The Witch es una cinta “de horror” ambientada en la época
colonial de Nueva Inglaterra. Estrenada en el 2015, bajo la dirección del
norteamericano Robert Eggers, se presenta una historia completamente distinta a
lo que hoy en día nos tiene acostumbrado el horror comercial (películas como El Conjuro, Actividad Paranormal, etc.)
Una familia extremadamente
cristiana es exiliada de su pueblo, consecuentemente, se trasladan a un tétrico
bosque aislado de cualquier rastro de civilización. Poco después de establecerse
en su pequeña granja, su bebé desaparece en el momento que se encontraba jugando
con Thomasin, nuestra protagonista. La madre (Kate Dickie) a razón de la muerte
hipotética de su hijo menor, sufre una severa depresión, la cual la mantiene
día y noche llorando y arrepintiéndose. Para aumentar las penas, la cosecha de
maíz se pudre y hace que los seis integrantes de la familia tengan que regular
sus alimentos y buscar alternativas para sobrevivir.
Desde la primera escena se da pie a
los distintos conflictos presentes en el filme. Ahora que aparentemente Thomasin
(Anya Taylor-Joy) ha perdido al bebé, su madre la empieza a acusar de
responsable de todos los males que prosiguen. Un ambiente de tensión en el
propio hogar es realmente el
significado de The Witch. Los dos
gemelos, llamados Jonas y Mercy, irritan a sus padres y hermanos; mientras
Caleb, el hermano de en medio, en plena etapa de maduración, observa con perversión
a su hermana mayor. Wiliam, el padre interpretado por Ralph Ineson, observa con
impotencia lo que ocurre a su alrededor.
Impresionante en aspectos técnicos,
tanto en fotografía (a cargo de Jarin Blaschke), como en la inquietante
musicalización que crea intriga en el espectador.
El punto más fuerte se halla en la
ambientación, la trama se desarrolla a lo largo de 1620 y utiliza puntos que
refuerzan esto. Los actores utilizan un acento extraño y hablan el inglés
antiguo. La cinematografía y los filtros utilizados durante la edición nos
transportan a la época colonial; al igual que la particular filosofía de los
personajes y su fanatismo religioso.
La película está repleta de simbolismos,
los cuales obligan al espectador investigar un poco sobre las brujas para
ampliar la experiencia. El ejemplo más sencillo es la cabra negra (Black Philip)
que representa a Satanás. Al conocer estos detalles, la historia cobra mayor
sentido y ata los posibles cabos sueltos del polémico final.
No se recurre a los sobreexplotados
screamers, no se intenta sacar un
susto a la audiencia por medio de sonidos estridentes o gritos inesperados; al
contrario, se desarrolla la trama al punto que te mantienes al borde del
asiento para ver qué pasará a continuación.
La película nos hace formularnos una
película acerca de la misma: ¿a qué género pertenece? Catalogada comercialmente
como terror, no cumple los requisitos para obtener esa clasificación, no se
intenta asustar al público ni causarle disgusto. Tampoco podemos decir que es
suspenso, ya que no se presenta ningún tipo de ironía dramática en la cual los
personajes no saben lo que ocurre y nosotros sí (la esencia del suspense). Quizás lo más correcto es
decir que es cine de arte, ya que se utiliza una analogía (en este caso, la
brujería) para retratar un problema que aqueja a la sociedad, mientras se
utilizan recursos narrativos innovadores en su género para alejarse del cine
comercial y además, es una película
independiente.
Inolvidables fotogramas que nos
recuerdan a clásicos como El Exorcista,
y crean disgusto y apreciación simultáneamente.
Una gran dirección en el debut cinematográfico
de Eggers, quien con poco presupuesto a su alcance, utilizó alternativas al CGI
(Computer-generated Imagery) para hacer una cinta visualmente espléndida. Gran
parte de su trabajo se observa en los jóvenes actores, que con menos de doce
años, dan una gran interpretación.
Una película que retrata con un
toque oscuro los problemas familiares, y utiliza elementos sobrenaturales para
agregar dramatismo. Una de las mejores películas de terror en los últimos
quince años.
***


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