Loving Vincent es una película polaca
estrenada este año que relata la vida de Vincent van Gogh, y se centra en los
últimos años del trágico artista neerlandés. La particularidad del filme es que
para su creación se realizaron alrededor de 65,000 fotogramas pintados al óleo
por más de cien artistas.
El
largometraje dirigido por Hugh Welchman y Dorota Kobiela retrata la figura de van
Gogh a partir de testimonios de los personajes que estuvieron alrededor del
pintor el último año de su vida. De esta manera, construyen una biografía oral acerca de una figura polarizante, aludiendo a
la narrativa de Citizen Kane (1941).
La historia
se desarrolla en 1891, un año después del suicidio de van Gogh. Armand Roulin (a
quien da voz Douglas Booth) recibe el encargo por parte de su padre Joseph, el
antiguo cartero personal de Vincent, de entregar a Theo van Gogh la última
carta escrita por el pintor post-impresionista. Tras visitar París y enterarse
de que Theo ha muerto debido a la sífilis, Armand visita Auvers-sur-Oise, la
comuna donde falleció Vincent, para buscar a algún receptor digno de la carta.
Conforme
avanza la trama, Armand se relaciona con diversos individuos allegados de van
Gogh y su perspectiva acerca del artista, y de los demás personajes de la
historia, se modifica mientras escucha los relatos de los oriundos de
Auvers-sur-Oise.
El hilo
argumental cuenta con dos líneas temporales claramente definidas: el presente, teñido
completamente a color, con Armand Roulin buscando a quién entregarle la carta;
y el pasado, filmado en blanco y negro, que retrata la vida de van Gogh.
A pesar de
retratar la arquetípica vida de uno de los artistas más importantes dentro de
la cultura occidental, Loving Vincent no cae en clichés típicos del
género biográfico. Por otra parte, presenta una narración imparcial e inclusive
da pie a distintas teorías sobre temas que siguen en discusión en la
actualidad, tales como el hipotético homicidio culposo de van Gogh por parte de
un amigo suyo y la pérdida de su oreja.
Los
impresionantes elementos técnicos de la película son infalibles, y en conjunto
con la fluidez de la narrativa y los diálogos, la cinta provee un halo de
familiaridad al espectador. Sin duda, se trata de una producción atemporal que
destaca sobre el montón de películas efímeras que se han estrenado esta década.
Loving Vincent es un experimento
audiovisual sin precedentes que tras siete años de producción culminó como una
obra de arte y como una de las mejores películas de este año.
