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viernes, 11 de noviembre de 2016

La señora Dalloway como una proyección intrapersonal sobre el desorden emocional de Virginia Woolf

     Culturalmente se ha aceptado la tesis de que el artista plasma en su obra aspectos autobiográficos, semblanzas que abruman su existencia y a manera de redención, los transmite implícitamente al público. Estas representaciones no son suficientes para terminar con los suplicios intrapersonales, y consecuentemente, el suicidio emerge como un subterfugio.
     
     Tal es el caso de Virginia Woolf (1882-1941), una de las principales exponentes del modernismo literario, quien además sentó las bases de la novela contemporánea. Mujer que se vio atormentada por un trastorno de bipolaridad. En su novela La señora Dalloway (1925), Woolf realiza una minuciosa proyección acerca de lo que no se pudo concebir en relación a su destino.
     
      La historia en sentidos prácticos prescinde de una trama exterior a la conciencia de los personajes, utilizando al monólogo interior como un recurso que marca el flujo por el cual se traslada la lectura. El argumento es sencillo y convencional, sin retazos atípicos ni frívolos: sigue a una mujer que organiza una fiesta y a los inconvenientes provocados por dicha planificación.
     
     La narrativa transcurre  en un solo día, en un breve plazo que sintetiza la vida y el porvenir de Clarissa Dalloway. Paralelamente, se encuentra Septimus Warren Smith, un joven que volvió psíquicamente dañado de la guerra. La introspección que se efectúa en estos personajes plasma la vida de Woolf y los eventos, que intermitentemente se presentaron a lo largo de su vida.
     
     Las alusiones autobiográficas en la novela son evidentes al momento de investigar la semblanza biográfica de la autora y las repercusiones que distintos eventos beligerantes contra su persona tuvieron sobre su vida. Asimismo, se justifica la existencia y posterior suicidio de Septimus, así como la personalidad de Clarissa y su refugio inmaterial en su propio talento.
     
     Para realizar una interpretación de la obra, es imperativo conocer los desórdenes emocionales de la autora. El trastorno bipolar II –el cual Woolf compartía con Septimus– se caracteriza por la prolongación de episodios depresivos, mientras que las fases maníacas son moderadas. La introspección presente en la obra de la feminista inglesa funge como un efecto colateral de este trastorno, ya que a través del monólogo interior revela en sus personajes un comunicado trascendente en relación con los procesos creativos y las circunstancias, en cierto punto, exteriores a la lectura: la consciencia del artista.
     
     A continuación se explaya el paralelismo entre Virginia Woolf y Septimus, prosiguiendo con Clarissa, personaje que funge como una probabilidad transversal que la autora pudo aprovechar.
     
     En 1895, con trece años de edad, Woolf es víctima de su primer colapso nervioso, causado por la muerte de su madre. Dos años después presentó otro colapso que no tuvo consecuencias interpersonales. Su tercer –y más dramático– episodio  fue ocasionado por muerte de su padre en 1904, este suceso la conllevó a su primer intento de suicidio, lanzándose por una ventana, de igual forma, escribe en su diario sobre las voces que agobian a diario.
     
      Hasta este punto, Septimus expone en la obra bastantes referencias sobre los sucesos mencionados con anterioridad: al volver trastornado de la Primera Guerra Mundial debido a la muerte de un allegado que conoció en el conflicto bélico; las voces dentro de su cabeza provocan que su percepción se reduzca exclusivamente a su consciencia.
     
      Después de otro intento de suicidio, Woolf es internada en contra de su voluntad en 1915. Posteriormente, en 1936, alcanza un periodo de lucidez, al creerse curada por completo. Escribe: «Me he sentido en conjunto fuerte y animada. ¡Despierto de la muerte –o del no ser– a la vida!»
     
     Esto rememora a los instantes anteriores la muerte de Septimus, los momentos que corresponden a la felicidad pura, al deseo de escapar con Rezia y no ser internado por algún doctor. La manía, en términos psicológicos, se refiere a ese sentimiento extremo de bienestar; por lo tanto, el conjunto formado por este concepto, sumado a las tendencias psicóticas de Septimus y a su depresión, da como resultado el diagnóstico intuitivo de un Trastorno Bipolar II, el mismo que Woolf padecía.
    
     Al inferir que arruinaba la vida de su pareja, Septimus se suicida lanzándose por una ventana. La autora inglesa se acabó con su vida en 1941 en el río Ouse; escribió una carta dirigida hacia su marido Leonard, donde mencionaba que no quería seguir arruinando su vida y que ya no podía soportar a las voces dentro de su cabeza.
      
