martes, 31 de enero de 2017

RESEÑA: La La Land

     Habitualmente, las corrientes artísticas tienden a seguir la vanguardia predominante de la época en la cual la obra ha sido concebida. Esto provoca que haya considerables semejanzas entre los elementos presentes de dicho trabajo; no obstante, el resultado, junto con la influencia de sus antecesores y un gran compromiso por parte de los involucrados, puede ser mirífico. Tal es el caso de La La Land (2016), musical dirigido por Damien Chazelle y protagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling.

     La historia sigue a Mia y Sebastian, personajes cuyos encuentros plenamente circunstanciales logran forjar una relación un tanto similar a la de Woody Allen y Diane Keaton en Annie Hall (1976). El idealizado romance de los protagonistas se ve turbado por los objetivos de cada uno de ellos; Mia, una aspirante a actriz, y Sebastian, un músico que anhela abrir su propio bar de jazz. Si bien, lo básico de la trama ha sido visto en múltiples películas, lo esencial de la historia se basa en las decisiones de los personajes y el vínculo de éstas con sus sentimientos; esto efectúa una peculiar atracción hacia la película.


     Todo lo relativo a los aspectos técnicos consigue crear una armonía visual, que en conjunto con la dirección de Chazelle, transmiten un aliento de nostalgia hacia la juventud perdida y la vida que poco a poco se desvanece sin que hayamos cumplido nuestros sueños por completo. La fotografía agrega vivacidad a la narrativa visual al utilizar una amplia gama de colores en cada una de las secuencias. La música se congrega con las escenas enriqueciendo el panorama, y las canciones son utilizadas meticulosamente, sin llegar a abusar de este recurso.


     Las emotivas interpretaciones de Stone y Gosling mantienen el ritmo de la trama, manejando con prudencia el arco argumental de los personajes y demostrando su personalidad sin recurrir a clichés cinematográficos. La química entre los protagonistas es evidente y genera simpatía hacia ellos, causando que en momentos de dualidad, el espectador mantenga opiniones subjetivas conforme a las acciones de Mia y Sebastian.


     La La Land es la redención de Hollywood, y quizás, la revitalización de los musicales; exhibe que aún es posible realizar cine comercial de calidad y llevarlo a las grandes audiencias. Asimismo, presenta añoranza hacia lo común y tradicional en una sociedad de transformaciones radicales.


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