Hace dos
años, el deceso de David Bowie fue objeto de conmoción mediática ya que el
haber lanzado el que resultaría ser su último álbum de estudio, Blackstar, dos días antes de este suceso y no haber hecho público su
diagnóstico de cáncer de hígado, tomó por sorpresa a millones de personas
alrededor del mundo. Tras este suceso, la lírica y la imaginería de Blackstar, inicialmente ininteligibles, cobraron
un sentido literario que presenta reminiscencias de la vida privada y la
carrera artística del propio Bowie. En una obra de tal magnitud y avidez, cada
detalle tiene un significado concreto.
Para la
realización de su último proyecto, Bowie colaboró exclusivamente con músicos de
jazz pertenecientes a la vanguardia neoyorquina, y produjo al álbum junto a su
antiguo compañero Tony Visconti.
La canción
homónima que inaugura al álbum es la composición más críptica dentro de la
discografía de David Bowie. Tras breves segundos de una introducción que erige
el tono de la canción, entra una voz robótica junto a la batería. La mítica voz
de Bowie reza:
In the villa of Ormen, in the villa of Ormen
Stands a solitary candle, ah ah, ah ah
In the centre of it all, in the centre of it all
Your eyes
Ormen, en nórdico antiguo significa
serpiente. Este ofidio es un símbolo presente en gran parte de las
civilizaciones de la antigüedad, debido a esto, la escritora rusa Helena Blavatsky
describe a la serpiente como el punto
donde se comprende toda la filosofía del universo. Desde esta percepción
ocultista, de la cual Bowie era partidario confeso; él, como una vela solitaria
en el centro de todo, es omnipresente al borde de la muerte.
Conforme se desarrolla la canción, un
saxofón intermitente interpretando escalas orientales realiza la transición
entre los versos y los estribillos de la pieza. Después casi cuatro minutos y
la intromisión de un teclado, se presenta un cambio repentino y casi ilógico
dentro de la melodía y parece ser el comienzo de una nueva de canción. Ahora la
voz de Bowie es natural y musita letras casi ajenas a lo relatado con
anterioridad. Blackstar se convierte
en una balada en la cual interviene constantemente la voz robótica originaria
de la primera parte de la canción. Finalmente, la pieza concluye con el suave
sonido de una improvisación de flauta.
‘Tis
a Pity She Was a Whore comienza con exhalaciones de Bowie a las que se une una
batería exaltada y varios solos de saxofón que hasta cierto punto rememoran al free jazz de Ornette Coleman. La lírica utiliza
el pronombre she para hacer
referencia al tiempo, lo cuál se justifica dentro del contexto del álbum, que
fue concebido cuando él ya estaba consciente de la proximidad de su muerte.
Lazarus,
El tercer track de Blackstar, es una
de las piezas más icónicas dentro la carrera de David Bowie. El verso inicial
de la canción, antecedido por una línea de bajo, por primera vez dentro del
álbum hace referencia explícita a su enfermedad y a su propia muerte:
Look up here, I'm in heaven
I've got scars that can't be seen
I've got drama, can't be stolen
Everybody knows me now
De la misma manera, Bowie hace hincapié en
esa concepción de omnipresencia de la cual también habla en la primera estrofa
de Blackstar.
La voz de Bowie, en conjunto con la
instrumentación, compone un epitafio que reflexiona acerca de su legado como
artista y la liberación que conlleva el morir. Sin embargo, para complementar
este mensaje es imperativo observar su video musical:
Sue
(Or in a Season of Crime) presenta una temática diferente: su lírica está
basada casi íntegramente en la obra teatral de John Ford. En este caso, el
narrador se encuentra en el desasosiego tras haber sido engañado por su esposa.
La melodía, agresiva e irreverente, encaja con la ira y la pena del narrador.
Girl
Loves Me es una pieza líricamente experimental, puesto que combina el
Nadsat, el lenguaje ficticio de La
Naranja Mecánica, con al Polari, un dialecto utilizado en los bares de
Londres en los setentas. Una resonante línea de bajo junto a diversos
sintetizadores y teclados crea una atmósfera oscura que acompaña al relato de
las adicciones y el libertinaje de Bowie en su juventud.
Dollar
Days y I Can’t Give Everything Away
son confesiones explícitas sobre los sentimientos encontrados al afrontar su
propia muerte: a pesar de que ahora será libre, la sensación de no haber
manejado una vida con plenitud incursiona en el arrepentimiento del autor.
Blackstar
es una obra que respeta la integridad
artística de su autor. Pero a su vez, es la confesión de un ser humano que mira
fijamente al abismo y afronta su destino.







