viernes, 13 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: El Cuerpo (2012)

Dirigida por Oriol Paulo y estrenada en el 2012, El Cuerpo es una película que cumple con todos los requisitos para ser considerada un thriller. Con un toque Hitchcockiano la trama transcurre durante una efímera noche, presentándonos la investigación de unos inspectores de policía sobre la extraña e inexplicable desaparición del cuerpo de una mujer de la morgue.

La historia nunca cuenta con puntos flojos, las explicaciones y sucesos anteriores a la trama son narradas a la perfección sin caer en detalles insignificantes. Un guion bien elaborado que te hará desear más información acerca de cómo sucedieron los misteriosos eventos presentados en el filme. 

Si algo se debe resaltar, es la calidad narrativa: con maestría todo el conflicto es planteado y resuelto sin dejar ningún cabo suelto ni ninguna incongruencia en la trama.

No se apela al clásico (y sobreexplotado) whodunit. Al comienzo, nos es revelado quién hizo qué y por qué lo hizo; sin embargo, esto no elimina el suspenso, al contrario, lo incrementa a un punto de no tener idea de qué está ocurriendo.

Cinematografía a cargo de Óscar Faura

Una gran dirección a cargo de Paulo que ayuda a enfatizar los sucesos aparentemente independientes de la trama principal y la oscuridad del largometraje español.

Actuaciones buenas a secas. A pesar de no ser memorables cumplen con su cometido de mantener al espectador al filo del asiento e intrigándolo sobre cada terrorífico detalle. La mejor interpretación sin lugar a dudas fue la de José Coronado como el oficial Jaime Peña.

Suspense en su máximo esplendor. Para evitar caer en spoilers o revelar información importante acerca de la trama, utilizaré la definición de suspenso otorgada por Alfred Hitchcock en una conversación con François Truffaut


« […] En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense…. 
Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un whodunit, no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El whodunit suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense….
La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.
Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.”
En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. »

Una definición correspondiente a grandes thrillers, y esta película, a pesar de no entrar en esta categoría, cabe dentro de esa definición.

Lo mejor ocurre en el final: toda la película es resumida en la última escena, en aproximadamente ocho minutos todas nuestra hipótesis son tiradas a la basura y finalmente comprendemos de qué va en realidad la película.

Una película bien lograda, ideal para pasar el rato un poco agobiados. A pesar de entrar en la categoría de películas palomeras, posee escasos defectos cinematográficos (para mí, lo peor es su horrible póster), y cuenta con detalles gratificantes.

***

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