     Septimus Warren Smith es una minuciosa proyección sobre el trágico destino de su autora; retrata los estragos psicológicos que palidecen a la mente, mientras que todo dentro y fuera del individuo se desmorona lentamente en una espiral autodestructiva.

     En el polo opuesto, se encuentra Clarissa Dalloway: una mujer de la burguesía que tiene remordimientos par no haber aprovechado sus oportunidades en el pasado y que oculta su inseguridad y ausencia de amor propio al organizar fiestas y tomar actitudes pretenciosas ante los integrantes de la alta sociedad inglesa de la época.
     
     Clarissa dejó atrás a su amante Peter Walsh y a su mejor amiga Sally Seton por el superficial propósito de obtener renombre al casarse con Richard Dalloway y establecerse en una gran casa en Londres. Haber abandonado a esas dos individualidades hizo que la señora Dalloway se consumiera en aflicción, y progresivamente, perdiera la confianza en sí misma.
     
     Las figuras que integran el círculo social de la protagonista de la novela poseen diversas opiniones sobre aquella mujer; todas esas ideas son complementarias entre sí, pero sólo en los aspectos negativos de Clarissa: distanciada de su familia, monótona y tendenciosa a la circunspección, lo cual suprime su personalidad.
     
      La señora Dalloway, al enterarse del suicidio de Septimus –personaje con el cual ella nunca estableció contacto– contempla su decisión, hasta el punto de admirarlo. Finalmente, después de un dilema filosófico, decide proseguir con su vida, a pesar de ser infeliz.    
     
     La disgregación interior que Woolf presentó durante su vida empata con la percepción que formuló con Clarissa Dalloway; la autora se refugió de sus martirios al escribir y formar parte de un grupo de connotados intelectuales, mientras que la protagonista de su magnum opus se esconde de la tragedia personal detrás de sus fiestas.
     
      La contraposición conceptual presente entre los dos protagonistas de la novela representa la división mental que afligió a Woolf durante toda su vida; asimismo, el impacto que emocional que conllevó Clarissa al enterarse de la muerte de Septimus refleja los conflictos intrapersonales de la autora.
      
      A grandes rasgos, La señora Dalloway busca transmitir la incertidumbre en niveles sensitivos; todo aquello que carcome lentamente al ser, mientras que éste presencia su desmoronamiento cognitivo paso a paso, hasta llegar a un plano de soledad cósmica, donde todo se reduce a una consciencia completamente aislada de la sociedad.


Bibilografía
Figueroa, G. (2005). Virginia Woolf: enfermedad mental y creatividad artística. Recuperado de: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872005001100015

Royal College of Psychiatrists. (2010). Trastorno bipolar (maníaco depresivo). Recuperado de: http://www.sepsiq.org/file/Royal/TRASTORNO%20BIPOLAR.pdf


Imagen recuperada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:George_Charles_Beresford_-_Virginia_Woolf_in_1902.jpg

viernes, 2 de septiembre de 2016

La insoportable levedad del ser

Milan Kundera es un escritor checo nacido en 1929. Su juventud fue oprimida por la ocupación soviética en la antigua Checoslovaquia y el establecimiento de la ideología socialista –la cual apoyó en un breve lapso de su biografía–. Al haber presenciado las atrocidades soviéticas, utilizó la literatura para retratarlos, e inclusive, satirizarlos.

 Se limitó a escribir únicamente tres libros en su lengua materna (La broma, La vida está en otra parte y El libro de la risa y el olvido), debido a la censura del Partido Comunista. Sus libros fueron prohibidos y emigró a Francia en 1975, donde continuó su labor artística.

En 1984 escribe, originalmente en francés, La insoportable levedad del ser, considerada por muchos la obra maestra de Kundera.

Desde su título, La insoportable levedad del ser anticipa al lector que se adentrará en una novela insólita para la corriente literaria predominante en la segunda mitad del siglo XX, totalmente atípica para quien es ajeno a la filosofía. Se conocerá el significado y la interpretación del título al emprender su lectura.

Pleiades - Max Ernst
La historia sigue la vida los cuestionamientos filosóficos de distintos durante la ocupación soviética en Checoslovaquia. Principalmente a Tomás, un cirujano mujeriego, y su relación con Teresa, una mujer insegura y celosa. Un encuentro casual los une, y a partir de otras circunstancias fortuitas, se crea un vínculo repleto de introspecciones y desdichas

Por otra parte, se encuentran Franz y Sabina, personajes cuya historia forja una subtrama nacida de la turbulenta relación entre Tomás y Teresa.

