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lunes, 12 de septiembre de 2016

Taxi Driver

Este 2016 se cumplieron cuarenta años del estreno de la ópera prima de Martin Scorsese, Taxi Driver. Una película independiente, que contó con menos de dos millones de dólares de presupuesto, catapultó la carrera de Jodie Foster y del propio Scorsese; ganando la Palma de Oro y recibiendo cuatro nominaciones a los Premios Oscar, este largometraje es considerado un clásico del cine.

Robert De Niro personifica a Travis Bickle, un veterano de guerra mentalmente inestable que sufre de insomnio y conduce un taxi en el turno nocturno, trabajando de diez a doce horas diarias. Su taxi recorre toda la ciudad, desde los barrios marginados de Nueva York, como Bronx y Harlem, hasta las grandes urbes sociales.

Travis se enamora de Betsy (Cybill Shepherd), una empleada de la propaganda del candidato presidencial Palentine. Su relación no prospera debido a la extravagante conducta del protagonista.

Después de este suceso, Travis concluye que ella es como todos los demás, fría y distante. Sus años en la soledad lo hacen reflexionar, hasta que infiere que él es el hombre solitario de Dios.

Travis observa durante sus largos trayectos la decadencia de la sociedad y la «escoria» que la habita. La violencia, la corrupción y el crimen son retratados con una singularidad única que convierten al espectador en un personaje que, inevitablemente, no puede tomar acción para resolver estas problemáticas.

Una noche, una prostituta menor de edad (Jodie Foster) intenta escapar de su proxeneta subiendo al taxi de Travis, sin embargo, es retenida en el intento. Este susceso hace sentir al personaje de Robert De Niro moralmente responsable, y ahora intentará protegerla.

Finalmente, cansado de las problemáticas sociales relacionadas con el crimen, decide formar parte de la acción.



Un retrato nihilista sobre la soledad y la disgregación de la comunidad, repleto de simbolismo y metáforas en los diálogos que enriquecen el significado implícito de la trama.

Una de las mejores actuaciones de Robert De Niro, quien realiza uno de los monólogos más conocidos en la historia del séptimo arte. Su interpretación, convierte a Travis en un personaje extraído de una película de horror, por el cual, sentimos empatía. Su transformación física sólo comprende una minúscula parte del gran mérito de esta actuación, sus gestos y dicción lo son todo. Este personaje significó la consolidación de Robert De Niro como uno de los mejores actores de la historia.

Jodie Foster, a pesar de sus quince años, presenta una madurez interpretativa que hizo florecer su carrera y la convirtió en una actriz reconocida internacionalmente.

Sin la dirección de Martin Scorsese, Taxi Driver no sería tan icónica como lo es hoy en día. Su percepción fue el punto clave para  que el guion de Paul Schrader cobrase complejidad.

La narrativa visual es espléndida, permite que el espectador entienda la historia sin la necesidad de escuchar los diálogos. Asimismo, transmite el agobio generado por la violencia.

Cada toma, cada plano, y cada secuencia poseen un significado, ya sea explícito o implícito, que muestra la desintegración social y racional.

Sin duda alguna, Taxi Driver es una de las mejores películas en toda la historia del cine. La crítica, la audiencia y el transcurso del tiempo la ha localizado a la altura de clásicos como 2001: A Space Oddyssey, Vertigo y The Godfather.

Imposible ser indiferente a este filme, porque al fin y al cabo, es una cinta acerca de la humanidad en sí, sobre todo lo que este conjunto entremezcla, y acaso, sobre su destino.

Imprescindible para quien se considere cinéfilo.



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domingo, 31 de julio de 2016

Conversación en La Catedral - Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa es un escritor peruano nacido en Arequipa en 1936. Con novelas como La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral, la obra comentada en esta reseña; ganó prestigio internacional, y finalmente en el año 2010 fue acreedor del Nobel de Literatura.
Conversación en La Catedral fue publicada en 1969 y utiliza como excusa un fortuito rencuentro entre dos personajes clave, Zavalita y el Zambo Ambrosio, para plantear un complejo argumento que relata la vida en los distintos status sociales durante el «ochenio» dictatorial del general Manuel Odría (1948-1956), y el distinto impacto generado por opresión en cada individuo.

A pesar de morar en los linderos de una novela histórica, no guarda relación alguna con la realidad y no se enfoca en los hechos que presenciaron el ascenso y la caída de este dictador; sino que utiliza a Odría para representar, de una manera un tanto general, a las distintas dictaduras y malos gobiernos que ha enfrentado América Latina a lo largo de la historia. No es necesario tener conocimiento alguno sobre la historia de Perú para entender o disfrutar esta novela.

Más de setecientas páginas para presentar trama estructurada con múltiples diálogos empleados en distintas líneas temporales por personajes que no mantienen una relación directa entre sí. Estas voces finalmente se entrelazan para relatar las sórdidas situaciones que encara cada figura a lo largo de su vida. Los saltos temporales y el transcurso no-lineal de la narrativa es un recurso empleado por otros reconocidos novelistas como Faulkner y Pynchon. A pesar de enriquecer la obra, esto vuelve a la lectura un tanto densa, e inclusive confusa si no se lee con la atención requerida.

El autor señaló que si pudiera rescatar  del fuego una sola de sus obras, sería esta. No está para nada equivocado, ya que en este trabajo abarca fenómenos sociales y sus repercusiones en el ser humano; demuestra que sin importar tu clase social ni tu nivel intelectual puedes tener una vida infeliz repleta de tragedias.

Santiago «Zavalita», un hombre de mediana edad, introduce la lectura con un cuestionamiento que parafrasearé: « ¿en qué momento se arruinó el Perú? ». Después de preguntárselo, se topa a Ambrosio, quien solía ser el chofer de su padre, descubre que ahora se gana la vida en una perrera con un sueldo miserable. Deciden ir a conversar a un bar de mala muerte, La Catedral, ahí mismo indagan sobre lo que ha vida del otro después de tantos años y comienzan una serie de flashbacks para adentrarnos en la tensa biografía de cada individuo presentado en el libro a partir de Santiago y Ambrosio.

Conforme avanza el libro, la pregunta planteada con anterioridad se transforma en una interrogación mucho más profunda « ¿en qué momento me arruiné yo? ». Así, el autor demuestra cómo el frívolo mecanismo de las circunstancias desfavorables y las prematuras decisiones pueden alterar el rumbo de una vida.

Después de la estructura, lo mejor del libro son los arcos argumentales de los personajes. Presenciamos la evolución de cada uno de ellos a través de los años y éstos nos demuestran la decadencia humana y a la degradación social generada por los maquiavélicos fines políticos.

Observamos la pobreza, recorremos por la burocracia, pasamos por la clase media y atravesamos las condiciones más miserables del ser humano para observar desde distinta óptica la naturaleza del humano bajo los estados de la presión social y las llagas que ésta genera en la psicología del hombre.

Conversación en La Catedral es un libro como pocos; abarca una infinidad de temas y, a pesar de estar ambientada en Perú, es una novela transnacional cuyo argumento puede encajar en cualquier nación.

Aunque cuente con una gran extensión y una narrativa compleja, es una lectura que vale la pena y que no deja indiferente a nadie. Eso sí, no es para lectores neófitos; si se quiere leer a Vargas Llosa, recomiendo que se comience por La ciudad y los perros, su primera novela, un libro más corto y menos denso que al igual de ésta, define bien a sus personajes y posee con una estructura magistral.

Una de mis novelas favoritas. Indispensable para comprender al Boom Latinoamericano.  


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