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domingo, 14 de agosto de 2016

El gran Gatsby - Fitzgerald

Se dice que los grandes artistas y genios de antaño no fueron reconocidos en su época, que tuvo que llegar la muerte a promocionar su obra. Hay una infinidad de casos como prueba de ello, podemos pensar en Nikola Tesla, un hombre fundamental en la historia de la ciencia, y llegar hasta Van Gogh, artista que reformó el expresionismo; pero en este caso, un hombre de letras que murió creyendo que su obra fue un fracaso será el sujeto a tratar.

Francis Scott Fitzgerald nació en Minnesota, Estados Unidos, en 1896. A pesar de su posición económico y de codearse con intelectuales como T.S Eliot y Ernest Hemingway y vivir en el enigmático París de los años veinte, su vida no fue tan brillante como parecía. Sufría de alcoholismo, provocando ataques neuróticos a su esposa Zelda, mujer que buscaba abrirse un lugar en el panorama contemporáneo. Finalmente, murió en 1940 de un infarto agudo de miocardio.

El gran Gatsby es acaso su mejor trabajo, ya que es uno de los pilares de la narrativa estadounidense contemporánea, influenciando libros como El guardián entre el centeno, El club de la pelea, entre otros. Todo reconocimiento fue póstumo, ya que en su publicación en 1925 fue un rotundo fracaso comercial y no obtuvo comentarios positivos por parte de la crítica, podría decirse que el tiempo revindicó esta lectura y la convirtió en un clásico norteamericano.

La novela más icónica de la llamada Generación Perdida toma lugar en Long Island en el verano de 1922, narrando desde la perspectiva de Nick Carraway la misteriosa vida de su vecino multimillonario, Jay Gatsby, y su aspiración a recuperar un viejo amor.

La lectura retrata con minuciosidad la vida de la alta sociedad y sus excesos, asimismo la evolución del jazz y el contrabando de alcohol. Con esta magistral ambientación, Fitzgerald da pie a la historia con una trama sencilla pero bien ejecutada.

Nick, un graduado de Yale, llega a Nueva York en busca de oportunidades. Se muda al lado de una gran mansión donde realizan majestuosas fiestas recurrentemente. Un día recibe una invitación para acudir a una de aquellas fiestas de las que todo el mundo habla. Es digno de aclarar que Nick es la única persona que ha sido invitado personalmente, ya que estos eventos son abiertos para quien desee acudir. La espera termina y conoce al mítico Gatsby, con quien entabla una estrecha amistad.

Gatsby a pesar de no ser el narrador, es el personaje principal de la obra, el cual es protagonista en todas las situaciones relevantes. Conoció a una mujer llamada Daisy, de quien se enamoró, hasta que tuvieron que separarse abruptamente, ya que Gatsby tuvo que presentar sus servicios en la Primera Guerra Mundial.

Al volver condecorado del conflicto armado, e inexplicablemente millonario, compra una gran mansión en frente de la casa de su antigua amada, y organiza sus fiestas con propósito de que algún día ella acuda a una de ellas.

Gracias al narrador, Gatsby se reencuentra con Daisy, aunque ella está casada con Tom Buchanan, personaje el cual podemos considerar el principal antagonista.

Conforme transcurre la historia, conocemos más acerca de Gatsby por medio de sus conversaciones con Nick. Observamos que las celebridades también tienen problemas, independientemente de sus beneficios materiales.

Gatsby es un personaje que ofrece múltiples interpretaciones, lo podríamos presenciar como alguien romántico, quien busca recuperar el amor de su vida, Daisy. Pero sin lugar a dudas, simboliza la decadencia, un hombre que aparentemente lo tiene todo pero no al lograr lo que desea un sentimiento de vacío se apodera de él, consumando sus logros poco a poco. Gatsby es el ejemplo del sueño americano consumado, pero también es una gran metáfora demuestra proféticamente la caída de las ilusiones del ciudadano estadounidense en el Crac del 29.

Nick, el único allegado de Gatsby, observa de cerca su evolución y lo conoce a fondo, siendo empático con su silencioso sufrimiento. Sin esta amistad se presencia que aunque estemos rodeados de muchas personas, podemos sentirnos solos e inclusive incomprendidos.

Gran analogía del idealismo que retrata toda una época y crea uno de los romances más memorables de la literatura del siglo XX. 

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domingo, 31 de julio de 2016

Conversación en La Catedral - Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa es un escritor peruano nacido en Arequipa en 1936. Con novelas como La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral, la obra comentada en esta reseña; ganó prestigio internacional, y finalmente en el año 2010 fue acreedor del Nobel de Literatura.
Conversación en La Catedral fue publicada en 1969 y utiliza como excusa un fortuito rencuentro entre dos personajes clave, Zavalita y el Zambo Ambrosio, para plantear un complejo argumento que relata la vida en los distintos status sociales durante el «ochenio» dictatorial del general Manuel Odría (1948-1956), y el distinto impacto generado por opresión en cada individuo.