La historia es narrada por el propio Kundera, omnisciente e imparcial, quien se dirige directamente hacia el lector, y en ocasiones, rompe la estructura lineal de la narrativa para realizar analogías sobre los sucesos ocurridos en su libro, y las posibilidades presentadas a lo largo de su vida que no se realizaron.

Cada oración tiene un significado implícito relacionado directamente con las distintas corrientes del arte y del pensamiento. Cada palabra tiene un valor.

Introspección es el término clave para definir la semblanza de la lectura, ya que en cierto punto, la trama en sí se vuelve irrelevante y los monólogos interiores predominan la obra abarcando los sentimientos y los designios de los personajes. Se ahonda en la mente de los personajes, que inclusive podríamos decir que La insoportable levedad del ser es una novela psicológica.

Desde la primera página, las metáforas y analogías comienzas; introduciendo al texto con el conocido Mito del Eterno Retorno de Nietzsche y la tesis del autor checo sobre las distintas interpretaciones existenciales que éste conlleva.

Se plantean dos conceptos basados en el nihilismo y el existencialismo: la levedad y el peso.

El peso es todo aquello que comprende una vida con auténtico valor. Representa al hombre con responsabilidades, propósitos. Todo aquel que se esfuerza y sigue el orden establecido carga con el peso de su existencia. El ser busca crear su propia esencia para así ponderar su vida.

En contraparte tenemos a la levedad. La levedad, como su nombre lo indica, es una ligera carga del espíritu, que representa al individuo irresponsable, sin preocupaciones, que vive en los excesos y le es absurdo todo tópico que no lo incluya. Los ejemplos de la levedad son personas cuyas vidas no valen la pena.

Durante las distintas etapas representadas en la obra, los protagonistas ejercen como un péndulo en estos extremos filosóficos.

Conforme se desarrolla y se explaya la cuestión de la levedad y el peso, el lector se convierte en un personaje que sigue el flujo determinado por Kundera e inevitablemente toma una postura con la cual se identifica, haciéndole reflexionar sobre el valor de su propia existencia.

Las referencias culturales abundan. Desde políticos como Stalin, Robespierre y Hitler; artistas como Beethoven y Doré; pensadores como Platón y Nietzsche; e historias como la tragedia de Edipo. Todos estos homenajes se utilizan como analogías, y funcionan como una oda a la historia y al arte.

El impacto del contexto social en el cual se desarrolla un individuo y el impacto en éste y sus relaciones intrapersonales, como interpersonales son ejemplificados a partir de una –aparentemente– sencilla historia de amor.

El esteticismo, la muerte y el tiempo siempre están presentes en los siete segmentos del libro. Señalando que son elementos que siempre atormentan al hombre.

La religión es un tema también señalado, dando una sólida postura para argumentar acerca del efecto que produce en el humano. La conclusión es atea y contundente, utilizando alegorías y hechos históricos para permitir al autor presentar sus ideas.

Lo que inició con una historia de amor, terminó con una búsqueda por el valor de la existencia, demostrando que las pequeñas inquietudes conllevan a una reflexión más profunda, en la cual, nos percatamos del absurdo de la existencia.

Después de leer La insoportable levedad del ser, no vuelves a ser el mismo.



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viernes, 20 de mayo de 2016

Breve introducción a Freud

Sigmund Freud y su teoría del subconsciente son totalmente imprescindibles si se pretende entender al ser humano.

Nació en 1856 y estudió medicina en la universidad de Viena, ciudad en la que vivió gran parte de su vida. Se especializó en el campo de la neurología hacia finales del siglo XIX, y a inicios del siglo XX elaboró su trascendental psicoanálisis.

Por psicoanálisis entendemos una descripción de la mente humana en sí, un método de tratamiento para enfermedades nerviosas y psíquicas.


Se puede decir que fue Freud quien descubrió el mundo de los instintos del hombre. Él pensaba que siempre existe un conflicto entre los instintos y necesidades del hombre y las demandas del mundo que lo rodea.

Con el mundo de los instintos nos referimos a que no es siempre la razón quien dirige nuestros actos. Son comúnmente impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos y soñamos. Eso no fue un descubrimiento, el mérito de Freud es que demostró que estas necesidades básicas pueden “disfrazarse” u ocultarse, de manera en la que pueden dirigir nuestros actos sin que nos percatemos de ello.

El super-yo

Desde pequeños nos encontramos con las demandas morales del mundo. Cuando hacemos algo malo, nos dicen “qué te pasa, qué malo eres”. Las demandas morales penetran hasta dentro convirtiéndonos en una parte de nosotros mismos, por consecuente, cuando somos mayores seguimos cargando con éstas. Esto es lo que Freud llamó el super-yo.

