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viernes, 27 de mayo de 2016

La trilogía de Nueva York - Paul Auster

La trilogía de Nueva York,  conformada por Ciudad de Cristal, Fantasmas y La Habitación Cerrada; es una serie de breves novelas detectivescas con tintes metafísicos y toques surrealistas. Publicadas entre 1986 y 1987, Paul Auster dio un giro a lo conocido como literatura policiaca modificando el esquema ya característico de los libros de misterio, utilizando referencias (y analogías) a clásicos como el Quijote, Walden, y las novelas de Nathaniel Hawthrone, y eliminando cualquier clase de hipótesis acerca de la trama, hasta llegar a un punto de no saber qué está sucediendo en realidad, y qué es producto del delirio de los personajes.

Tres historias aparentemente independientes, donde Nueva York no sólo rige como locación de las mismas, sino como personaje en sí. Un universo urbano desarrollado a la perfección, culpable de que el lector se sumerja en el libro y una vez que haya comenzado la lectura, no pueda parar hasta terminar.



Auster impregna obsesión, melancolía y desesperación en sus personajes, lo cual no hace nada más que agregar nuevas interrogantes y mayor tensión a la trama.

La cumbre literaria de este autor varias veces nominado al Nobel de Literatura. A pesar de no contar con subtramas, y manejar pocos personajes, la lectura no pierde peso. Estas ausencias son prácticamente imperceptibles, ya que el neoyorquino tapa estos “huecos” adentrándose en la psique humana y experimentando recursos narrativos bastante innovadores.
Para disfrutar al máximo esta lectura, debes tener un nivel cultural aceptable, para así, comprender todas las referencias a trabajos y escritores clásicos. Entenderás que en La trilogía de Nueva York las coincidencias no existen. Todo libro o evento histórico mencionado está directamente relacionado con el conflicto principal.

La identidad se convierte en un aspecto importante, pero no trabaja como típicamente lo hace en los thrillers tradicionales; no se pregunta quién lo hizo, eso es algo que ya conocemos. Nuestro protagonista llega al punto de cuestionarse quién es él y su incierto destino.

Sin lugar a dudas, el azar es el tema central del libro. Todo y todos giran a su alrededor. Las coincidencias con las que se encuentran los personajes son puntos clave que modifican el transcurso de la narrativa y aguardan desagradables sorpresas a éstos. El azar y el conjunto de eventos atípicos crean situaciones de inquietud que enganchan al lector.



 Ciudad de Cristal

«Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en la mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él.»

Las primeras líneas de Ciudad de Cristal, una rápida introducción a lo que será el conflicto. Un escritor de literatura policíaca (que publica bajo el seudónimo de William Wilson), Daniel Quinn, recibe una llamada telefónica que solicita los servicios de un detective llamado Paul Auster. Quinn finge ser Auster y se adentra en un juego de apariencias donde él toma el papel de detective y se convierte en víctima de un final implacable.
Como se puede observar, el autor tiene un cameo literario, y a pesar de convertirse en un personaje de la novela, no roba protagonismo, y aparece como un personaje secundario, donde poco a poco pierde relevancia.

Quizás la mejor novela de esta trilogía. La más larga y elaborada, donde Nueva York es glorificada y explorada.

Fantasmas


Experimentalismo literario. Los personajes y lugares carecen de nombre, se les asignan colores. Azul tiene la misión de vigilar a Negro, debido a un encargo de Blanco. La acción sigue a la calle Naranja, donde Azul observa a Negro día y noche. Llegamos a un punto en el cual no sabemos quién vigila a quién, y por qué Blanco ha sido tan misterioso. La pieza más corta de la trilogía, pero no le exige nada a las otras dos.

La Habitación Cerrada


Culminante conclusión donde las tramas anteriores se conectan. Un personaje sin nombre recibe una carta de la esposa de su mejor amigo de la infancia, ésta le menciona que su marido ha desaparecido. El protagonista se enfrenta a sus memorias y a la nostalgia para averiguar por qué ha decidido desaparecer Fanshawe, su único amigo. La historia más intrigante y emocionante de este conjunto de novelas. Los cabos son atados y obtenemos un cierre espectacular.

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Auster se consolida como un excelente autor y obtiene el prestigio internacional. Reinventa la literatura contemporánea y el género del suspenso. Digerible y con un vocabulario sencillo. Ideal para comenzar con el escritor del azar.



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viernes, 13 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: El Cuerpo (2012)

Dirigida por Oriol Paulo y estrenada en el 2012, El Cuerpo es una película que cumple con todos los requisitos para ser considerada un thriller. Con un toque Hitchcockiano la trama transcurre durante una efímera noche, presentándonos la investigación de unos inspectores de policía sobre la extraña e inexplicable desaparición del cuerpo de una mujer de la morgue.

La historia nunca cuenta con puntos flojos, las explicaciones y sucesos anteriores a la trama son narradas a la perfección sin caer en detalles insignificantes. Un guion bien elaborado que te hará desear más información acerca de cómo sucedieron los misteriosos eventos presentados en el filme. 

Si algo se debe resaltar, es la calidad narrativa: con maestría todo el conflicto es planteado y resuelto sin dejar ningún cabo suelto ni ninguna incongruencia en la trama.

No se apela al clásico (y sobreexplotado) whodunit. Al comienzo, nos es revelado quién hizo qué y por qué lo hizo; sin embargo, esto no elimina el suspenso, al contrario, lo incrementa a un punto de no tener idea de qué está ocurriendo.

Cinematografía a cargo de Óscar Faura

Una gran dirección a cargo de Paulo que ayuda a enfatizar los sucesos aparentemente independientes de la trama principal y la oscuridad del largometraje español.

Actuaciones buenas a secas. A pesar de no ser memorables cumplen con su cometido de mantener al espectador al filo del asiento e intrigándolo sobre cada terrorífico detalle. La mejor interpretación sin lugar a dudas fue la de José Coronado como el oficial Jaime Peña.

Suspense en su máximo esplendor. Para evitar caer en spoilers o revelar información importante acerca de la trama, utilizaré la definición de suspenso otorgada por Alfred Hitchcock en una conversación con François Truffaut


« […] En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense…. 
Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un whodunit, no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El whodunit suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense….
La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.
Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.”
En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. »

Una definición correspondiente a grandes thrillers, y esta película, a pesar de no entrar en esta categoría, cabe dentro de esa definición.

Lo mejor ocurre en el final: toda la película es resumida en la última escena, en aproximadamente ocho minutos todas nuestra hipótesis son tiradas a la basura y finalmente comprendemos de qué va en realidad la película.

Una película bien lograda, ideal para pasar el rato un poco agobiados. A pesar de entrar en la categoría de películas palomeras, posee escasos defectos cinematográficos (para mí, lo peor es su horrible póster), y cuenta con detalles gratificantes.

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