A pesar de morar en los linderos de una novela histórica, no guarda relación alguna con la realidad y no se enfoca en los hechos que presenciaron el ascenso y la caída de este dictador; sino que utiliza a Odría para representar, de una manera un tanto general, a las distintas dictaduras y malos gobiernos que ha enfrentado América Latina a lo largo de la historia. No es necesario tener conocimiento alguno sobre la historia de Perú para entender o disfrutar esta novela.

Más de setecientas páginas para presentar trama estructurada con múltiples diálogos empleados en distintas líneas temporales por personajes que no mantienen una relación directa entre sí. Estas voces finalmente se entrelazan para relatar las sórdidas situaciones que encara cada figura a lo largo de su vida. Los saltos temporales y el transcurso no-lineal de la narrativa es un recurso empleado por otros reconocidos novelistas como Faulkner y Pynchon. A pesar de enriquecer la obra, esto vuelve a la lectura un tanto densa, e inclusive confusa si no se lee con la atención requerida.

El autor señaló que si pudiera rescatar  del fuego una sola de sus obras, sería esta. No está para nada equivocado, ya que en este trabajo abarca fenómenos sociales y sus repercusiones en el ser humano; demuestra que sin importar tu clase social ni tu nivel intelectual puedes tener una vida infeliz repleta de tragedias.

Santiago «Zavalita», un hombre de mediana edad, introduce la lectura con un cuestionamiento que parafrasearé: « ¿en qué momento se arruinó el Perú? ». Después de preguntárselo, se topa a Ambrosio, quien solía ser el chofer de su padre, descubre que ahora se gana la vida en una perrera con un sueldo miserable. Deciden ir a conversar a un bar de mala muerte, La Catedral, ahí mismo indagan sobre lo que ha vida del otro después de tantos años y comienzan una serie de flashbacks para adentrarnos en la tensa biografía de cada individuo presentado en el libro a partir de Santiago y Ambrosio.

Conforme avanza el libro, la pregunta planteada con anterioridad se transforma en una interrogación mucho más profunda « ¿en qué momento me arruiné yo? ». Así, el autor demuestra cómo el frívolo mecanismo de las circunstancias desfavorables y las prematuras decisiones pueden alterar el rumbo de una vida.

Después de la estructura, lo mejor del libro son los arcos argumentales de los personajes. Presenciamos la evolución de cada uno de ellos a través de los años y éstos nos demuestran la decadencia humana y a la degradación social generada por los maquiavélicos fines políticos.

Observamos la pobreza, recorremos por la burocracia, pasamos por la clase media y atravesamos las condiciones más miserables del ser humano para observar desde distinta óptica la naturaleza del humano bajo los estados de la presión social y las llagas que ésta genera en la psicología del hombre.

Conversación en La Catedral es un libro como pocos; abarca una infinidad de temas y, a pesar de estar ambientada en Perú, es una novela transnacional cuyo argumento puede encajar en cualquier nación.

Aunque cuente con una gran extensión y una narrativa compleja, es una lectura que vale la pena y que no deja indiferente a nadie. Eso sí, no es para lectores neófitos; si se quiere leer a Vargas Llosa, recomiendo que se comience por La ciudad y los perros, su primera novela, un libro más corto y menos denso que al igual de ésta, define bien a sus personajes y posee con una estructura magistral.

Una de mis novelas favoritas. Indispensable para comprender al Boom Latinoamericano.  


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jueves, 21 de julio de 2016

Meridiano de sangre - Cormac McCarthy

Cormac McCarthy nació en Rhode Island, Estados Unidos en 1933. Su vida está envuelta en un halo de misterios: no concede entrevistas, se rumorea que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud fue un mendigo. Hoy en día es considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura contemporánea, pero no solo de Estado Unidos, sino del mundo entero. El día de hoy escribo sobre su magnum opus: Meridiano de sangre. Una novela que sólo puedo definir con una palabra: sublime.

Blood Meridian (or the evening redness in the west) fue publicado en 1985 y sigue la historia de El Chico, un niño de catorce años cuyo padre es alcohólico y su madre ha muerto recientemente. Debido a estas circunstancias, nuestro personaje huye de su casa y emprende una travesía sin destino; hasta que cinco años después es reclutado por la pandilla de Glanton, un grupo de mercenarios –antiguos militantes de la guerra entre México y EEUU– contratados por el gobierno chihuahuense para masacrar indígenas y escalpar el cuero cabelludo de éstos, para llevarlos al gobernador Ángel Trias y recibir su paga.

Una novela que utiliza un suceso histórico como herramienta para retratar la violencia y la maldad humana. La pandilla de John Glanton existió en realidad, y su misión fue la mencionada en la breve sinopsis de arriba. Fueron contratados en 1849, y para ganar dinero con mayor facilidad asesinaban a tribus pacíficas y ciudadanos mexicanos. Posteriormente el Estado le puso precio a su cabeza (en la novela, ocho mil pesos). Junto a su pandilla tuvo que huir a Sonora, y después se desplazaron a lo que ahora es Arizona.

