La sexta película escrita y
dirigida por Quentin Tarantino, Inglourious Basterds (sí, con un error
ortográfico en el título), es una ficción sobre la Alemania Nazi y la Segunda
Guerra Mundial. El largometraje comienza presentándonos al coronel (para ser
más exactos el Standartenführer) Hans
Landa, interpretado por Christoph Waltz, un nazi que tiene la ocupación de
perseguir judíos en Francia bajo la ocupación alemana. Landa visita una granja
lechera para realizar su trabajo, entrevistando a un tal LaPadite, y
cuestionándolo sobre el paradero de sus vecinos judíos. El suspenso comienza,
el interrogatorio se torna cada vez más agobiante para el granjero, y así es
como Tarantino logra envolvernos en la trama de su filme en tan solo veinte
minutos.
Años después, observamos a un
nuevo personaje, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), reclutando a un grupo de
soldados para cumplir un objetivo: matar nazis.
Un elaborado guion logra que dos
historias, aparentemente independientes, se reúnan en un punto de la trama, y
en un lugar en específico: un cine. A pesar de que la historia tenga ciertas discrepancias históricas en las fechas
de sucesos ocurridos realmente, esto se vuelve irrelevante en el desarrollo de
la trama. La película abarca distintos géneros, inicia con suspense a lo Hitchcock; se transforma en una historia de venganza,
se convierte en una película violenta; e inclusive es agregado un poco de humor
negro, éste último no le resta seriedad al filme. Aproximadamente sólo el
treinta por ciento de la historia está en inglés, a pesar de ser su idioma
original, lo restante es hablado y narrado en francés, alemán e italiano.
El sello de Tarantino está
presente: muchísima sangre, pero en este caso, totalmente justificada para
representar la crueldad de la guerra; un soundtrack perfecto para cada escena y
situación en la trama, no existen tiempos
muertos, y la técnica narrativa es perfecta. Cada personaje es presentado
de una forma ideal para conocer sus motivaciones, sus objetivos, y su personalidad.
Quentin lo hace de nuevo, e incluye innumerables homenajes a otras películas,
géneros y directores, en especial, al Spaghetti Western; todo esto, irónicamente,
hace más original y compleja a la película. Posee todos los requisitos para ser
considerada una obra maestra del séptimo arte, y quizás, un futuro clásico.
Lo mejor reside en las
actuaciones, para ser más específico en la interpretación de Waltz, que nos regala
una muestra de su poliglotismo al hablar durante varias escenas francés,
alemán, inglés e italiano; todos ellos fluidamente y con un buen acento que nos
hace creer que Waltz es en realidad un nazi. Landa se convierte en un
sofisticado personaje que automáticamente
(?) odiarás, y creerás que es una persona real, un alemán de carne y hueso, y
olvidarás que es un actor austriaco representando un guion. Esta actuación lo
hizo digno acreedor del Oscar, el Globo de Oro, la Palma de Oro, el BAFTA, y el
SAG a mejor actor de reparto.
Un sneak peak de la entrevista
En mi opinión –lo más probable es
que la mayoría de los lectores discrepen de ella– es la mejor película de
Tarantino, inclusive mejor que Pulp Fiction, posee una trama más original,
mejores interpretaciones, y una calidad narrativa superior. Una película perfecta
en todos los aspectos y ampliamente recomendable, una joya del siglo XXI.
***

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