Culturalmente
se ha aceptado la tesis de que el artista plasma en su obra aspectos
autobiográficos, semblanzas que abruman su existencia y a manera de redención,
los transmite implícitamente al público. Estas representaciones no son
suficientes para terminar con los suplicios intrapersonales, y consecuentemente,
el suicidio emerge como un subterfugio.
Tal es el caso de Virginia Woolf
(1882-1941), una de las principales exponentes del modernismo literario, quien además
sentó las bases de la novela contemporánea. Mujer que se vio atormentada por un
trastorno de bipolaridad. En su novela La
señora Dalloway (1925), Woolf realiza una minuciosa proyección acerca de lo
que no se pudo concebir en relación a su destino.
La historia en sentidos prácticos
prescinde de una trama exterior a la conciencia de los personajes, utilizando
al monólogo interior como un recurso que marca el flujo por el cual se traslada
la lectura. El argumento es sencillo y convencional, sin retazos atípicos ni
frívolos: sigue a una mujer que organiza una fiesta y a los inconvenientes
provocados por dicha planificación.
La narrativa transcurre en un solo día, en un breve plazo que
sintetiza la vida y el porvenir de Clarissa Dalloway. Paralelamente, se
encuentra Septimus Warren Smith, un joven que volvió psíquicamente dañado de la
guerra. La introspección que se efectúa en estos personajes plasma la vida de
Woolf y los eventos, que intermitentemente se presentaron a lo largo de su vida.
Las alusiones autobiográficas en la novela son
evidentes al momento de investigar la semblanza biográfica de la autora y las
repercusiones que distintos eventos beligerantes contra su persona tuvieron
sobre su vida. Asimismo, se justifica la existencia y posterior suicidio de
Septimus, así como la personalidad de Clarissa y su refugio inmaterial en su
propio talento.
Para realizar una interpretación de la obra, es imperativo
conocer los desórdenes emocionales de la autora. El trastorno bipolar II –el
cual Woolf compartía con Septimus– se
caracteriza por la prolongación de episodios depresivos, mientras que las fases
maníacas son moderadas. La introspección presente en la obra de la feminista
inglesa funge como un efecto colateral de este trastorno, ya que a través del
monólogo interior revela en sus personajes un comunicado trascendente en
relación con los procesos creativos y las circunstancias, en cierto punto,
exteriores a la lectura: la consciencia del artista.
A continuación se explaya el paralelismo
entre Virginia Woolf y Septimus, prosiguiendo con Clarissa, personaje que funge
como una probabilidad transversal que la autora pudo aprovechar.
En 1895, con trece años de edad, Woolf es
víctima de su primer colapso nervioso, causado por la muerte de su madre. Dos
años después presentó otro colapso que no tuvo consecuencias interpersonales. Su
tercer –y más dramático– episodio fue
ocasionado por muerte de su padre en 1904, este suceso la conllevó a su primer
intento de suicidio, lanzándose por una ventana, de igual forma, escribe en su
diario sobre las voces que agobian a diario.
Hasta este punto, Septimus expone en la
obra bastantes referencias sobre los sucesos mencionados con anterioridad: al
volver trastornado de la Primera Guerra Mundial debido a la muerte de un
allegado que conoció en el conflicto bélico; las voces dentro de su cabeza
provocan que su percepción se reduzca exclusivamente a su consciencia.
Después de otro intento de suicidio, Woolf
es internada en contra de su voluntad en 1915. Posteriormente, en 1936, alcanza
un periodo de lucidez, al creerse curada por completo. Escribe: «Me he sentido
en conjunto fuerte y animada. ¡Despierto de la muerte –o del no ser– a la vida!»
Esto rememora a los instantes anteriores la
muerte de Septimus, los momentos que corresponden a la felicidad pura, al deseo
de escapar con Rezia y no ser internado por algún doctor. La manía, en términos
psicológicos, se refiere a ese sentimiento extremo de bienestar; por lo tanto,
el conjunto formado por este concepto, sumado a las tendencias psicóticas de
Septimus y a su depresión, da como resultado el diagnóstico intuitivo de un
Trastorno Bipolar II, el mismo que Woolf padecía.
Al inferir que arruinaba la vida de su
pareja, Septimus se suicida lanzándose por una ventana. La autora inglesa se acabó
con su vida en 1941 en el río Ouse; escribió una carta dirigida hacia su marido
Leonard, donde mencionaba que no quería seguir arruinando su vida y que ya no
podía soportar a las voces dentro de su cabeza.
Septimus Warren Smith es una minuciosa
proyección sobre el trágico destino de su autora; retrata los estragos
psicológicos que palidecen a la mente, mientras que todo dentro y fuera del
individuo se desmorona lentamente en una espiral autodestructiva.
En el polo opuesto, se encuentra Clarissa
Dalloway: una mujer de la burguesía que tiene remordimientos par no haber
aprovechado sus oportunidades en el pasado y que oculta su inseguridad y
ausencia de amor propio al organizar fiestas y tomar actitudes pretenciosas ante
los integrantes de la alta sociedad inglesa de la época.
Clarissa dejó atrás a su amante Peter
Walsh y a su mejor amiga Sally Seton por el superficial propósito de obtener
renombre al casarse con Richard Dalloway y establecerse en una gran casa en
Londres. Haber abandonado a esas dos individualidades hizo que la señora
Dalloway se consumiera en aflicción, y progresivamente, perdiera la confianza
en sí misma.
Las figuras que integran el círculo social
de la protagonista de la novela poseen diversas opiniones sobre aquella mujer;
todas esas ideas son complementarias entre sí, pero sólo en los aspectos
negativos de Clarissa: distanciada de su familia, monótona y tendenciosa a la
circunspección, lo cual suprime su personalidad.
La señora Dalloway, al enterarse del
suicidio de Septimus –personaje con el cual ella nunca estableció contacto–
contempla su decisión, hasta el punto de admirarlo. Finalmente, después de un dilema
filosófico, decide proseguir con su vida, a pesar de ser infeliz.
La disgregación interior que Woolf
presentó durante su vida empata con la percepción que formuló con Clarissa
Dalloway; la autora se refugió de sus martirios al escribir y formar parte de
un grupo de connotados intelectuales, mientras que la protagonista de su magnum opus se esconde de la tragedia
personal detrás de sus fiestas.
La contraposición conceptual presente
entre los dos protagonistas de la novela representa la división mental que
afligió a Woolf durante toda su vida; asimismo, el impacto que emocional que
conllevó Clarissa al enterarse de la muerte de Septimus refleja los conflictos
intrapersonales de la autora.
A grandes rasgos, La señora Dalloway busca transmitir la incertidumbre en niveles
sensitivos; todo aquello que carcome lentamente al ser, mientras que éste
presencia su desmoronamiento cognitivo paso a paso, hasta llegar a un plano de
soledad cósmica, donde todo se reduce a una consciencia completamente aislada
de la sociedad.
Bibilografía
Figueroa,
G. (2005). Virginia Woolf: enfermedad
mental y creatividad artística. Recuperado de: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872005001100015
Royal College of Psychiatrists. (2010). Trastorno bipolar (maníaco depresivo). Recuperado de: http://www.sepsiq.org/file/Royal/TRASTORNO%20BIPOLAR.pdf
Imagen recuperada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:George_Charles_Beresford_-_Virginia_Woolf_in_1902.jpg