Gran parte del libro (por no decir que su totalidad) está repleto de sangre y masacres que se presentan en brevedad: apenas en la segunda página El Chico recibe un disparo en la espalda, justo debajo del corazón. Conforme pasan las páginas, sucesos más estremecedores son presenciados por este personaje. Cada capítulo se vuelve más oscuro, incluyendo masacres múltiples, decapitaciones y violentos asesinatos; hasta llegar al perturbador final. El título de Meridano de sangre se lo tiene bien merecido.

El Chico tiene un gran arco argumental, con una evolución bastante prometedora. A pesar de ser un antihéroe y convertirse en un criminal, no pierde su bondad ni su solidaridad. Pero es en realidad un falso protagonista, ya que a pesar de su relevancia en la lectura, hay otro personaje que podríamos definirlo como la novela en sí: el juez Holden.

El juez Holden es el líder espiritual de la pandilla de Glanton y el verdadero personaje principal del libro. Es un hombre calvo y gigantesco. Nunca duerme, mutila niños por gusto, y colecciona aves muertas. Este personaje es maldad pura, no sigue los ideales de nadie y su falta de empatía lo hace terrorífico. Sus parlamentos presentan una filosofía que contempla a la guerra como máxima deidad, aquí un par de diálogos del capítulo XVII como muestra de ello: 

War is the truest form of divination. It is the testing of one’s will and the will of another within that larger will which because it binds them is therefore forced to select. War is the ultimate game because war is at last a forcing of the unity of existence. War is god .

Explícitamente menciona que la guerra es dios. Este es tan solo un fragmento del gran diálogo de este trascendente capítulo, que funge como un medio para descubrir la personalidad de este escabroso villano, un individuo que no responde a ninguna moral y no cree en ningún principio ético. Sin duda alguna, el personaje más malévolo que he conocido por medio de la literatura.

Además del juez, otro de los puntos más impresionantes de esta distorsión de novela histórica es el paisaje. McCarthy utiliza un léxico complejo y oraciones bastante largas con pocas comas para relatar con exactitud el desierto y la frontera entre Estados Unidos y México en 1849. Un logro estético, ya que transforma en belleza locaciones bastante bizarras (en el sentido anglosajón de la palabra).

La pluma del nacido en Rhode Island no se limita a la descripción del ambiente, va más allá y redacta magistralmente prácticamente todo lo que ocurre, hasta el punto de parecer poesía en prosa. Cabe mencionar que el autor no utiliza guiones para los diálogos, pero esto no causa confusión, ya que cada personaje es desarrollado tan meticulosamente que inmediatamente sabes quién está hablando.

El tercer punto a destacar (a pesar de que esto se lea sádico) es la violencia, la sangre. Un punto de vista totalmente diferente para manejar este tema que siempre ha acompañado a la humanidad, mostrando sus atrocidades mientras se le alaba.

Una vez que se ha emprendido la lectura, nos cuestionamos en qué género en específico puede encajar. No es una novela histórica, ya que los sucesos retratados no rigen el eje central del libro. Creo que la etiqueta más aproximada sería la de western, pero ese término se queda corto y más allá de él podríamos catalogar esta novela como un western neo-bíblico con semejanzas estéticas a La Ilíada de Homero.

La mejor novela de McCarthy, por mucho. Ni La carretera (novela que lo hizo acreedor del Pulitzer en el 2007), ni No Country For Old Men (que fue adaptada cinematográfica por los hermanos Coen y recibió cuatro Premios Oscar, entre ellos el de mejor película) están a la altura de esta epopeya sanguinaria.

No es la novela ideal para adentrarse en la obra de McCarthy, – es recomendable comenzar con los dos textos mencionados en el párrafo anterior– sin embargo, es un libro que en algún punto de tu vida debes leer.



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lunes, 27 de junio de 2016

Breve introducción a la obra de E.M. Cioran

Emile Cioran fue un «pensador orgánico» rumano, cuya obra está caracterizada por pesimismo, repulsión hacia las masas, y una particular visión en la que el arte funge como el único motivo para no suicidarse. En sus libros describe poéticamente sus obsesiones y aquello que lo atormenta.

Nace el 8 de abril de 1911 en un pueblo a las afueras de Transilvania. Tuvo una infancia feliz, aunque siempre estuvo marcada por la melancolía. No sufrió ningún trauma que pudiera justificar su extremo odio y temor a los demás.

Desde pequeño fue unzufrieden (depresivo), lo cual siempre lo ha dejado con una sensación de vacío en su interior, y con dificultades para lograr el entusiasmo. Su insomnio fue otro factor que se sumó a esta desgracia.

En 1932 se matricula en filosofía y dos años después, con tan solo veintiún años de edad, publica En las cimas de la desesperación, obra en la cual utiliza aforismos con una longitud considerable para plasmar todo lo que aborrece.


