instantes posteriores al descenso de Sísifo, cuando por fin ha llegado a la cima, ya que el simple hecho de llegar a ella es suficiente para llenar el corazón de un hombre, debemos imaginar a Sísifo feliz. Pero no sólo debemos imaginarlo dichoso, debemos adoptar su postura ante las circunstancias. Si el mito es trágico, es porque su protagonista tiene conciencia, reconoce que su trabajo carece de significado, El obrero actual trabaja todos los días de su vida bajo las mismas condiciones metafísicas; cualquier labor, logro o suceso mundano será polvo, en el futuro nuestras acciones y experiencias pasadas serán indiferentes y seremos víctimas de lo efímero. Esta no es una conclusión nada optimista, ya que elimina las ilusiones de la trascendencia personal. Sin embargo, para sentirnos dichosos no debemos adoptar ese enfoque hacia el futuro, sino disfrutar de las pequeñas irrelevancias del presente: ser felices por haber llegado a la cima, a pesar de tener que realizar ese arduo recorrido de nuevo. Disfrutar de esos escasos minutos de nuestra vida en los que encontramos la paz y felicidad en nuestro interior.

The Myth Of Sisyphus by Nicci Bedson

Pero esta no es una solución real a la paradoja anteriormente presentada, ahora la interrogante es: ¿Sísifo es realmente feliz? El problema renace, si se es consciente de que la vida no es más que una carga para el hombre, éste considera el suicidio, e inevitablemente volvemos al punto anterior. Normalmente quienes lo cometen están seguros del valor de la vida, aunque sus motivaciones para haber realizado ese acto no están relacionados con ninguna manifestación filosófica; por lo tanto, son víctimas de una muerte sin sentido, de una muerte absurda. En conclusión (un tanto pesimista) para ser felices debemos renunciar a la intelectualidad y a la razón. Se presenta otro inconveniente: no puede existir una sociedad ausente de la razón. Volveríamos a las cavernas y las relaciones humanas se verían alteradas. Seríamos salvajes. Aunque únicamente aparenten ser conjeturas, es inevitable vivir felices en el término literal de la palabra poseyendo un mínimo porcentaje de razón, por más bajo que éste sea. Milan Kundera escribió en la Insoportable Levedad del Ser que las preguntas verdaderamente serias son las que pueden ser formuladas hasta por los niños. Esas preguntas son las que nos agobian y nos hacen infelices. Asimismo, mencionó que el que comienza dudando de nimiedades, termina dudando de la vida misma. No hace falta ser un genio o un sabio para saber que la vida no vale la pena ser vivida, tampoco lo hace falta para saber que aun así debe ser vivida para afrontar esta realidad.

Con este ensayo, Camus se confirma como una de las grandes mentes del siglo XX, a pesar de no autodenominarse fundador, ni mucho menos pionero de la filosofía del absurdo; inclusive declara que su postulado es una recopilación de las ideas de otros pensadores. Sin lugar a dudas, el libro ideal para cuestionar tu existencia. Obligatorio para cualquier interesado en la filosofía.



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viernes, 6 de mayo de 2016

The Bends - Radiohead

Gracias al hype generado por los nuevos sencillos Burn the Witch y Daydreaming, junto a la ansiosa espera del nuevo disco de Radiohead, he decidido reseñar el día de hoy uno de sus trabajos más enigmáticos, un pilar del rock alternativo: The Bends.

El segundo álbum de estudio de Radiohead, publicado en 1995, nos presenta una de las composiciones más complejas y variadas de la agrupación británica. No se concentra en ningún tema en específico: se habla de la soledad, de la sociedad de consumo,  y de la muerte; y todos estos tópicos son interpretados con la gran voz de Yorke y la guitarra de Jonny Greenwood.



Un disco que logra que el one-hit wonder, Creep curiosamente odiado por sus propios compositores, de su álbum anterior quedara en el olvido. Aunque irónicamente, ahora la víctima del auto-veto de Radiohead fue High & Dry, una de las pistas más suaves y sencillas del este trabajo.

Las habilidades de los músicos son probadas en canciones como en Just y The Bends, donde apreciamos la gran guitarra de Jonny Greenwood; en Bones apreciamos la gran facilidad con la que Thom Yorke puede realizar el falsete; y prácticamente en todas las canciones podemos observar el buen trabajo de Phil Selway en la batería, sin dejar a un lado al bajista Colin Greenwood. Un álbum donde todos y todo destaca, desde su extravagante portada, pasando por los instrumentalistas y terminando por sus canciones: todas con  su profundidad intelectual.

