Hablar de Luis Buñuel es hablar
sobre una de las personalidades más relevantes de toda la historia del cine. Entre
1929 y 1977 dirigió más de treinta películas caracterizadas por emplear elementos
freudianos y pasajes surrealistas que formularon un único y reconocido estilo creativo
que influyó a directores como David Lynch, Pedro Almodóvar y Alfred Hitchcock.
A causa de las dificultades
provocadas por sus veredictos políticos y la censura franquista, gran parte de
la obra de Buñuel fue filmada en Francia y México, nación donde dirigió y
escribió Los olvidados, cinta que marca
su hito artístico.
Los olvidados, estrenada en 1950, sigue la historia de varios niños
en la Ciudad de México. Entre ellos destacan Jaibo, un adolescente que se
escapa de la correccional y se reúne con su pandilla, integrada principalmente
por Pedro, un niño despreciado por su madre que se gana la vida en las calles; por
otro lado está el “Ojitos”, personaje aparentemente ajeno a la pandilla, es abandonado
por su padre y acompaña a Don Caramelo, un mendigo ciego.
Un retrato de la desolación que
muestra una cruda realidad que siempre ha subsistido en las zonas marginales de
las grandes urbes sociales. Este conflicto es comúnmente ignorado por las
grandes masas e incrementado por la inacción política.
En este caso, el efecto de la
pobreza en los jóvenes es ejemplificada con la distinta gama personajes que
representa a miles de niños que han sufrido de la inadvertencia de sus padres,
y de la sociedad.
La narrativa es el punto más fuerte
de la cinta, enfocándose implícitamente en la consciencia de los personajes y
sus conflictos, tanto con el entorno en cual han sido criados, como consigo
mismos.
Un guion polivalente que exhibe la
urbanización de la Ciudad de México gracias al naciente fenómeno económico
denominado El milagro mexicano, proveniente del estímulo positivo de La Segunda
Guerra Mundial en la nación. Asimismo, muestra los distintos polos generados
por la remodelación de toda una ciudad.
A pesar de sus tintes neorrealistas,
Los olvidados no está exenta de los fragmentos
oníricos que dieron forma a la filmografía de Buñuel; estos pasajes enriquecen
el desarrollo de los personajes y nos adentran en su consciencia.
Cabe resaltar la secuencia del
sueño de Pedro, que demuestra su aflicción maternal y su sentido de
culpabilidad.
Cada encuadre posee una concepción metafórica
que se adentra en cuestiones más
profundas como la muerte y complejos psicológicos. La psique humana es
estudiada a partir de las reacciones de los distintos personajes según las
circunstancias y sus propósitos.
Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray (1890) menciona que no los libros
catalogados como inmorales son aquellos que muestra al mundo su realidad; y
este aforismo no sólo aplica para los libros, sino para todo el conjunto que
comprende el arte. Puede que Los
Olvidados sea un ejemplo de ello, ya que después de cuatro días de su
estreno la película fue removida de las carteleras, causado por las violentas
reacciones provocadas en México. Un año después, Buñuel recibe el premio a
mejor director en el Festival de Cannes, y la película es reestrenada con una
gran recaudación en la taquilla mexicana.
Si bien Los olvidados no pude ser considerada ni neorrealista ni
surrealista, se puede denominar como un ejemplo del “cine de la crueldad”.
Buñuel proporciona imágenes de lisiados siendo golpeados sin pretender causar
compasión en el espectador. Contrariamente, busca añadir insensibilidad al
presentar al ciego como un avaro y lujurioso viejo, eligiendo a Miguel Inclán,
actor mexicano reconocido por sus papeles como antagonista, para interpretar a
Don Caramelo.
Esta película junto a El Mago de Oz (1939), Metrópolis (1927), y toda la filmografía
de los hermanos de los hermanos Lumière, son las únicas piezas cinematográficas
que han sido consideradas por la UNESCO como Memoria del Mundo.
Sólo se puede saber si una película
es buena cuando ésta intenta
transmitir un mensaje, cuando intenta agitar las ideas antes concebidas del
espectador al introducir paroxismos emocionales, o hacerlo ver el mundo desde
otra percepción. Los olvidados es una
película que logra esto y va más allá de lo que recurrentemente busca el cine.
Una joya no sólo de la filmografía
de Buñuel, sino del séptimo arte.
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