miércoles, 4 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: Inglourious Basterds

La sexta película escrita y dirigida por Quentin Tarantino, Inglourious Basterds (sí, con un error ortográfico en el título), es una ficción sobre la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial. El largometraje comienza presentándonos al coronel (para ser más exactos el Standartenführer) Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz, un nazi que tiene la ocupación de perseguir judíos en Francia bajo la ocupación alemana. Landa visita una granja lechera para realizar su trabajo, entrevistando a un tal LaPadite, y cuestionándolo sobre el paradero de sus vecinos judíos. El suspenso comienza, el interrogatorio se torna cada vez más agobiante para el granjero, y así es como Tarantino logra envolvernos en la trama de su filme en tan solo veinte minutos.

Años después, observamos a un nuevo personaje, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), reclutando a un grupo de soldados para cumplir un objetivo: matar nazis.


Un elaborado guion logra que dos historias, aparentemente independientes, se reúnan en un punto de la trama, y en un lugar en específico: un cine. A pesar de que la historia tenga  ciertas discrepancias históricas en las fechas de sucesos ocurridos realmente, esto se vuelve irrelevante en el desarrollo de la trama. La película abarca distintos géneros, inicia con suspense a lo Hitchcock; se transforma en una historia de venganza, se convierte en una película violenta; e inclusive es agregado un poco de humor negro, éste último no le resta seriedad al filme. Aproximadamente sólo el treinta por ciento de la historia está en inglés, a pesar de ser su idioma original, lo restante es hablado y narrado en francés, alemán e italiano.

El sello de Tarantino está presente: muchísima sangre, pero en este caso, totalmente justificada para representar la crueldad de la guerra; un soundtrack perfecto para cada escena y situación en la trama, no existen tiempos muertos, y la técnica narrativa es perfecta. Cada personaje es presentado de una forma ideal para conocer sus motivaciones, sus objetivos, y su personalidad. Quentin lo hace de nuevo, e incluye innumerables homenajes a otras películas, géneros y directores, en especial, al Spaghetti Western; todo esto, irónicamente, hace más original y compleja a la película. Posee todos los requisitos para ser considerada una obra maestra del séptimo arte, y quizás, un futuro clásico.

Lo mejor reside en las actuaciones, para ser más específico en la interpretación de Waltz, que nos regala una muestra de su poliglotismo al hablar durante varias escenas francés, alemán, inglés e italiano; todos ellos fluidamente y con un buen acento que nos hace creer que Waltz es en realidad un nazi. Landa se convierte en un sofisticado personaje que automáticamente (?) odiarás, y creerás que es una persona real, un alemán de carne y hueso, y olvidarás que es un actor austriaco representando un guion. Esta actuación lo hizo digno acreedor del Oscar, el Globo de Oro, la Palma de Oro, el BAFTA, y el SAG a mejor actor de reparto.



Un sneak  peak de la entrevista


En mi opinión –lo más probable es que la mayoría de los lectores discrepen de ella– es la mejor película de Tarantino, inclusive mejor que Pulp Fiction, posee una trama más original, mejores interpretaciones, y una calidad narrativa superior. Una película perfecta en todos los aspectos y ampliamente recomendable, una joya del siglo XXI.

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