En lo denominado como super-yo también entra la conciencia, sin embargo, Freud opinaba que éste nos informa cuando tenemos pensamientos y deseos “impuros” o “sucios”. Asimismo, comentó que estos deseos comienzan en la fase temprana de la infancia, estas pequeñas indicaciones sexuales son reprochadas por los padres y esto no hace nada más que generar un sentimiento de culpabilidad relacionado con la sexualidad en general.

El subconsciente

Freud estableció que la consciencia del hombre sólo constituye la pequeña punta del iceberg que es la mente humana. Debajo de la superficie, podemos encontrar al subconsciente.

El subconsciente abarca todas las cosas que hemos reprimido. Es decir, cosas que hemos tratado olvidar ya que nos parecen desagradables, repulsivas, o inclusive, terroríficas. Cuando realizamos esta acción, enviamos nuestros pensamientos hacia el subconsciente.  Este es un mecanismo que funciona en todas las personas, aunque no en todas posee la misma funcionalidad. Reprimir puede causar serias enfermedades nerviosas en un individuo.

Para realizar una analogía sobre lo que es reprimir, utilizaré un ejemplo que el mismo Freud creó para explicar su tesis cuando estuvo dando conferencias en América en 1909:

“Supongamos que en esta sala se encuentra un individuo que se comporta de modo grosero y desvía la atención de esta conferencia, riéndose burlonamente, hablando y haciendo ruidos. Digo que la plática no puede platicar en tales condiciones y unos hombres se levantan y echan al intruso tras un breve forcejeo. Él ha sido reprimido,  yo puedo seguir con mi conferencia. Si han captado, el interior de la sala comprende el consciente y el exterior el subconsciente. Pero ese intruso quiere volver  a entrar y ése es el caso de los pensamientos e impulsos reprimidos. Posteriormente, existe una posibilidad de que lo logre.”

Vivimos con una constante presión de pensamientos reprimidos que luchan por salir a la luz, ya que éstos siempre intentan volver a emerger a la consciencia por su propia iniciativa. De este modo, las reacciones subconscientes pueden dirigir nuestros pensamientos y actos.

Manifestaciones del subconsciente

Existen varias formas por las cuales el subconsciente se manifiesta. La primera de ellas, y la más fácil de explicar es la proyección.

Proyección quiere decir que transferimos a otras personas aspectos negativos que intentamos reprimir en nosotros mismos. Por ejemplo, una persona engreída o idiota no tarda mucho en caracterizar a otros como engreídos, o según sea el caso, idiotas.

Otra manifestación más fácil de explicar: cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que estaba almacenado en el subconsciente y ha emergido de la profundidad de nuestra mente.

La última forma de manifestación de la que escribo hoy, y la más “complicada” de explicar, son los sueños. En su obra más importante, titulada La interpretación de los sueños (1900) dicta que nunca es casual lo que soñamos. Nuestros pensamientos subconscientes intentan comunicarse con la consciencia a través de los sueños.

Después de recopilar experiencias de pacientes durante varios años, Freud llegó a la conclusión de que los sueños cumplen deseos. Esto puede observarse sencillamente en los niños, ya que sueñan con helados y juguetes. Pero en el caso del adulto esto es complejo, ya que mientras uno va madurando, comienza a dar rodeos en sus sueños y los deseos se presentan disfrazados. Esto es debido a que también cuando soñamos nuestra mente rige en un estado de censura que decide lo permitido. Este estado de vigila es lo suficientemente fuerte para que en el sueño reprimamos fantasías que no estamos dispuestos a reconocer.  Por lo tanto, se recurre a la interpretación de los sueños.
Tenemos que analizar todos los elementos del sueño con tal de descubrir su verdadero significado. Los elementos de éste pueden variar, ya que pueden contener experiencias de días anteriores, o anécdotas de nuestra infancia. En el caso de una persona enferma (neurológicamente, claro) los debe analizar junto a su terapeuta. Pero ojo, el médico no puede interpretar el sueño sin la ayuda del paciente.

 
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar
Salvador Dalí

Los surrealistas basaron su obra en el psicoanálisis de Freud. Grandes pintores como Dalí retrataban sus propios sueños y los interpretaban. Podríamos concluir que el artista surrealista es un médium o intermediario entre su propio subconsciente


Freud no reclamó haber descubierto fenómenos como la racionalización, represión o las reacciones erróneas. Simplemente fue la primera persona en incorporar estos términos a la psiquiatría.



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