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viernes, 20 de mayo de 2016

Breve introducción a Freud

Sigmund Freud y su teoría del subconsciente son totalmente imprescindibles si se pretende entender al ser humano.

Nació en 1856 y estudió medicina en la universidad de Viena, ciudad en la que vivió gran parte de su vida. Se especializó en el campo de la neurología hacia finales del siglo XIX, y a inicios del siglo XX elaboró su trascendental psicoanálisis.

Por psicoanálisis entendemos una descripción de la mente humana en sí, un método de tratamiento para enfermedades nerviosas y psíquicas.


Se puede decir que fue Freud quien descubrió el mundo de los instintos del hombre. Él pensaba que siempre existe un conflicto entre los instintos y necesidades del hombre y las demandas del mundo que lo rodea.

Con el mundo de los instintos nos referimos a que no es siempre la razón quien dirige nuestros actos. Son comúnmente impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos y soñamos. Eso no fue un descubrimiento, el mérito de Freud es que demostró que estas necesidades básicas pueden “disfrazarse” u ocultarse, de manera en la que pueden dirigir nuestros actos sin que nos percatemos de ello.

El super-yo

Desde pequeños nos encontramos con las demandas morales del mundo. Cuando hacemos algo malo, nos dicen “qué te pasa, qué malo eres”. Las demandas morales penetran hasta dentro convirtiéndonos en una parte de nosotros mismos, por consecuente, cuando somos mayores seguimos cargando con éstas. Esto es lo que Freud llamó el super-yo.

En lo denominado como super-yo también entra la conciencia, sin embargo, Freud opinaba que éste nos informa cuando tenemos pensamientos y deseos “impuros” o “sucios”. Asimismo, comentó que estos deseos comienzan en la fase temprana de la infancia, estas pequeñas indicaciones sexuales son reprochadas por los padres y esto no hace nada más que generar un sentimiento de culpabilidad relacionado con la sexualidad en general.

El subconsciente

Freud estableció que la consciencia del hombre sólo constituye la pequeña punta del iceberg que es la mente humana. Debajo de la superficie, podemos encontrar al subconsciente.

El subconsciente abarca todas las cosas que hemos reprimido. Es decir, cosas que hemos tratado olvidar ya que nos parecen desagradables, repulsivas, o inclusive, terroríficas. Cuando realizamos esta acción, enviamos nuestros pensamientos hacia el subconsciente.  Este es un mecanismo que funciona en todas las personas, aunque no en todas posee la misma funcionalidad. Reprimir puede causar serias enfermedades nerviosas en un individuo.

Para realizar una analogía sobre lo que es reprimir, utilizaré un ejemplo que el mismo Freud creó para explicar su tesis cuando estuvo dando conferencias en América en 1909:

“Supongamos que en esta sala se encuentra un individuo que se comporta de modo grosero y desvía la atención de esta conferencia, riéndose burlonamente, hablando y haciendo ruidos. Digo que la plática no puede platicar en tales condiciones y unos hombres se levantan y echan al intruso tras un breve forcejeo. Él ha sido reprimido,  yo puedo seguir con mi conferencia. Si han captado, el interior de la sala comprende el consciente y el exterior el subconsciente. Pero ese intruso quiere volver  a entrar y ése es el caso de los pensamientos e impulsos reprimidos. Posteriormente, existe una posibilidad de que lo logre.”

Vivimos con una constante presión de pensamientos reprimidos que luchan por salir a la luz, ya que éstos siempre intentan volver a emerger a la consciencia por su propia iniciativa. De este modo, las reacciones subconscientes pueden dirigir nuestros pensamientos y actos.

Manifestaciones del subconsciente

Existen varias formas por las cuales el subconsciente se manifiesta. La primera de ellas, y la más fácil de explicar es la proyección.

Proyección quiere decir que transferimos a otras personas aspectos negativos que intentamos reprimir en nosotros mismos. Por ejemplo, una persona engreída o idiota no tarda mucho en caracterizar a otros como engreídos, o según sea el caso, idiotas.

Otra manifestación más fácil de explicar: cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que estaba almacenado en el subconsciente y ha emergido de la profundidad de nuestra mente.