Emil Cioran
En las cimas de la desesperación recolecta los pensamientos de sus pensamientos como un filósofo, que a pesar de su corta edad, ya detesta la vida. Consta su insignificancia en el universo, y en el mundo mismo. Al realizar esta lectura, podríamos asumir que Cioran padece de anhedonia (incapacidad de disfrutar la vida), sin embargo explica por qué se siente desolado y miserable, y por qué todos nos deberíamos sentir así. Escribe que sólo es feliz quien no piensa más que lo estrictamente necesario para vivir, y tiene toda la razón, ningún idiota es triste. Cuando ahondamos en cuestiones metafísicas o nos interrogamos la relevancia de la humanidad, comprendemos que vivimos en un absurdo y que lo que hagamos no importa a nadie más que a nosotros mismos y a nuestro diminuto círculo social. Cuando pensamos, nos preguntamos para qué vivimos, si no es tan sólo para consumir oxígeno y seguir las normas impuestas por la sociedad, las cuales nos dictan lo que es correcto y lo que no lo es. Mientras más nos esforcemos, más insignificantes son nuestros logros; el humano no conoce la trascendencia ya que todo será polvo, y nada de lo que hayamos hecho, habrá importado. El ser sufre porque despierta de sí mismo.

La soledad cósmica es un concepto incorporado para explicar la banalidad de la existencia: este sentimiento deja atrás la soledad individual (en la cual padecemos un tormento interno meramente subjetivo) para dar paso a una sensación de una nada objetiva; como si el mundo hubiera perdido todo su resplandor para evocar la monotonía esencial de los cementerios. A pesar de esto, el autor menciona que no es necesario jerarquizar los distintos tipos de soledad, ya que estar solo es lo suficientemente malo.

El pensamiento verdadero se parece a un demonio que perturba los orígenes de la vida, o a una enfermedad que ataca sus raíces mismas.

El suicidio no sólo es un tema importante en esta colección de aforismos, sino algo relevante en toda la obra de Cioran. Esta lectura funciona a modo de prólogo a una de las mentes más decepcionadas y angustiadas de la filosofía. El rumano establece que los suicidas son unos cobardes, debido a que su acto no es una rebelión contra la vida, sino una burda excusa para dar a entender que no soportaron las causas viscerales que los llevaron a esto. A quienes cometen esto los respeta como personas, porque sólo ellos experimentan grandes transfiguraciones a lo largo de su vida y tienen grandes pasiones. Los admira. ¿Por qué Cioran no se suicidó? Nos responde que la muerte le genera la misma repugnancia que la vida, cuando se encuentra al borde de dar aquel paso irreversible, siente en ese momento debe gritar, dar un aullido para consternar al universo, y que mejor manera de gritar que escribir.

El amor nacido del sufrimiento es el amor verdadero, así como la sabiduría que proviene de la desgracia. Ese amor que nace del desapego hacia los demás, aquél que nace cuando no nos queda nada. Esta definición nos hace ver como algo negativo y doloroso aquello que nos fue pintado como la perfección. Asimismo, menciona que en cierto grado es peor que la indiferencia, ya que nadie se ha suicidado porque le parecen indiferentes las condiciones de su vida, mientras que hay innumerables ejemplos de individuos que lo hicieron por amor.

Otro elemento presente en la obra de este autodenominado «pensador orgánico» es el ateísmo. Menciona que los cristianos no comprenden que Dios está aún más lejos de los hombres de lo que ellos están de él. Agrega que si el sufrimiento sirviera criterio, multitudes de seres humanos tendrían más derecho que él a considerarse hijos de Dios.

Anciano afligido - Van Gogh
La eternidad es otra obsesión explayada en su obra. Ésta nos hace vivir sin añorar ni esperar nada; la percepción del devenir resulta de la insuficiencia de los instantes, de la ausencia de oportunidades y tiempo para hacer lo que nos plazca.

Su obra está influenciada por filósofos como Schopenhauer, Chestov y Nietzsche, y su lirismo por autores de gran importancia en la literatura universal como Shakespeare y Dostoievski.

Rechazó todos los premios literarios que le fueron otorgados, como el Saint-Beuve de ensayo, entre otros.

Fue uno de los pensadores más fieles a lo retratado en sus libros: no tenía interés por socializar con los demás (en Conversaciones menciona que únicamente mantenía correspondencia con cuatro personas), le gustaba pasear por los cementerios, llegó odiar tanto a su país natal que nunca volvió a él y renunció a su lengua materna, adoptando el francés como primera lengua; y despreciaba su propia obra.


Los seres humanos no han comprendido todavía que la época de los entusiasmos superficiales está superada, y que un grito de desesperación es mucho más revelador que la argucia más sutil, que una lágrima tiene un origen más profundo que una sonrisa.



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Referencias:
  1. Cioran, Emil; En las cimas de la desesperación, Tusquets, México, 2009, 208 páginas (mi edición).
  2. Cioran, Emil; Conversaciones, Tusquets, México, 2012, 264 páginas, con biografía del autor (mi edición).
  3. Cioran, Emil; Breviario de los vencidos, Tusquets, México, 2013, 151 páginas (mi edición).

sábado, 25 de junio de 2016

Rebelión en la granja - Orwell

Un día como hoy, pero de 1903, nació el escritor y periodista británico George Orwell. En conmemoración de su natalicio, el día de hoy presentaré un pequeño análisis, libre de spoilers, de uno de sus trabajos más reconocidos y emblemáticos: Animal Farm. Antes de esto, debemos conocer un poco de su vida e ideales políticos, con el propósito de entender en su totalidad lo que Orwell quiso transmitir con su obra.


