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miércoles, 10 de enero de 2018

RESEÑA: Blackstar - David Bowie

     Hace dos años, el deceso de David Bowie fue objeto de conmoción mediática ya que el haber lanzado el que resultaría ser su último álbum de estudio, Blackstar, dos días antes de este suceso y no haber hecho público su diagnóstico de cáncer de hígado, tomó por sorpresa a millones de personas alrededor del mundo. Tras este suceso, la lírica y la imaginería de Blackstar, inicialmente ininteligibles, cobraron un sentido literario que presenta reminiscencias de la vida privada y la carrera artística del propio Bowie. En una obra de tal magnitud y avidez, cada detalle tiene un significado concreto.

     Para la realización de su último proyecto, Bowie colaboró exclusivamente con músicos de jazz pertenecientes a la vanguardia neoyorquina, y produjo al álbum junto a su antiguo compañero Tony Visconti.



     La canción homónima que inaugura al álbum es la composición más críptica dentro de la discografía de David Bowie. Tras breves segundos de una introducción que erige el tono de la canción, entra una voz robótica junto a la batería. La mítica voz de Bowie reza:

In the villa of Ormen, in the villa of Ormen
Stands a solitary candle, ah ah, ah ah
In the centre of it all, in the centre of it all
Your eyes

     Ormen, en nórdico antiguo significa serpiente. Este ofidio es un símbolo presente en gran parte de las civilizaciones de la antigüedad, debido a esto, la escritora rusa Helena Blavatsky describe a la serpiente como el punto donde se comprende toda la filosofía del universo. Desde esta percepción ocultista, de la cual Bowie era partidario confeso; él, como una vela solitaria en el centro de todo, es omnipresente al borde de la muerte.

     Conforme se desarrolla la canción, un saxofón intermitente interpretando escalas orientales realiza la transición entre los versos y los estribillos de la pieza. Después casi cuatro minutos y la intromisión de un teclado, se presenta un cambio repentino y casi ilógico dentro de la melodía y parece ser el comienzo de una nueva de canción. Ahora la voz de Bowie es natural y musita letras casi ajenas a lo relatado con anterioridad. Blackstar se convierte en una balada en la cual interviene constantemente la voz robótica originaria de la primera parte de la canción. Finalmente, la pieza concluye con el suave sonido de una improvisación de flauta.

     ‘Tis a Pity She Was a Whore comienza con exhalaciones de Bowie a las que se une una batería exaltada y varios solos de saxofón que hasta cierto punto rememoran al free jazz de Ornette Coleman. La lírica utiliza el pronombre she para hacer referencia al tiempo, lo cuál se justifica dentro del contexto del álbum, que fue concebido cuando él ya estaba consciente de la proximidad de su muerte.

     Lazarus, El tercer track de Blackstar, es una de las piezas más icónicas dentro la carrera de David Bowie. El verso inicial de la canción, antecedido por una línea de bajo, por primera vez dentro del álbum hace referencia explícita a su enfermedad y a su propia muerte:

Look up here, I'm in heaven
I've got scars that can't be seen
I've got drama, can't be stolen
Everybody knows me now

     De la misma manera, Bowie hace hincapié en esa concepción de omnipresencia de la cual también habla en la primera estrofa de Blackstar.

     La voz de Bowie, en conjunto con la instrumentación, compone un epitafio que reflexiona acerca de su legado como artista y la liberación que conlleva el morir. Sin embargo, para complementar este mensaje es imperativo observar su video musical:



     Sue (Or in a Season of Crime) presenta una temática diferente: su lírica está basada casi íntegramente en la obra teatral de John Ford. En este caso, el narrador se encuentra en el desasosiego tras haber sido engañado por su esposa. La melodía, agresiva e irreverente, encaja con la ira y la pena del narrador.

     Girl Loves Me es una pieza líricamente experimental, puesto que combina el Nadsat, el lenguaje ficticio de La Naranja Mecánica, con al Polari, un dialecto utilizado en los bares de Londres en los setentas. Una resonante línea de bajo junto a diversos sintetizadores y teclados crea una atmósfera oscura que acompaña al relato de las adicciones y el libertinaje de Bowie en su juventud.

     Dollar Days y I Can’t Give Everything Away son confesiones explícitas sobre los sentimientos encontrados al afrontar su propia muerte: a pesar de que ahora será libre, la sensación de no haber manejado una vida con plenitud incursiona en el arrepentimiento del autor.


     Blackstar es una  obra que respeta la integridad artística de su autor. Pero a su vez, es la confesión de un ser humano que mira fijamente al abismo y afronta su destino.

martes, 31 de enero de 2017

RESEÑA: La La Land

     Habitualmente, las corrientes artísticas tienden a seguir la vanguardia predominante de la época en la cual la obra ha sido concebida. Esto provoca que haya considerables semejanzas entre los elementos presentes de dicho trabajo; no obstante, el resultado, junto con la influencia de sus antecesores y un gran compromiso por parte de los involucrados, puede ser mirífico. Tal es el caso de La La Land (2016), musical dirigido por Damien Chazelle y protagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling.

     La historia sigue a Mia y Sebastian, personajes cuyos encuentros plenamente circunstanciales logran forjar una relación un tanto similar a la de Woody Allen y Diane Keaton en Annie Hall (1976). El idealizado romance de los protagonistas se ve turbado por los objetivos de cada uno de ellos; Mia, una aspirante a actriz, y Sebastian, un músico que anhela abrir su propio bar de jazz. Si bien, lo básico de la trama ha sido visto en múltiples películas, lo esencial de la historia se basa en las decisiones de los personajes y el vínculo de éstas con sus sentimientos; esto efectúa una peculiar atracción hacia la película.


     Todo lo relativo a los aspectos técnicos consigue crear una armonía visual, que en conjunto con la dirección de Chazelle, transmiten un aliento de nostalgia hacia la juventud perdida y la vida que poco a poco se desvanece sin que hayamos cumplido nuestros sueños por completo. La fotografía agrega vivacidad a la narrativa visual al utilizar una amplia gama de colores en cada una de las secuencias. La música se congrega con las escenas enriqueciendo el panorama, y las canciones son utilizadas meticulosamente, sin llegar a abusar de este recurso.


     Las emotivas interpretaciones de Stone y Gosling mantienen el ritmo de la trama, manejando con prudencia el arco argumental de los personajes y demostrando su personalidad sin recurrir a clichés cinematográficos. La química entre los protagonistas es evidente y genera simpatía hacia ellos, causando que en momentos de dualidad, el espectador mantenga opiniones subjetivas conforme a las acciones de Mia y Sebastian.


     La La Land es la redención de Hollywood, y quizás, la revitalización de los musicales; exhibe que aún es posible realizar cine comercial de calidad y llevarlo a las grandes audiencias. Asimismo, presenta añoranza hacia lo común y tradicional en una sociedad de transformaciones radicales.


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