El Mito de Sísifo es un ensayo filosófico escrito por el argelino, de nacionalidad francesa, Albert Camus y
publicado en 1942. Considerado como el magnum
opus de Camus, trata dos temas en específico: el suicidio, y el absurdo. La
filosofía del absurdo es planteada por el autor interrogándonos acerca el valor
de la vida, aunque no se enfoca en el nacimiento de éste, sino en sus
consecuencias sobre el ser. En menos de doscientas páginas, este tópico es
abordado magistralmente; Analiza y ejemplifica el absurdo tanto en situaciones
cotidianas, como en novelas y trabajos
de autores clásicos como Shakespeare, Dostoievski y Kafka.
Al comprender el límite racional
(y empírico) del ser humano descubrimos el absurdo, como bien lo dice Camus:
“[…] esta evidencia es lo absurdo. Es el divorcio entre el espíritu que desea y
el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la
contradicción que los encadena”. Pero éste no nace únicamente ante la
insignificancia del hombre frente al universo; el absurdo no obra bajo las
leyes de la naturaleza y por consecuente, posee distintos métodos por los cuales se manifiesta, por lo tanto, no hay nada que
le impida atrapar al hombre.
¿El absurdo nace en el interior
de ser, o en el contacto de éste con el exterior? En ambos, ya que otra
representación del absurdo es la confrontación de ideas dentro de uno mismo.
Los sentimientos encontrados, la duda. El hombre, sin intermitencias, se halla
ante lo irracional: siente el deseo de ser dichoso y obtener conocimiento,
aunque comúnmente el segundo se interpone, y a su vez elimina, las
posibilidades de conseguir el primero. Conocer la verdad no consiste en
confirmar lo agradable que es vivir y las expectativas vinculadas a ésta.
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| Albert Camus Nobel de Literatura en 1957 |
Lo anteriormente mencionado,
sirve a modo de introducción al cuestionamiento clave del ensayo y de la
filosofía en sí: juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. La alternativa
más sencilla (y lógica) para enfrentar esta interrogante sería el suicidio, ya
que lo llamado una razón para vivir es a la vez una excelente razón para morir.
Pero esto no hace nada más que crear una paradoja, parafraseo a Cioran: si la
vida no tiene sentido alguno, mucho menos la muerte. Si alguna frase puede
sintetizar la filosofía del pesimista rumano, es esta; ahora citaré al autor de
la obra: “El suicidio no es un escape del absurdo, sólo es una confirmación de
éste, no es más que rendirse y negarse a buscar una salida”. No existe una
respuesta correcta para esta
cuestión, por lo tanto depende totalmente de la perspectiva e interpretación de
cada lector. Camus nos ofrece otro escape: rebelarse, que el simple acto de
vivir se convierta en una manifestación contra el absurdo.
¿Cómo nos rebelaremos? Tal cual
como hipotéticamente lo hace Sísifo, explicado en la última parte de este
trabajo. Sísifo ha sido castigado por los dioses, ha perdido la vista y ha sido
condenado a rodar una gran roca desde la parte baja de una colina hasta la
cima, lo cual es un esfuerzo muy grande y penoso. Cuando por fin cumplía con su
misión, la piedra capia por su propio peso y rodaba hasta la base de la colina,
Sísifo tenía que rehacer su trabajo una y otra vez, por el resto de la
eternidad. No hay trabajo más terrible
que el trabajo inútil y sin esperanza.
Las condiciones bajo las cuales
trabaja Sísifo representan el absurdo, la carga de nuestra existencia. El
filósofo argelino hace énfasis en los instantes posteriores al descenso de
Sísifo, cuando por fin ha llegado a la cima, ya que el simple hecho de llegar a
ella es suficiente para llenar el corazón de un hombre, debemos imaginar a
Sísifo feliz. Pero no sólo debemos imaginarlo dichoso, debemos adoptar su
postura ante las circunstancias. Si el mito es trágico, es porque su
protagonista tiene conciencia, reconoce que su trabajo carece de significado,
El obrero actual trabaja todos los días de su vida bajo las mismas condiciones
metafísicas; cualquier labor, logro o suceso mundano será polvo, en el futuro
nuestras acciones y experiencias pasadas serán indiferentes y seremos víctimas
de lo efímero. Esta no es una conclusión nada optimista, ya que elimina las
ilusiones de la trascendencia personal. Sin embargo, para sentirnos dichosos no
debemos adoptar ese enfoque hacia el futuro, sino disfrutar de las pequeñas
irrelevancias del presente: ser felices por haber llegado a la cima, a pesar de
tener que realizar ese arduo recorrido de nuevo. Disfrutar de esos escasos
minutos de nuestra vida en los que encontramos la paz y felicidad en nuestro
interior.
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| The Myth Of Sisyphus by Nicci Bedson |
Pero esta no es una solución real a la paradoja anteriormente
presentada, ahora la interrogante es: ¿Sísifo es realmente feliz? El problema
renace, si se es consciente de que la vida no es más que una carga para el
hombre, éste considera el suicidio, e inevitablemente volvemos al punto
anterior. Normalmente quienes lo cometen están seguros del valor de la vida,
aunque sus motivaciones para haber realizado ese acto no están relacionados con
ninguna manifestación filosófica; por lo tanto, son víctimas de una muerte sin
sentido, de una muerte absurda. En conclusión (un tanto pesimista) para ser
felices debemos renunciar a la intelectualidad y a la razón. Se presenta otro
inconveniente: no puede existir una sociedad ausente de la razón. Volveríamos a
las cavernas y las relaciones humanas se verían alteradas. Seríamos salvajes.
Aunque únicamente aparenten ser conjeturas, es inevitable vivir felices en el
término literal de la palabra poseyendo un mínimo porcentaje de razón, por más
bajo que éste sea. Milan Kundera escribió en la Insoportable Levedad del Ser
que las preguntas verdaderamente serias son las que pueden ser formuladas hasta
por los niños. Esas preguntas son las que nos agobian y nos hacen infelices.
Asimismo, mencionó que el que comienza dudando de nimiedades, termina dudando
de la vida misma. No hace falta ser un genio o un sabio para saber que la vida
no vale la pena ser vivida, tampoco lo hace falta para saber que aun así debe
ser vivida para afrontar esta realidad.
Con este ensayo, Camus se
confirma como una de las grandes mentes del siglo XX, a pesar de no
autodenominarse fundador, ni mucho menos pionero de la filosofía del absurdo;
inclusive declara que su postulado es una recopilación de las ideas de otros
pensadores. Sin lugar a dudas, el libro ideal para cuestionar tu
existencia. Obligatorio para cualquier interesado en la filosofía.
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