Su verdadero nombre era Eric Arthur Blair, nació en Motihari, una pequeña localidad India situada en la frontera con Nepal, y tan sólo un año después, se mudó junto a su madre y su hermana a Inglaterra. En 1922, después de haber terminado sus estudios en el Colegio Eton, se enlistó a la Policía Imperial India en Birmania, con el motivo de conseguir dinero y continuar con sus estudios. Tras cinco años en el cuerpo policía, desarrolla un odio hacia el imperialismo (demostrado en la totalidad de su obra), y vuelve a Inglaterra. Posteriormente vivió en la indigencia, hasta que consiguió un trabajo como profesor y se dedicó a escribir.

Orwell combatió en la Guerra Civil Española, para el Partido Laborista Independiente, con el objetivo de «matar fascistas porque alguien debe hacerlo»¹. Esta fue la experiencia más significativa de su vida, ya que lo ayudó a comprender los medios políticos y el futuro de una sociedad opresora. Comprobó que el fascismo y el comunismo son sólo etiquetas para camuflar una dictadura.

El conjunto de estas vivencias se convirtieron en fuertes influencias en su pensamiento, que fue trasladado a sus libros. 1984 (1949) es su libro más popular junto a Rebelión en la Granja. En ambos se critica totalitarismo y ejemplifican los actos del régimen nazi y el soviético.

Murió de tuberculosis en 1950.

George Orwell
Rebelión en la Granja fue publicada tras grandes luchas contra la censura, en 1945. Una alegoría que retrata el trágico destino de la Revolución Rusa, y expone las crueldades de la Unión Soviética bajo el poder de Stalin; pero esta novela corta, con menos de 150 páginas, es mucho más profunda y se convierte en una analogía sobre la política contemporánea. Independientemente de tu país y su forma de gobierno, es imposible que al leer este libro no te sientas identificado con los tratos que reciben los personajes, y las absurdas leyes de sus superiores.

Los animales de la Granja Manor, motivados por un discurso del viejo Cerdo Mayor, se rebelan ante el propietario de ésta, el señor Jones, y crean sus justas reglas para que todos, sin excepción alguna, gocen de los mismos derechos. Los animales, al comienzo, simbolizan a la clase obrera durante la Revolución Rusa, y el señor Jones representa al zar Nicolás II; a la vez, podemos inferir que el viejo Cerdo Mayor es una mezcla de Karl Marx (por sus ideales) y Vladimir Lenin (por comenzar con el movimiento), he aquí un fragmento de su discurso:

«Solo el hombre consume sin producir. No da leche, ni pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado y su velocidad es tan pobre que no le permite atrapar conejos por sí solo. Y a pesar de esto, como dueño y señor de todos los animales los hace trabajar, proveyéndoles el mezquino y mínimo elemento necesario para mantenerlos, guardándose la parte más jugosa para él. Con nuestro esfuerzo se labora la tierra, con nuestro estiércol se abona y enriquece para dar mejores frutos y, sin embargo, no encontrarán uno solo de nosotros dueño de algo que no sea su pobre pellejo. Ustedes, vacas, que están aquí, ¿cuántos miles de litros de leche les han extraído este último año? ¿Y qué destino tuvo esa leche que debió servir para criar terneros robustos y sanos? Hasta la última gota ha ido a parar al estómago de nuestros enemigos. Y ustedes, gallinas, ¿cuántos han puesto este año y cuántos pollitos han sido incubados de esos huevos? El grueso y voluminoso resto ha ido al mercado produciendo dinero para Jones y su gente. Y tú, Clover, ¿dónde están esos cuatro potrillos que has engendrado, que debieron ser sostén y alegría de tu vejez? Todos fueron vendidos al año; no los volverás a ver. La mísera recompensa que recibiste por esas cuatro criaturas, además de todo tu duro trabajo en el campo, fueron tus escuálidas raciones y un miserable pesebre.» (P.23)
 Aquí, se critican los pocos beneficios que la clase trabajadora obtenía de sus grandes esfuerzos, mientras que los burgueses y gobernantes se apoderaban de todo. Se reclama un cambio en el poder, inicia una rebelión en la granja. Si damos un enfoque actual a este discurso, podríamos interpretarlo como una queja hacia los bajos salarios a comparación de la larga jornada laboral en México y demás países latinoamericanos.


 Canción de Lennon relacionada con el tema

Después del exitoso golpe de estado, los cerdos Snowball y Napoleón toman el poder y establecen una serie de siete «mandamientos», con los cuales los animales deben cumplir para vivir en igualdad, sin distinciones entre un animal y otro; esta es la esencia del comunismo: terminar con las clases sociales y abastecerse de bienes nacionales (en el caso libro, con los alimentos producidos por los propios animales).

