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miércoles, 18 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: House of Cards

La primera serie original de Netflix: un drama político cuya primera emisión data de febrero del 2013. La historia sigue al congresista Frank Underwood, interpretado por el dos veces ganador del Premio Oscar, Kevin Spacey; y su lucha por el poder junto a su esposa Claire (Robin Wright). Nada los detendrá hasta que cumplan sus objetivos, a pesar de que en el camino sus acciones no sean éticas ni limpias; como bien cuestionó Napoleón: ¿Qué importa el camino con tal de que se llegue?

Una trama cada vez más emocionante y compleja, que se adentra en la corrupción y avaricia presente en la política. La realidad parece basada en esta ficción (la vida imita al arte): el impeachment de Dilma Rouseff y el huracán –que al final no provocó ningún daño capital– Patricia, son más que coincidencias acerca de la acertada visión política de la serie estadounidense basada en la novela homónima del escritor y también productor de la misma, Michael Dobbs.



Maquiavélico es el término más acertado para definir a un personaje tan complejo como Francis J. Underwood, a pesar de que los adjetivos siniestro, perseverante, ambicioso, despiadado e influyente no le quedan nada mal. Lo mejor de cada capítulo ocurre cuando rompe la cuarta pared y se dirige al público con brillantes soliloquios shakespearianos repletos de metáforas y analogías sobre el poder y la vida misma. Frases emblemáticas junto a la excelente actuación de Spacey nos hacen sentir simpatía por un gobernante autoritarito y perverso, incluso podemos llegar a ser empáticos en ciertos momentos de la serie. Con motivaciones y objetivos bien justificados, no llegamos a desear nada más que su triunfo. Intimidante e inteligente, aparta (de múltiples maneras) a quien se interponga en su camino. Uno de los personajes más emblemáticos y elaborados en la historia de las series, nos hace olvidar los papeles anteriores de este gran actor como Lester en American Beauty (1999), o John Doe de Seven (1997) y únicamente podemos visualizarlo como Frank.

Claire Underwood, un personaje igual de complejo: una mujer que no se satisface con facilidad. Al igual que su esposa, siempre busca llegar más alto, estar en la parte superior de la cadena alimenticia. Como directora de la fundación CWI (Clean Water Iniciative) podemos observar que puede mandar, y que hará lo necesario para triunfar. A pesar de tener motivaciones y un origen distinto al de Frank, forman una mancuerda realmente poderosa.

El drama es planteado rápidamente desde el primer capítulo, después de que el candidato demócrata Garrett Walker gana las elecciones presidenciales gracias a nuestro protagonista, y no le devuelve el favor, al momento de no cumplir su promesa de convertirlo en Secretario de Estado y decide mantenerlo en el congreso. Underwood, enervado, hará lo que sea para destruir a su propio presidente.


Primera escena de la serie

Douglas Stamper es el jefe de personal y mano derecha de Francis. Un individuo que constantemente lucha contra sus demonios y a duras penas sale victorioso. El autor del trabajo sucio.

House of Cards posee un paralelismo impresionante con la política contemporánea. Aunque aparente hacerlo, no nos muestra el lado oscuro de ésta, sino su lado realista. Se tocan conflictos recientes como el terrorismo, el ciberterrorismo, la situación actual de Palestina y problemas algo longevos como la interminable tensión entre Rusia y Estados Unidos, la corrupción y los excesos e hipocresía de los políticos.  No se pretende criticar ni satirizar a los gobiernos actuales, sino representarlos (y lo hacen a la perfección). Quizás deberían advertir que cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia (aunque lamentablemente no sea así). Después de ver las cuatro temporadas, entendemos por qué la democracia está sobrevalorada.

Cada temporada conocemos más a nuestros personajes principales y observamos a un Frank cada vez más terrorífico, menos humano y más ambicioso. Un político más realista. Alguien al que le gusta hacer favores que indirectamente lo benefician a él. Alguien que evitará a toda costa que su yo verdadero salga a la luz.

Aclamada mundialmente por la crítica y por la audiencia, ha logrado obtener fanáticos a la altura de Barack Obama, Wang Qishan (uno de los líderes del partido comunista chino), Manuel Valls (primer ministro de Francia) y Joaquín López Dóriga.

Un final espectacular que nos deja en suspenso y nos mantiene a la espera de la quinta temporada, a pesar de que el showrunner de la serie, Beau Willimon, ya no trabajará en el proyecto.

Es redundante recomendarla, pero advierto que no es una serie para cualquier tipo de público. No es necesario que sepas sobre política para disfrutarla, aunque la trama hasta cierto punto puede parecerle pesada a un espectador neófito.



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viernes, 13 de mayo de 2016

Reseña sin spoilers: El Cuerpo (2012)

Dirigida por Oriol Paulo y estrenada en el 2012, El Cuerpo es una película que cumple con todos los requisitos para ser considerada un thriller. Con un toque Hitchcockiano la trama transcurre durante una efímera noche, presentándonos la investigación de unos inspectores de policía sobre la extraña e inexplicable desaparición del cuerpo de una mujer de la morgue.

La historia nunca cuenta con puntos flojos, las explicaciones y sucesos anteriores a la trama son narradas a la perfección sin caer en detalles insignificantes. Un guion bien elaborado que te hará desear más información acerca de cómo sucedieron los misteriosos eventos presentados en el filme. 

Si algo se debe resaltar, es la calidad narrativa: con maestría todo el conflicto es planteado y resuelto sin dejar ningún cabo suelto ni ninguna incongruencia en la trama.

No se apela al clásico (y sobreexplotado) whodunit. Al comienzo, nos es revelado quién hizo qué y por qué lo hizo; sin embargo, esto no elimina el suspenso, al contrario, lo incrementa a un punto de no tener idea de qué está ocurriendo.

Cinematografía a cargo de Óscar Faura

Una gran dirección a cargo de Paulo que ayuda a enfatizar los sucesos aparentemente independientes de la trama principal y la oscuridad del largometraje español.

Actuaciones buenas a secas. A pesar de no ser memorables cumplen con su cometido de mantener al espectador al filo del asiento e intrigándolo sobre cada terrorífico detalle. La mejor interpretación sin lugar a dudas fue la de José Coronado como el oficial Jaime Peña.

Suspense en su máximo esplendor. Para evitar caer en spoilers o revelar información importante acerca de la trama, utilizaré la definición de suspenso otorgada por Alfred Hitchcock en una conversación con François Truffaut


« […] En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense…. 
Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un whodunit, no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El whodunit suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense….
La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.
Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.”
En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. »

Una definición correspondiente a grandes thrillers, y esta película, a pesar de no entrar en esta categoría, cabe dentro de esa definición.

Lo mejor ocurre en el final: toda la película es resumida en la última escena, en aproximadamente ocho minutos todas nuestra hipótesis son tiradas a la basura y finalmente comprendemos de qué va en realidad la película.

Una película bien lograda, ideal para pasar el rato un poco agobiados. A pesar de entrar en la categoría de películas palomeras, posee escasos defectos cinematográficos (para mí, lo peor es su horrible póster), y cuenta con detalles gratificantes.

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