sábado, 27 de agosto de 2016

Los olvidados

Hablar de Luis Buñuel es hablar sobre una de las personalidades más relevantes de toda la historia del cine. Entre 1929 y 1977 dirigió más de treinta películas caracterizadas por emplear elementos freudianos y pasajes surrealistas que formularon un único y reconocido estilo creativo que influyó a directores como David Lynch, Pedro Almodóvar y Alfred Hitchcock.

A causa de las dificultades provocadas por sus veredictos políticos y la censura franquista, gran parte de la obra de Buñuel fue filmada en Francia y México, nación donde dirigió y escribió Los olvidados, cinta que marca su hito artístico.

Los olvidados, estrenada en 1950, sigue la historia de varios niños en la Ciudad de México. Entre ellos destacan Jaibo, un adolescente que se escapa de la correccional y se reúne con su pandilla, integrada principalmente por Pedro, un niño despreciado por su madre que se gana la vida en las calles; por otro lado está el “Ojitos”, personaje aparentemente ajeno a la pandilla, es abandonado por su padre y acompaña a Don Caramelo, un mendigo ciego.




Un retrato de la desolación que muestra una cruda realidad que siempre ha subsistido en las zonas marginales de las grandes urbes sociales. Este conflicto es comúnmente ignorado por las grandes masas e incrementado por la inacción política.

En este caso, el efecto de la pobreza en los jóvenes es ejemplificada con la distinta gama personajes que representa a miles de niños que han sufrido de la inadvertencia de sus padres, y de la sociedad.

La narrativa es el punto más fuerte de la cinta, enfocándose implícitamente en la consciencia de los personajes y sus conflictos, tanto con el entorno en cual han sido criados, como consigo mismos.

Un guion polivalente que exhibe la urbanización de la Ciudad de México gracias al naciente fenómeno económico denominado El milagro mexicano, proveniente del estímulo positivo de La Segunda Guerra Mundial en la nación. Asimismo, muestra los distintos polos generados por la remodelación de toda una ciudad.

A pesar de sus tintes neorrealistas, Los olvidados no está exenta de los fragmentos oníricos que dieron forma a la filmografía de Buñuel; estos pasajes enriquecen el desarrollo de los personajes y nos adentran en su consciencia.

Cabe resaltar la secuencia del sueño de Pedro, que demuestra su aflicción maternal y su sentido de culpabilidad.

Cada encuadre posee una concepción metafórica que se adentra en cuestiones más  profundas como la muerte y complejos psicológicos. La psique humana es estudiada a partir de las reacciones de los distintos personajes según las circunstancias y sus propósitos.

Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray (1890) menciona que no los libros catalogados como inmorales son aquellos que muestra al mundo su realidad; y este aforismo no sólo aplica para los libros, sino para todo el conjunto que comprende el arte. Puede que Los Olvidados sea un ejemplo de ello, ya que después de cuatro días de su estreno la película fue removida de las carteleras, causado por las violentas reacciones provocadas en México. Un año después, Buñuel recibe el premio a mejor director en el Festival de Cannes, y la película es reestrenada con una gran recaudación en la taquilla mexicana.

Si bien Los olvidados no pude ser considerada ni neorrealista ni surrealista, se puede denominar como un ejemplo del “cine de la crueldad”. Buñuel proporciona imágenes de lisiados siendo golpeados sin pretender causar compasión en el espectador. Contrariamente, busca añadir insensibilidad al presentar al ciego como un avaro y lujurioso viejo, eligiendo a Miguel Inclán, actor mexicano reconocido por sus papeles como antagonista, para interpretar a Don Caramelo.

Esta película junto a El Mago de Oz (1939), Metrópolis (1927), y toda la filmografía de los hermanos de los hermanos Lumière, son las únicas piezas cinematográficas que han sido consideradas por la UNESCO como Memoria del Mundo.

Sólo se puede saber si una película es buena cuando ésta intenta transmitir un mensaje, cuando intenta agitar las ideas antes concebidas del espectador al introducir paroxismos emocionales, o hacerlo ver el mundo desde otra percepción. Los olvidados es una película que logra esto y va más allá de lo que recurrentemente busca el cine.


Una joya no sólo de la filmografía de Buñuel, sino del séptimo arte.

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