Uno de los tracks más destacado es Fake Plastic Trees, una metáfora clara de la metamorfosis del hombre moderno en algo no más original que una botella de plástico; la superficialidad de las relaciones humanas; lo que es vivir en una sociedad plástica, carente de significado y víctima del consumismo. Una deprimente melodía que sólo requiere unos cuantos acordes para hacer reflexionar al melómano.




Bones, breve y curiosamente con algunas líneas inspiradoras, cuenta con un gran riff de una nota muy punzante y un estribillo de gran calidad, aunque abusa de guitarras distorsionadas, sigue siendo un buen tema que nos muestra la habilidad vocal de Yorke.

Street Spirit (Fade Out) es prácticamente un poema trágico, una canción pura y desesperanzadora. Quizás la canción más deprimente de Radiohead: un túnel oscuro sin luz al final que representa toda emoción trágica. Una melodía tan nociva que sólo el sonido puede definirla. Una visión pesimista sobre el inminente futuro de cada miembro de la humanidad. “All these things will one day swallow whole” representa a la totalidad emocional sumergiéndose. Esta canción, con un mensaje filosófico más alto de lo percibido puede ser representado con una cita de Nietszche: “Si miras directamente el abismo, el abismo también mirará directamente hacia ti”. El mismo Yorke reconoce que es una canción que él no escribió, que junto a los demás integrantes de la banda, es únicamente un mensajero, un catalizador biológico.




Sin lugar a dudas, The Bends es uno de los mejores discos de los 90’s, inclusive mejor que Nevermind. Define lo que es el rock alternativo, y antecede a trabajos más experimentales del conjunto inglés. Aclamado por la crítica y la audiencia, Radiohead se da a conocer.



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miércoles, 4 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: Inglourious Basterds

La sexta película escrita y dirigida por Quentin Tarantino, Inglourious Basterds (sí, con un error ortográfico en el título), es una ficción sobre la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial. El largometraje comienza presentándonos al coronel (para ser más exactos el Standartenführer) Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz, un nazi que tiene la ocupación de perseguir judíos en Francia bajo la ocupación alemana. Landa visita una granja lechera para realizar su trabajo, entrevistando a un tal LaPadite, y cuestionándolo sobre el paradero de sus vecinos judíos. El suspenso comienza, el interrogatorio se torna cada vez más agobiante para el granjero, y así es como Tarantino logra envolvernos en la trama de su filme en tan solo veinte minutos.

Años después, observamos a un nuevo personaje, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), reclutando a un grupo de soldados para cumplir un objetivo: matar nazis.


Un elaborado guion logra que dos historias, aparentemente independientes, se reúnan en un punto de la trama, y en un lugar en específico: un cine. A pesar de que la historia tenga  ciertas discrepancias históricas en las fechas de sucesos ocurridos realmente, esto se vuelve irrelevante en el desarrollo de la trama. La película abarca distintos géneros, inicia con suspense a lo Hitchcock; se transforma en una historia de venganza, se convierte en una película violenta; e inclusive es agregado un poco de humor negro, éste último no le resta seriedad al filme. Aproximadamente sólo el treinta por ciento de la historia está en inglés, a pesar de ser su idioma original, lo restante es hablado y narrado en francés, alemán e italiano.

El sello de Tarantino está presente: muchísima sangre, pero en este caso, totalmente justificada para representar la crueldad de la guerra; un soundtrack perfecto para cada escena y situación en la trama, no existen tiempos muertos, y la técnica narrativa es perfecta. Cada personaje es presentado de una forma ideal para conocer sus motivaciones, sus objetivos, y su personalidad. Quentin lo hace de nuevo, e incluye innumerables homenajes a otras películas, géneros y directores, en especial, al Spaghetti Western; todo esto, irónicamente, hace más original y compleja a la película. Posee todos los requisitos para ser considerada una obra maestra del séptimo arte, y quizás, un futuro clásico.

Lo mejor reside en las actuaciones, para ser más específico en la interpretación de Waltz, que nos regala una muestra de su poliglotismo al hablar durante varias escenas francés, alemán, inglés e italiano; todos ellos fluidamente y con un buen acento que nos hace creer que Waltz es en realidad un nazi. Landa se convierte en un sofisticado personaje que automáticamente (?) odiarás, y creerás que es una persona real, un alemán de carne y hueso, y olvidarás que es un actor austriaco representando un guion. Esta actuación lo hizo digno acreedor del Oscar, el Globo de Oro, la Palma de Oro, el BAFTA, y el SAG a mejor actor de reparto.



Un sneak  peak de la entrevista


En mi opinión –lo más probable es que la mayoría de los lectores discrepen de ella– es la mejor película de Tarantino, inclusive mejor que Pulp Fiction, posee una trama más original, mejores interpretaciones, y una calidad narrativa superior. Una película perfecta en todos los aspectos y ampliamente recomendable, una joya del siglo XXI.

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