La última forma de manifestación de la que escribo hoy, y la más “complicada” de explicar, son los sueños. En su obra más importante, titulada La interpretación de los sueños (1900) dicta que nunca es casual lo que soñamos. Nuestros pensamientos subconscientes intentan comunicarse con la consciencia a través de los sueños.

Después de recopilar experiencias de pacientes durante varios años, Freud llegó a la conclusión de que los sueños cumplen deseos. Esto puede observarse sencillamente en los niños, ya que sueñan con helados y juguetes. Pero en el caso del adulto esto es complejo, ya que mientras uno va madurando, comienza a dar rodeos en sus sueños y los deseos se presentan disfrazados. Esto es debido a que también cuando soñamos nuestra mente rige en un estado de censura que decide lo permitido. Este estado de vigila es lo suficientemente fuerte para que en el sueño reprimamos fantasías que no estamos dispuestos a reconocer.  Por lo tanto, se recurre a la interpretación de los sueños.
Tenemos que analizar todos los elementos del sueño con tal de descubrir su verdadero significado. Los elementos de éste pueden variar, ya que pueden contener experiencias de días anteriores, o anécdotas de nuestra infancia. En el caso de una persona enferma (neurológicamente, claro) los debe analizar junto a su terapeuta. Pero ojo, el médico no puede interpretar el sueño sin la ayuda del paciente.

 
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar
Salvador Dalí

Los surrealistas basaron su obra en el psicoanálisis de Freud. Grandes pintores como Dalí retrataban sus propios sueños y los interpretaban. Podríamos concluir que el artista surrealista es un médium o intermediario entre su propio subconsciente


Freud no reclamó haber descubierto fenómenos como la racionalización, represión o las reacciones erróneas. Simplemente fue la primera persona en incorporar estos términos a la psiquiatría.



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miércoles, 11 de mayo de 2016

El Mito de Sísifo

El Mito de Sísifo es un ensayo filosófico escrito por el argelino, de nacionalidad francesa, Albert Camus y publicado en 1942. Considerado como el magnum opus de Camus, trata dos temas en específico: el suicidio, y el absurdo. La filosofía del absurdo es planteada por el autor interrogándonos acerca el valor de la vida, aunque no se enfoca en el nacimiento de éste, sino en sus consecuencias sobre el ser. En menos de doscientas páginas, este tópico es abordado magistralmente; Analiza y ejemplifica el absurdo tanto en situaciones cotidianas, como en novelas y  trabajos de autores clásicos como Shakespeare, Dostoievski y Kafka.

Al comprender el límite racional (y empírico) del ser humano descubrimos el absurdo, como bien lo dice Camus: “[…] esta evidencia es lo absurdo. Es el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena”. Pero éste no nace únicamente ante la insignificancia del hombre frente al universo; el absurdo no obra bajo las leyes de la naturaleza y por consecuente, posee distintos métodos por los cuales se manifiesta, por lo tanto, no hay nada que le impida atrapar al hombre.

¿El absurdo nace en el interior de ser, o en el contacto de éste con el exterior? En ambos, ya que otra representación del absurdo es la confrontación de ideas dentro de uno mismo. Los sentimientos encontrados, la duda. El hombre, sin intermitencias, se halla ante lo irracional: siente el deseo de ser dichoso y obtener conocimiento, aunque comúnmente el segundo se interpone, y a su vez elimina, las posibilidades de conseguir el primero. Conocer la verdad no consiste en confirmar lo agradable que es vivir y las expectativas vinculadas a ésta.


Albert Camus
Nobel de Literatura en 1957

Lo anteriormente mencionado, sirve a modo de introducción al cuestionamiento clave del ensayo y de la filosofía en sí: juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. La alternativa más sencilla (y lógica) para enfrentar esta interrogante sería el suicidio, ya que lo llamado una razón para vivir es a la vez una excelente razón para morir. Pero esto no hace nada más que crear una paradoja, parafraseo a Cioran: si la vida no tiene sentido alguno, mucho menos la muerte. Si alguna frase puede sintetizar la filosofía del pesimista rumano, es esta; ahora citaré al autor de la obra: “El suicidio no es un escape del absurdo, sólo es una confirmación de éste, no es más que rendirse y negarse a buscar una salida”. No existe una respuesta correcta para esta cuestión, por lo tanto depende totalmente de la perspectiva e interpretación de cada lector. Camus nos ofrece otro escape: rebelarse, que el simple acto de vivir se convierta en una manifestación contra el absurdo.

