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jueves, 11 de agosto de 2016

Mulholland Drive

La filmografía de David Lynch se caracteriza por emplear elementos surrealistas que añaden ambigüedad a la trama y a su vez explaya el conflicto principal, comúnmente ahondando en la psique de los personajes. Mulholland Drive es uno de los ejemplos más claros de ello, empleando diversas viñetas independientes que terminan uniéndose, por circunstancias externas a los personajes, y presentando un atípico desenlace que da pie a múltiples interpretaciones.

La secuencia inicial muestra a una mujer (Laura Harring) que ha sido secuestrada por sus choferes en la que aparenta ser su propia limosina; no pasa mucho cuando un grupo de adolescentes ebrios que realizaban su trayecto en sentido contrario chocan contra el vehículo donde se efectuaba el secuestro, siendo la mujer, cuyo nombre es hasta ahora desconocido, la única sobreviviente. El accidente ocurrió cerca de Hollywood, en la calle que da nombre a la película; ahora la mujer casi inconsciente emprende un recorrido, únicamente acompañada por su bolsa, hacia los suburbios. Encuentra una casa, presencia la partida de la dueña de la propiedad, y ahora se refugia en ella.

En la siguiente toma Betty, personaje interpretado por Naomi Watts, llega a Hollywood a perseguir su sueño de convertirse una actriz. Se hospedará en la casa de su tía, mientras ella realiza una filmación en Canadá.

Betty llega a la casa y se encuentra a la mujer del accidente, que debido al choque perdió todo conocimiento y terminó en condiciones amnésicas, únicamente recordando que debe tener cuidado de ciertos hombres. Ahora, la mujer se llama a sí misma Rita. La sorpresa de la joven aspirante a actriz es enorme, sin embargo, entabla una estrecha relación con Rita.

Paralelamente, unidades especiales investigan minuciosamente el accidente ocurrido en Mulholland Drive, ya que aparenta estar directamente relacionado con el crimen organizado.

Justin Theroux personifica a un prestigioso director de cine llamado Adam Kesher. Al mando un proyecto bastante ambicioso, busca a una actriz hasta que unos misteriosos hombres ajenos a la industria cinematográfica le exigen que escoja a una mujer en específico. Adam al negarse, es despedido.

Su ira ocasiona que dañe el auto de esos hombres. Se dirige a su hogar y descubre que su pareja lo engaña. Abandona su casa y se hospeda en el hotel de un amigo suyo, horas después, éste la avisa que ha recibido tiene mensaje. Al escuchar la amenaza, presa del pánico llama a su secretaria, ella le notifica que recibió un informe del banco, el cual explica que ya no tiene fondos.


Betty intenta ayudar a Rita a recuperar sus recuerdos, y al abrir su bolso, descubre que tiene muchísimo dinero en efectivo junto a una llave azul en él.

Esto es tan solo la introducción del largometraje estrenado en el 2001. A pesar de estar bombardeado por una gran cantidad de eventos intrigante, esto aún no es nada a comparación de lo que se aproxima.

A pesar de ser clasificada como un thriller psicológico, Mulholland Drive va mucho más lejos y se adentra en la consciencia, lo único que marca los límites de las pretensiones del ser humano. Se ejemplifica la intolerable contradicción de la razón contra el estado moral de un individuo y cómo este problema desmorona a cualquier persona.


El final es asombroso. Transiciones que no parecen tener sentido alguno que rigen como la clave para comprender la película. Abierto a interpretaciones de cualquier tipo, ya sean morales, psicológicas, culturales o filosóficas, proyecta con certeza nuestro propio subconsciente al elegir lo que creemos que ocurrió en la cinta que hizo a Lynch ganador del premio al mejor director en el Festival de Cannes.

Los Ángeles pasan a primer plano siendo retratados magistralmente a partir de los personajes y las distintas situaciones que enfrentan. Mostrando los distintos aspectos de la ciudad de las estrellas, desde sus zonas marginales, hasta las locaciones de la alta sociedad

Una extrema analogía sobre el peso de las decisiones mal tomadas y su repercusión en la integridad emocional.

A pesar de la profundidad de la multitud de temas tratados en la novena película de Lynch, al fin y al cabo es una película de amor; un amor en la ciudad de los sueños.

Si vas a ver esta película debes dejar atrás toda lógica y atreverte a viajar por una montaña rusa emociones y surrealismo cinematográfico.



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viernes, 20 de mayo de 2016

Breve introducción a Freud

Sigmund Freud y su teoría del subconsciente son totalmente imprescindibles si se pretende entender al ser humano.

Nació en 1856 y estudió medicina en la universidad de Viena, ciudad en la que vivió gran parte de su vida. Se especializó en el campo de la neurología hacia finales del siglo XIX, y a inicios del siglo XX elaboró su trascendental psicoanálisis.

Por psicoanálisis entendemos una descripción de la mente humana en sí, un método de tratamiento para enfermedades nerviosas y psíquicas.


Se puede decir que fue Freud quien descubrió el mundo de los instintos del hombre. Él pensaba que siempre existe un conflicto entre los instintos y necesidades del hombre y las demandas del mundo que lo rodea.

