Cormac McCarthy nació en Rhode
Island, Estados Unidos en 1933. Su vida está envuelta en un halo de misterios:
no concede entrevistas, se rumorea que vivió bajo una torre de perforación
petrolífera y que en su juventud fue un mendigo. Hoy en día es considerado como
uno de los escritores más importantes de la literatura contemporánea, pero no
solo de Estado Unidos, sino del mundo entero. El día de hoy escribo sobre su magnum opus: Meridiano de sangre. Una novela que sólo puedo definir con una
palabra: sublime.
Blood Meridian (or the evening redness in the west) fue
publicado en 1985 y sigue la historia de El
Chico, un niño de catorce años cuyo padre es alcohólico y su madre ha
muerto recientemente. Debido a estas circunstancias, nuestro personaje huye de
su casa y emprende una travesía sin destino; hasta que cinco años después es
reclutado por la pandilla de Glanton, un grupo de mercenarios –antiguos militantes
de la guerra entre México y EEUU– contratados por el gobierno chihuahuense para
masacrar indígenas y escalpar el cuero cabelludo de éstos, para llevarlos al
gobernador Ángel Trias y recibir su paga.
Una novela que utiliza un suceso
histórico como herramienta para retratar la violencia y la maldad humana. La
pandilla de John Glanton existió en realidad, y su misión fue la mencionada en
la breve sinopsis de arriba. Fueron contratados en 1849, y para ganar dinero
con mayor facilidad asesinaban a tribus pacíficas y ciudadanos mexicanos.
Posteriormente el Estado le puso precio a su cabeza (en la novela, ocho mil
pesos). Junto a su pandilla tuvo que huir a Sonora, y después se desplazaron a
lo que ahora es Arizona.
Gran parte del libro (por no decir
que su totalidad) está repleto de sangre y masacres que se presentan en
brevedad: apenas en la segunda página El Chico recibe un disparo en la espalda,
justo debajo del corazón. Conforme pasan las páginas, sucesos más
estremecedores son presenciados por este personaje. Cada capítulo se vuelve más
oscuro, incluyendo masacres múltiples, decapitaciones y violentos asesinatos;
hasta llegar al perturbador final. El título de Meridano de sangre se lo tiene
bien merecido.
El Chico tiene un gran arco
argumental, con una evolución bastante prometedora. A pesar de ser un antihéroe
y convertirse en un criminal, no pierde su bondad ni su solidaridad. Pero es en
realidad un falso protagonista, ya
que a pesar de su relevancia en la lectura, hay otro personaje que podríamos
definirlo como la novela en sí: el juez Holden.
El juez Holden es el líder
espiritual de la pandilla de Glanton y el verdadero personaje principal del
libro. Es un hombre calvo y gigantesco. Nunca duerme, mutila niños por gusto, y
colecciona aves muertas. Este personaje es maldad pura, no sigue los ideales de
nadie y su falta de empatía lo hace terrorífico. Sus parlamentos presentan una
filosofía que contempla a la guerra como máxima deidad, aquí un par de diálogos
del capítulo XVII como muestra de ello:
“War is the truest form of divination. It is the testing of one’s will and the will of another within that larger will which because it binds them is therefore forced to select. War is the ultimate game because war is at last a forcing of the unity of existence. War is god ”.
Explícitamente menciona que la
guerra es dios. Este es tan solo un fragmento del gran diálogo de este
trascendente capítulo, que funge como un medio para descubrir la personalidad
de este escabroso villano, un individuo que no responde a ninguna moral y no
cree en ningún principio ético. Sin duda alguna, el personaje más malévolo que
he conocido por medio de la literatura.
Además del juez, otro de los puntos
más impresionantes de esta distorsión de novela histórica es el paisaje.
McCarthy utiliza un léxico complejo y oraciones bastante largas con pocas comas
para relatar con exactitud el desierto y la frontera entre Estados Unidos y
México en 1849. Un logro estético, ya que transforma en belleza locaciones
bastante bizarras (en el sentido anglosajón de la palabra).
La pluma del nacido en Rhode Island
no se limita a la descripción del ambiente, va más allá y redacta magistralmente
prácticamente todo lo que ocurre, hasta el punto de parecer poesía en prosa.
Cabe mencionar que el autor no utiliza guiones para los diálogos, pero esto no
causa confusión, ya que cada personaje es desarrollado tan meticulosamente que
inmediatamente sabes quién está hablando.
El tercer punto a destacar (a pesar
de que esto se lea sádico) es la violencia, la sangre. Un punto de vista
totalmente diferente para manejar este tema que siempre ha acompañado a la
humanidad, mostrando sus atrocidades mientras se le alaba.
Una vez que se ha emprendido la
lectura, nos cuestionamos en qué género en específico puede encajar. No es una
novela histórica, ya que los sucesos retratados no rigen el eje central del
libro. Creo que la etiqueta más aproximada sería la de western, pero ese término se queda corto y más allá de él podríamos catalogar esta novela
como un western neo-bíblico con
semejanzas estéticas a La Ilíada de Homero.
La mejor novela de McCarthy, por
mucho. Ni La carretera (novela que lo
hizo acreedor del Pulitzer en el 2007), ni No Country For Old Men (que fue adaptada cinematográfica por los hermanos Coen
y recibió cuatro Premios Oscar, entre ellos el de mejor película) están a la altura
de esta epopeya sanguinaria.
No es la novela ideal para adentrarse
en la obra de McCarthy, – es recomendable comenzar con los dos textos mencionados
en el párrafo anterior– sin embargo, es un libro que en algún punto de tu vida debes leer.
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