¿Cómo nos rebelaremos? Tal cual como hipotéticamente lo hace Sísifo, explicado en la última parte de este trabajo. Sísifo ha sido castigado por los dioses, ha perdido la vista y ha sido condenado a rodar una gran roca desde la parte baja de una colina hasta la cima, lo cual es un esfuerzo muy grande y penoso. Cuando por fin cumplía con su misión, la piedra capia por su propio peso y rodaba hasta la base de la colina, Sísifo tenía que rehacer su trabajo una y otra vez, por el resto de la eternidad.  No hay trabajo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Las condiciones bajo las cuales trabaja Sísifo representan el absurdo, la carga de nuestra existencia. El filósofo argelino hace énfasis en los instantes posteriores al descenso de Sísifo, cuando por fin ha llegado a la cima, ya que el simple hecho de llegar a ella es suficiente para llenar el corazón de un hombre, debemos imaginar a Sísifo feliz. Pero no sólo debemos imaginarlo dichoso, debemos adoptar su postura ante las circunstancias. Si el mito es trágico, es porque su protagonista tiene conciencia, reconoce que su trabajo carece de significado, El obrero actual trabaja todos los días de su vida bajo las mismas condiciones metafísicas; cualquier labor, logro o suceso mundano será polvo, en el futuro nuestras acciones y experiencias pasadas serán indiferentes y seremos víctimas de lo efímero. Esta no es una conclusión nada optimista, ya que elimina las ilusiones de la trascendencia personal. Sin embargo, para sentirnos dichosos no debemos adoptar ese enfoque hacia el futuro, sino disfrutar de las pequeñas irrelevancias del presente: ser felices por haber llegado a la cima, a pesar de tener que realizar ese arduo recorrido de nuevo. Disfrutar de esos escasos minutos de nuestra vida en los que encontramos la paz y felicidad en nuestro interior.

The Myth Of Sisyphus by Nicci Bedson

Pero esta no es una solución real a la paradoja anteriormente presentada, ahora la interrogante es: ¿Sísifo es realmente feliz? El problema renace, si se es consciente de que la vida no es más que una carga para el hombre, éste considera el suicidio, e inevitablemente volvemos al punto anterior. Normalmente quienes lo cometen están seguros del valor de la vida, aunque sus motivaciones para haber realizado ese acto no están relacionados con ninguna manifestación filosófica; por lo tanto, son víctimas de una muerte sin sentido, de una muerte absurda. En conclusión (un tanto pesimista) para ser felices debemos renunciar a la intelectualidad y a la razón. Se presenta otro inconveniente: no puede existir una sociedad ausente de la razón. Volveríamos a las cavernas y las relaciones humanas se verían alteradas. Seríamos salvajes. Aunque únicamente aparenten ser conjeturas, es inevitable vivir felices en el término literal de la palabra poseyendo un mínimo porcentaje de razón, por más bajo que éste sea. Milan Kundera escribió en la Insoportable Levedad del Ser que las preguntas verdaderamente serias son las que pueden ser formuladas hasta por los niños. Esas preguntas son las que nos agobian y nos hacen infelices. Asimismo, mencionó que el que comienza dudando de nimiedades, termina dudando de la vida misma. No hace falta ser un genio o un sabio para saber que la vida no vale la pena ser vivida, tampoco lo hace falta para saber que aun así debe ser vivida para afrontar esta realidad.

Con este ensayo, Camus se confirma como una de las grandes mentes del siglo XX, a pesar de no autodenominarse fundador, ni mucho menos pionero de la filosofía del absurdo; inclusive declara que su postulado es una recopilación de las ideas de otros pensadores. Sin lugar a dudas, el libro ideal para cuestionar tu existencia. Obligatorio para cualquier interesado en la filosofía.



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