Con el mundo de los instintos nos referimos a que no es siempre la razón quien dirige nuestros actos. Son comúnmente impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos y soñamos. Eso no fue un descubrimiento, el mérito de Freud es que demostró que estas necesidades básicas pueden “disfrazarse” u ocultarse, de manera en la que pueden dirigir nuestros actos sin que nos percatemos de ello.

El super-yo

Desde pequeños nos encontramos con las demandas morales del mundo. Cuando hacemos algo malo, nos dicen “qué te pasa, qué malo eres”. Las demandas morales penetran hasta dentro convirtiéndonos en una parte de nosotros mismos, por consecuente, cuando somos mayores seguimos cargando con éstas. Esto es lo que Freud llamó el super-yo.

En lo denominado como super-yo también entra la conciencia, sin embargo, Freud opinaba que éste nos informa cuando tenemos pensamientos y deseos “impuros” o “sucios”. Asimismo, comentó que estos deseos comienzan en la fase temprana de la infancia, estas pequeñas indicaciones sexuales son reprochadas por los padres y esto no hace nada más que generar un sentimiento de culpabilidad relacionado con la sexualidad en general.

El subconsciente

Freud estableció que la consciencia del hombre sólo constituye la pequeña punta del iceberg que es la mente humana. Debajo de la superficie, podemos encontrar al subconsciente.

El subconsciente abarca todas las cosas que hemos reprimido. Es decir, cosas que hemos tratado olvidar ya que nos parecen desagradables, repulsivas, o inclusive, terroríficas. Cuando realizamos esta acción, enviamos nuestros pensamientos hacia el subconsciente.  Este es un mecanismo que funciona en todas las personas, aunque no en todas posee la misma funcionalidad. Reprimir puede causar serias enfermedades nerviosas en un individuo.

Para realizar una analogía sobre lo que es reprimir, utilizaré un ejemplo que el mismo Freud creó para explicar su tesis cuando estuvo dando conferencias en América en 1909:

“Supongamos que en esta sala se encuentra un individuo que se comporta de modo grosero y desvía la atención de esta conferencia, riéndose burlonamente, hablando y haciendo ruidos. Digo que la plática no puede platicar en tales condiciones y unos hombres se levantan y echan al intruso tras un breve forcejeo. Él ha sido reprimido,  yo puedo seguir con mi conferencia. Si han captado, el interior de la sala comprende el consciente y el exterior el subconsciente. Pero ese intruso quiere volver  a entrar y ése es el caso de los pensamientos e impulsos reprimidos. Posteriormente, existe una posibilidad de que lo logre.”

Vivimos con una constante presión de pensamientos reprimidos que luchan por salir a la luz, ya que éstos siempre intentan volver a emerger a la consciencia por su propia iniciativa. De este modo, las reacciones subconscientes pueden dirigir nuestros pensamientos y actos.

Manifestaciones del subconsciente

Existen varias formas por las cuales el subconsciente se manifiesta. La primera de ellas, y la más fácil de explicar es la proyección.

Proyección quiere decir que transferimos a otras personas aspectos negativos que intentamos reprimir en nosotros mismos. Por ejemplo, una persona engreída o idiota no tarda mucho en caracterizar a otros como engreídos, o según sea el caso, idiotas.

Otra manifestación más fácil de explicar: cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que estaba almacenado en el subconsciente y ha emergido de la profundidad de nuestra mente.

La última forma de manifestación de la que escribo hoy, y la más “complicada” de explicar, son los sueños. En su obra más importante, titulada La interpretación de los sueños (1900) dicta que nunca es casual lo que soñamos. Nuestros pensamientos subconscientes intentan comunicarse con la consciencia a través de los sueños.

Después de recopilar experiencias de pacientes durante varios años, Freud llegó a la conclusión de que los sueños cumplen deseos. Esto puede observarse sencillamente en los niños, ya que sueñan con helados y juguetes. Pero en el caso del adulto esto es complejo, ya que mientras uno va madurando, comienza a dar rodeos en sus sueños y los deseos se presentan disfrazados. Esto es debido a que también cuando soñamos nuestra mente rige en un estado de censura que decide lo permitido. Este estado de vigila es lo suficientemente fuerte para que en el sueño reprimamos fantasías que no estamos dispuestos a reconocer.  Por lo tanto, se recurre a la interpretación de los sueños.
Tenemos que analizar todos los elementos del sueño con tal de descubrir su verdadero significado. Los elementos de éste pueden variar, ya que pueden contener experiencias de días anteriores, o anécdotas de nuestra infancia. En el caso de una persona enferma (neurológicamente, claro) los debe analizar junto a su terapeuta. Pero ojo, el médico no puede interpretar el sueño sin la ayuda del paciente.

 
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar
Salvador Dalí

Los surrealistas basaron su obra en el psicoanálisis de Freud. Grandes pintores como Dalí retrataban sus propios sueños y los interpretaban. Podríamos concluir que el artista surrealista es un médium o intermediario entre su propio subconsciente


Freud no reclamó haber descubierto fenómenos como la racionalización, represión o las reacciones erróneas. Simplemente fue la primera persona en incorporar estos términos a la psiquiatría.



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