lunes, 4 de julio de 2016

El sabor de las cerezas

El día de hoy murió en París el cineasta iraní Abbas Kiarostami. A razón de este trágico suceso, el día de hoy reseñaré el largometraje que lo hizo ganador de la Palma de Oro en 1997: El sabor de las cerezas.

Un hombre de mediana edad conduce por Teherán en busca de alguien que le realice cierto trabajo. Durante sus conversaciones con los distintos candidatos (un soldado, un seminarista, y un taxidermista turco) conocemos su propósito: su plan es suicidarse y necesita a otro hombre que entierre su cuerpo. El argumento es sencillo; sin embargo, está cargado de filosofía y reflexiones acerca del suicidio por parte de los tres personajes que fueron escogidos por el señor Badii.

Es redundante mencionar que el tema central tratado por Kiarostami es el suicidio, aun así, cabe mencionar que este es analizado por los personajes de una manera distinta. El joven soldado se asusta después al enterarse de su deber; El seminarista utiliza argumentos religiosos para no cumplir con su trabajo e intentar que el señor Badii cambie de parecer; el viejo taxidermista acepta se compromete a realizar esta misión ya que necesita el dinero, pero recita un monólogo bastante interesante sobre el suicidio y su experiencia personal con él: un día, decidió acabar con su vida. Tomó una cuerda, y al anochecer fue a unos árboles a colgarse. Subió a atar la cuerda, y descubrió que aquellos árboles eran cerezos. Probó una cereza, un último bocadillo antes de morir. Estaba deliciosa. Comió más cerezas hasta que unos niños llegaron y le pidieron que agitara el árbol para poder recolectar cerezas. Al amanecer, regresó a casa con estos frutos.

Cada acción de los distintos personajes representa el pensamiento de tres clases de personas, los militares, los religiosos (independientemente de la religión, ya que todas condenan el suicidio), y el hombre civil. Podemos inferir que Kiarostami ve a los soldados como unos cobardes, ya que aunque tengan el valor de utilizar una pistola, no pueden afrontar la muerte. Del seminarista observamos que antepone al Corán sobre cualquier situación, utilizando los mismos sermones de siempre con apatía. El civil intenta, como los individuos anteriores, convencer al hombre que no se mate, aunque si esta es su decisión, cumplirá su prometido y no lo traicionará.

De la anécdota del taxidermista podemos corroborar que en el apego de un hombre a la vida hay algo más fuerte que en todas las miserias del mundo. Aquél parlamento hizo que Badii dudara sobre su intención.

Las cerezas fungen como una metáfora, ya que en Irán, son un fruto poco común y muy difícil de hallar; representan el balance entre lo agrio y lo dulce de la vida.

Badii es un hombre que cree que la vida ya no tiene sentido para él. No son revelados los hechos que lo influyen a cometer esto, pero entendemos que es alguien que sufre en demasía y tiene algún problema. Piensa estar seguro del sentido de la existencia.

La cinematografía es bastante sencilla, sigue al protagonista (Homayon Ershadi) paseando en su Range Rover por las afueras de la ciudad buscando a una persona. Esto ocasiona que la película sea lenta, se le debe tener paciencia y disfrutar de cada diálogo. No es recomendada para cualquier persona.

El final es el equivalente artístico al test de Rorschach, ya que como es abierto, hace que te proyectes en este polémico tema, y decidas sobre el destino del personaje. ¿Habrá abandonado el sabor de las cerezas?

La película se encuentra completa en YouTube (asimismo, se encuentra en esta entrada) con buena calidad, y subtítulos en español.

Una cinta que si logras apreciar, conservará un lugar en tu mente.






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