Este 2016 se cumplieron cuarenta
años del estreno de la ópera prima de
Martin Scorsese, Taxi Driver. Una película
independiente, que contó con menos de dos millones de dólares de presupuesto,
catapultó la carrera de Jodie Foster y del propio Scorsese; ganando la Palma de
Oro y recibiendo cuatro nominaciones a los Premios Oscar, este largometraje es
considerado un clásico del cine.
Robert De Niro personifica a Travis
Bickle, un veterano de guerra mentalmente inestable que sufre de insomnio y
conduce un taxi en el turno nocturno, trabajando de diez a doce horas diarias.
Su taxi recorre toda la ciudad, desde los barrios marginados de Nueva York,
como Bronx y Harlem, hasta las grandes urbes sociales.
Travis se enamora de Betsy (Cybill
Shepherd), una empleada de la propaganda del candidato presidencial Palentine.
Su relación no prospera debido a la extravagante conducta del protagonista.
Después de este suceso, Travis
concluye que ella es como todos los demás, fría y distante. Sus años en la
soledad lo hacen reflexionar, hasta que infiere que él es el hombre solitario
de Dios.
Travis observa durante sus largos
trayectos la decadencia de la sociedad y la «escoria» que la habita. La
violencia, la corrupción y el crimen son retratados con una singularidad única
que convierten al espectador en un personaje que, inevitablemente, no puede
tomar acción para resolver estas problemáticas.
Una noche, una prostituta menor de
edad (Jodie Foster) intenta escapar de su proxeneta subiendo al taxi de Travis,
sin embargo, es retenida en el intento. Este susceso hace sentir al personaje
de Robert De Niro moralmente responsable, y ahora intentará protegerla.
Finalmente, cansado de las
problemáticas sociales relacionadas con el crimen, decide formar parte de la
acción.
Un retrato nihilista sobre la soledad
y la disgregación de la comunidad, repleto de simbolismo y metáforas en los
diálogos que enriquecen el significado implícito de la trama.
Una de las mejores actuaciones de
Robert De Niro, quien realiza uno de los monólogos más conocidos en la historia
del séptimo arte. Su interpretación, convierte a Travis en un personaje extraído de una
película de horror, por el cual, sentimos empatía. Su transformación física
sólo comprende una minúscula parte del gran mérito de esta actuación, sus
gestos y dicción lo son todo. Este personaje significó la consolidación de
Robert De Niro como uno de los mejores actores de la historia.
Jodie Foster, a pesar de sus quince
años, presenta una madurez interpretativa que hizo florecer su carrera y la
convirtió en una actriz reconocida internacionalmente.
Sin la dirección de Martin
Scorsese, Taxi Driver no sería tan
icónica como lo es hoy en día. Su percepción fue el punto clave para que el guion de Paul Schrader cobrase
complejidad.
La narrativa visual es espléndida,
permite que el espectador entienda la historia sin la necesidad de escuchar los
diálogos. Asimismo, transmite el agobio generado por la violencia.
Cada toma, cada plano, y cada
secuencia poseen un significado, ya sea explícito o implícito, que muestra la desintegración
social y racional.
Sin duda alguna, Taxi Driver es una de las mejores
películas en toda la historia del cine. La crítica, la audiencia y el transcurso
del tiempo la ha localizado a la altura de clásicos como 2001: A Space Oddyssey, Vertigo y The Godfather.
Imposible ser indiferente a este
filme, porque al fin y al cabo, es una cinta acerca de la humanidad en sí,
sobre todo lo que este conjunto entremezcla, y acaso, sobre su destino.
Imprescindible para quien se considere
cinéfilo.
***

Diego, qué gusto leerte de esta manera y con estos temas. Efectivamente Taxi Driver es básica para cualquiera que se considere cinéfilo. Estoy sorprendida de tu talento en muchos aspectos. Felicidades.
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