Adaptación animada de 1954
Snowball, por contar con una ideología diferente a la de Napoleón, es exiliado de la granja y amenazado a muerte. Posteriormente, todos los problemas surgidos en la Unión Soviética (la Granja Manor), ya sean circunstanciales o realmente serios, son atribuidos a este personaje para así generar odio en los habitantes e identificar a un individuo como un enemigo nacional. Debido principalmente a este pasaje, sabemos que Snowball es Trotsky y que Napoleón es Stalin, más adelante esto es corroborado.

Más adelante comienza lo relevante de la trama, lo que convierte a esta breve novela en una sátira sobre la política: la corrupción que surge tras la adquisición del poder. Napoleón se vuelve más exigente e injusto con sus ciudadanos, y la nueva sociedad formada tras el derrocamiento del señor Jones se convierte en una dictadura. Los mandamientos anteriormente mencionados se van modificando para así favorecer a los cerdos (la burguesía), y perjudicar a los demás. En este punto se presenta una óptica atemporal, en la cual se critica a todos los gobiernos habidos y por haber, así mismo, se resalta que la corrupción y la desigualdad son leyes inalterables de la vida política.

La manipulación de cifras y  medios de comunicación está presente, los cerdos dan noticias optimistas sobre los progresos de la granja y mencionan recompensas que recibirán los animales gracias a esto, sin embargo, esto es algo que no se observa y es utilizado como una cortina para engañar al pueblo y hacerlos creer que todo marcha a la perfección. Algo que no es novedoso en el mundo político.

Los mandamientos
Todos los animales, además de los mencionados anteriormente, representan a alguna personalidad histórica o sector social, he aquí algunas de ellas:


·        Squealer: Viacheslav Mólotov (partidario de Stalin) / periódico Pravda.

·         Bóxer: el proletario.

·         Las ovejas y las aves: el campesinado, la masa que sigue al líder.

·         Moses: la iglesia ortodoxa.

·         Benjamín: la clase intelectual.

·         Los perros: la policía secreta de Stalin, la NKVD.

·         Señor Frederick: Adolf Hitler.

·         Mollie: la clase noble zarista.


El final es estremecedor. Algo imposible de anticipar, que invita a reflexionar acerca de la sociedad y los progresos de ésta.

A pesar de contar con tanta profundidad intelectual, y un tanto filosófica, es un libro muy digerible que no presenta dificultades de comprensión. Recomendado para público de cualquier edad, sin importar tu nivel de conocimiento acerca de la Unión Soviética o la Revolución Rusa.


Referencias


1:www.abc.es/archivo/20130625/abci-george-orwell-guerra-civil-201306241730.html

2: Orwell George, 1984, Debolsillo, pp. 331-332 (epílogo de Thomas Pynchon con la biografía de Orwell).

3: Orwell George, Rebelión en la granja, ed. Nuevo Talento, México, 2014, 124 páginas (mi edición).


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viernes, 20 de mayo de 2016

Breve introducción a Freud

Sigmund Freud y su teoría del subconsciente son totalmente imprescindibles si se pretende entender al ser humano.

Nació en 1856 y estudió medicina en la universidad de Viena, ciudad en la que vivió gran parte de su vida. Se especializó en el campo de la neurología hacia finales del siglo XIX, y a inicios del siglo XX elaboró su trascendental psicoanálisis.

Por psicoanálisis entendemos una descripción de la mente humana en sí, un método de tratamiento para enfermedades nerviosas y psíquicas.


Se puede decir que fue Freud quien descubrió el mundo de los instintos del hombre. Él pensaba que siempre existe un conflicto entre los instintos y necesidades del hombre y las demandas del mundo que lo rodea.

Con el mundo de los instintos nos referimos a que no es siempre la razón quien dirige nuestros actos. Son comúnmente impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos y soñamos. Eso no fue un descubrimiento, el mérito de Freud es que demostró que estas necesidades básicas pueden “disfrazarse” u ocultarse, de manera en la que pueden dirigir nuestros actos sin que nos percatemos de ello.

El super-yo

Desde pequeños nos encontramos con las demandas morales del mundo. Cuando hacemos algo malo, nos dicen “qué te pasa, qué malo eres”. Las demandas morales penetran hasta dentro convirtiéndonos en una parte de nosotros mismos, por consecuente, cuando somos mayores seguimos cargando con éstas. Esto es lo que Freud llamó el super-yo.

En lo denominado como super-yo también entra la conciencia, sin embargo, Freud opinaba que éste nos informa cuando tenemos pensamientos y deseos “impuros” o “sucios”. Asimismo, comentó que estos deseos comienzan en la fase temprana de la infancia, estas pequeñas indicaciones sexuales son reprochadas por los padres y esto no hace nada más que generar un sentimiento de culpabilidad relacionado con la sexualidad en general.

El subconsciente

Freud estableció que la consciencia del hombre sólo constituye la pequeña punta del iceberg que es la mente humana. Debajo de la superficie, podemos encontrar al subconsciente.

