miércoles, 11 de mayo de 2016

El Mito de Sísifo

El Mito de Sísifo es un ensayo filosófico escrito por el argelino, de nacionalidad francesa, Albert Camus y publicado en 1942. Considerado como el magnum opus de Camus, trata dos temas en específico: el suicidio, y el absurdo. La filosofía del absurdo es planteada por el autor interrogándonos acerca el valor de la vida, aunque no se enfoca en el nacimiento de éste, sino en sus consecuencias sobre el ser. En menos de doscientas páginas, este tópico es abordado magistralmente; Analiza y ejemplifica el absurdo tanto en situaciones cotidianas, como en novelas y  trabajos de autores clásicos como Shakespeare, Dostoievski y Kafka.

Al comprender el límite racional (y empírico) del ser humano descubrimos el absurdo, como bien lo dice Camus: “[…] esta evidencia es lo absurdo. Es el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena”. Pero éste no nace únicamente ante la insignificancia del hombre frente al universo; el absurdo no obra bajo las leyes de la naturaleza y por consecuente, posee distintos métodos por los cuales se manifiesta, por lo tanto, no hay nada que le impida atrapar al hombre.

¿El absurdo nace en el interior de ser, o en el contacto de éste con el exterior? En ambos, ya que otra representación del absurdo es la confrontación de ideas dentro de uno mismo. Los sentimientos encontrados, la duda. El hombre, sin intermitencias, se halla ante lo irracional: siente el deseo de ser dichoso y obtener conocimiento, aunque comúnmente el segundo se interpone, y a su vez elimina, las posibilidades de conseguir el primero. Conocer la verdad no consiste en confirmar lo agradable que es vivir y las expectativas vinculadas a ésta.


Albert Camus
Nobel de Literatura en 1957

Lo anteriormente mencionado, sirve a modo de introducción al cuestionamiento clave del ensayo y de la filosofía en sí: juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. La alternativa más sencilla (y lógica) para enfrentar esta interrogante sería el suicidio, ya que lo llamado una razón para vivir es a la vez una excelente razón para morir. Pero esto no hace nada más que crear una paradoja, parafraseo a Cioran: si la vida no tiene sentido alguno, mucho menos la muerte. Si alguna frase puede sintetizar la filosofía del pesimista rumano, es esta; ahora citaré al autor de la obra: “El suicidio no es un escape del absurdo, sólo es una confirmación de éste, no es más que rendirse y negarse a buscar una salida”. No existe una respuesta correcta para esta cuestión, por lo tanto depende totalmente de la perspectiva e interpretación de cada lector. Camus nos ofrece otro escape: rebelarse, que el simple acto de vivir se convierta en una manifestación contra el absurdo.

¿Cómo nos rebelaremos? Tal cual como hipotéticamente lo hace Sísifo, explicado en la última parte de este trabajo. Sísifo ha sido castigado por los dioses, ha perdido la vista y ha sido condenado a rodar una gran roca desde la parte baja de una colina hasta la cima, lo cual es un esfuerzo muy grande y penoso. Cuando por fin cumplía con su misión, la piedra capia por su propio peso y rodaba hasta la base de la colina, Sísifo tenía que rehacer su trabajo una y otra vez, por el resto de la eternidad.  No hay trabajo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Las condiciones bajo las cuales trabaja Sísifo representan el absurdo, la carga de nuestra existencia. El filósofo argelino hace énfasis en los instantes posteriores al descenso de Sísifo, cuando por fin ha llegado a la cima, ya que el simple hecho de llegar a ella es suficiente para llenar el corazón de un hombre, debemos imaginar a Sísifo feliz. Pero no sólo debemos imaginarlo dichoso, debemos adoptar su postura ante las circunstancias. Si el mito es trágico, es porque su protagonista tiene conciencia, reconoce que su trabajo carece de significado, El obrero actual trabaja todos los días de su vida bajo las mismas condiciones metafísicas; cualquier labor, logro o suceso mundano será polvo, en el futuro nuestras acciones y experiencias pasadas serán indiferentes y seremos víctimas de lo efímero. Esta no es una conclusión nada optimista, ya que elimina las ilusiones de la trascendencia personal. Sin embargo, para sentirnos dichosos no debemos adoptar ese enfoque hacia el futuro, sino disfrutar de las pequeñas irrelevancias del presente: ser felices por haber llegado a la cima, a pesar de tener que realizar ese arduo recorrido de nuevo. Disfrutar de esos escasos minutos de nuestra vida en los que encontramos la paz y felicidad en nuestro interior.

The Myth Of Sisyphus by Nicci Bedson

Pero esta no es una solución real a la paradoja anteriormente presentada, ahora la interrogante es: ¿Sísifo es realmente feliz? El problema renace, si se es consciente de que la vida no es más que una carga para el hombre, éste considera el suicidio, e inevitablemente volvemos al punto anterior. Normalmente quienes lo cometen están seguros del valor de la vida, aunque sus motivaciones para haber realizado ese acto no están relacionados con ninguna manifestación filosófica; por lo tanto, son víctimas de una muerte sin sentido, de una muerte absurda. En conclusión (un tanto pesimista) para ser felices debemos renunciar a la intelectualidad y a la razón. Se presenta otro inconveniente: no puede existir una sociedad ausente de la razón. Volveríamos a las cavernas y las relaciones humanas se verían alteradas. Seríamos salvajes. Aunque únicamente aparenten ser conjeturas, es inevitable vivir felices en el término literal de la palabra poseyendo un mínimo porcentaje de razón, por más bajo que éste sea. Milan Kundera escribió en la Insoportable Levedad del Ser que las preguntas verdaderamente serias son las que pueden ser formuladas hasta por los niños. Esas preguntas son las que nos agobian y nos hacen infelices. Asimismo, mencionó que el que comienza dudando de nimiedades, termina dudando de la vida misma. No hace falta ser un genio o un sabio para saber que la vida no vale la pena ser vivida, tampoco lo hace falta para saber que aun así debe ser vivida para afrontar esta realidad.

Con este ensayo, Camus se confirma como una de las grandes mentes del siglo XX, a pesar de no autodenominarse fundador, ni mucho menos pionero de la filosofía del absurdo; inclusive declara que su postulado es una recopilación de las ideas de otros pensadores. Sin lugar a dudas, el libro ideal para cuestionar tu existencia. Obligatorio para cualquier interesado en la filosofía.



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