El subconsciente abarca todas las cosas que hemos reprimido. Es decir, cosas que hemos tratado olvidar ya que nos parecen desagradables, repulsivas, o inclusive, terroríficas. Cuando realizamos esta acción, enviamos nuestros pensamientos hacia el subconsciente.  Este es un mecanismo que funciona en todas las personas, aunque no en todas posee la misma funcionalidad. Reprimir puede causar serias enfermedades nerviosas en un individuo.

Para realizar una analogía sobre lo que es reprimir, utilizaré un ejemplo que el mismo Freud creó para explicar su tesis cuando estuvo dando conferencias en América en 1909:

“Supongamos que en esta sala se encuentra un individuo que se comporta de modo grosero y desvía la atención de esta conferencia, riéndose burlonamente, hablando y haciendo ruidos. Digo que la plática no puede platicar en tales condiciones y unos hombres se levantan y echan al intruso tras un breve forcejeo. Él ha sido reprimido,  yo puedo seguir con mi conferencia. Si han captado, el interior de la sala comprende el consciente y el exterior el subconsciente. Pero ese intruso quiere volver  a entrar y ése es el caso de los pensamientos e impulsos reprimidos. Posteriormente, existe una posibilidad de que lo logre.”

Vivimos con una constante presión de pensamientos reprimidos que luchan por salir a la luz, ya que éstos siempre intentan volver a emerger a la consciencia por su propia iniciativa. De este modo, las reacciones subconscientes pueden dirigir nuestros pensamientos y actos.

Manifestaciones del subconsciente

Existen varias formas por las cuales el subconsciente se manifiesta. La primera de ellas, y la más fácil de explicar es la proyección.

Proyección quiere decir que transferimos a otras personas aspectos negativos que intentamos reprimir en nosotros mismos. Por ejemplo, una persona engreída o idiota no tarda mucho en caracterizar a otros como engreídos, o según sea el caso, idiotas.

Otra manifestación más fácil de explicar: cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que estaba almacenado en el subconsciente y ha emergido de la profundidad de nuestra mente.

La última forma de manifestación de la que escribo hoy, y la más “complicada” de explicar, son los sueños. En su obra más importante, titulada La interpretación de los sueños (1900) dicta que nunca es casual lo que soñamos. Nuestros pensamientos subconscientes intentan comunicarse con la consciencia a través de los sueños.

Después de recopilar experiencias de pacientes durante varios años, Freud llegó a la conclusión de que los sueños cumplen deseos. Esto puede observarse sencillamente en los niños, ya que sueñan con helados y juguetes. Pero en el caso del adulto esto es complejo, ya que mientras uno va madurando, comienza a dar rodeos en sus sueños y los deseos se presentan disfrazados. Esto es debido a que también cuando soñamos nuestra mente rige en un estado de censura que decide lo permitido. Este estado de vigila es lo suficientemente fuerte para que en el sueño reprimamos fantasías que no estamos dispuestos a reconocer.  Por lo tanto, se recurre a la interpretación de los sueños.
Tenemos que analizar todos los elementos del sueño con tal de descubrir su verdadero significado. Los elementos de éste pueden variar, ya que pueden contener experiencias de días anteriores, o anécdotas de nuestra infancia. En el caso de una persona enferma (neurológicamente, claro) los debe analizar junto a su terapeuta. Pero ojo, el médico no puede interpretar el sueño sin la ayuda del paciente.

 
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar
Salvador Dalí

Los surrealistas basaron su obra en el psicoanálisis de Freud. Grandes pintores como Dalí retrataban sus propios sueños y los interpretaban. Podríamos concluir que el artista surrealista es un médium o intermediario entre su propio subconsciente


Freud no reclamó haber descubierto fenómenos como la racionalización, represión o las reacciones erróneas. Simplemente fue la primera persona en incorporar estos términos a la psiquiatría.



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miércoles, 11 de mayo de 2016

El Mito de Sísifo

El Mito de Sísifo es un ensayo filosófico escrito por el argelino, de nacionalidad francesa, Albert Camus y publicado en 1942. Considerado como el magnum opus de Camus, trata dos temas en específico: el suicidio, y el absurdo. La filosofía del absurdo es planteada por el autor interrogándonos acerca el valor de la vida, aunque no se enfoca en el nacimiento de éste, sino en sus consecuencias sobre el ser. En menos de doscientas páginas, este tópico es abordado magistralmente; Analiza y ejemplifica el absurdo tanto en situaciones cotidianas, como en novelas y  trabajos de autores clásicos como Shakespeare, Dostoievski y Kafka.

Al comprender el límite racional (y empírico) del ser humano descubrimos el absurdo, como bien lo dice Camus: “[…] esta evidencia es lo absurdo. Es el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena”. Pero éste no nace únicamente ante la insignificancia del hombre frente al universo; el absurdo no obra bajo las leyes de la naturaleza y por consecuente, posee distintos métodos por los cuales se manifiesta, por lo tanto, no hay nada que le impida atrapar al hombre.

¿El absurdo nace en el interior de ser, o en el contacto de éste con el exterior? En ambos, ya que otra representación del absurdo es la confrontación de ideas dentro de uno mismo. Los sentimientos encontrados, la duda. El hombre, sin intermitencias, se halla ante lo irracional: siente el deseo de ser dichoso y obtener conocimiento, aunque comúnmente el segundo se interpone, y a su vez elimina, las posibilidades de conseguir el primero. Conocer la verdad no consiste en confirmar lo agradable que es vivir y las expectativas vinculadas a ésta.


Albert Camus
Nobel de Literatura en 1957

Lo anteriormente mencionado, sirve a modo de introducción al cuestionamiento clave del ensayo y de la filosofía en sí: juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. La alternativa más sencilla (y lógica) para enfrentar esta interrogante sería el suicidio, ya que lo llamado una razón para vivir es a la vez una excelente razón para morir. Pero esto no hace nada más que crear una paradoja, parafraseo a Cioran: si la vida no tiene sentido alguno, mucho menos la muerte. Si alguna frase puede sintetizar la filosofía del pesimista rumano, es esta; ahora citaré al autor de la obra: “El suicidio no es un escape del absurdo, sólo es una confirmación de éste, no es más que rendirse y negarse a buscar una salida”. No existe una respuesta correcta para esta cuestión, por lo tanto depende totalmente de la perspectiva e interpretación de cada lector. Camus nos ofrece otro escape: rebelarse, que el simple acto de vivir se convierta en una manifestación contra el absurdo.

¿Cómo nos rebelaremos? Tal cual como hipotéticamente lo hace Sísifo, explicado en la última parte de este trabajo. Sísifo ha sido castigado por los dioses, ha perdido la vista y ha sido condenado a rodar una gran roca desde la parte baja de una colina hasta la cima, lo cual es un esfuerzo muy grande y penoso. Cuando por fin cumplía con su misión, la piedra capia por su propio peso y rodaba hasta la base de la colina, Sísifo tenía que rehacer su trabajo una y otra vez, por el resto de la eternidad.  No hay trabajo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Las condiciones bajo las cuales trabaja Sísifo representan el absurdo, la carga de nuestra existencia. El filósofo argelino hace énfasis en los instantes posteriores al descenso de Sísifo, cuando por fin ha llegado a la cima, ya que el simple hecho de llegar a ella es suficiente para llenar el corazón de un hombre, debemos imaginar a Sísifo feliz. Pero no sólo debemos imaginarlo dichoso, debemos adoptar su postura ante las circunstancias. Si el mito es trágico, es porque su protagonista tiene conciencia, reconoce que su trabajo carece de significado, El obrero actual trabaja todos los días de su vida bajo las mismas condiciones metafísicas; cualquier labor, logro o suceso mundano será polvo, en el futuro nuestras acciones y experiencias pasadas serán indiferentes y seremos víctimas de lo efímero. Esta no es una conclusión nada optimista, ya que elimina las ilusiones de la trascendencia personal. Sin embargo, para sentirnos dichosos no debemos adoptar ese enfoque hacia el futuro, sino disfrutar de las pequeñas irrelevancias del presente: ser felices por haber llegado a la cima, a pesar de tener que realizar ese arduo recorrido de nuevo. Disfrutar de esos escasos minutos de nuestra vida en los que encontramos la paz y felicidad en nuestro interior.

The Myth Of Sisyphus by Nicci Bedson

Pero esta no es una solución real a la paradoja anteriormente presentada, ahora la interrogante es: ¿Sísifo es realmente feliz? El problema renace, si se es consciente de que la vida no es más que una carga para el hombre, éste considera el suicidio, e inevitablemente volvemos al punto anterior. Normalmente quienes lo cometen están seguros del valor de la vida, aunque sus motivaciones para haber realizado ese acto no están relacionados con ninguna manifestación filosófica; por lo tanto, son víctimas de una muerte sin sentido, de una muerte absurda. En conclusión (un tanto pesimista) para ser felices debemos renunciar a la intelectualidad y a la razón. Se presenta otro inconveniente: no puede existir una sociedad ausente de la razón. Volveríamos a las cavernas y las relaciones humanas se verían alteradas. Seríamos salvajes. Aunque únicamente aparenten ser conjeturas, es inevitable vivir felices en el término literal de la palabra poseyendo un mínimo porcentaje de razón, por más bajo que éste sea. Milan Kundera escribió en la Insoportable Levedad del Ser que las preguntas verdaderamente serias son las que pueden ser formuladas hasta por los niños. Esas preguntas son las que nos agobian y nos hacen infelices. Asimismo, mencionó que el que comienza dudando de nimiedades, termina dudando de la vida misma. No hace falta ser un genio o un sabio para saber que la vida no vale la pena ser vivida, tampoco lo hace falta para saber que aun así debe ser vivida para afrontar esta realidad.

Con este ensayo, Camus se confirma como una de las grandes mentes del siglo XX, a pesar de no autodenominarse fundador, ni mucho menos pionero de la filosofía del absurdo; inclusive declara que su postulado es una recopilación de las ideas de otros pensadores. Sin lugar a dudas, el libro ideal para cuestionar tu existencia. Obligatorio para cualquier interesado en la filosofía.



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