La primera serie original de
Netflix: un drama político cuya primera emisión data de febrero del 2013. La
historia sigue al congresista Frank Underwood, interpretado por el dos veces
ganador del Premio Oscar, Kevin Spacey; y su lucha por el poder junto a su
esposa Claire (Robin Wright). Nada los detendrá hasta que cumplan sus objetivos,
a pesar de que en el camino sus acciones no sean éticas ni limpias; como bien cuestionó Napoleón: ¿Qué importa el camino con
tal de que se llegue?
Una trama cada vez más
emocionante y compleja, que se adentra en la corrupción y avaricia presente en
la política. La realidad parece basada en esta ficción (la vida imita al arte): el impeachment
de Dilma Rouseff y el huracán –que al final no provocó ningún daño capital–
Patricia, son más que coincidencias acerca de la acertada visión política de la
serie estadounidense basada en la novela homónima del escritor y también productor
de la misma, Michael Dobbs.
Maquiavélico es el término más
acertado para definir a un personaje tan complejo como Francis J. Underwood, a
pesar de que los adjetivos siniestro, perseverante, ambicioso, despiadado e
influyente no le quedan nada mal. Lo mejor de cada capítulo ocurre cuando rompe
la cuarta pared y se dirige al público con brillantes soliloquios shakespearianos
repletos de metáforas y analogías sobre el poder y la vida misma. Frases
emblemáticas junto a la excelente actuación de Spacey nos hacen sentir simpatía
por un gobernante autoritarito y perverso, incluso podemos llegar a ser
empáticos en ciertos momentos de la serie. Con motivaciones y objetivos bien justificados,
no llegamos a desear nada más que su triunfo. Intimidante e inteligente, aparta
(de múltiples maneras) a quien se interponga en su camino. Uno de los
personajes más emblemáticos y elaborados en la historia de las series, nos hace
olvidar los papeles anteriores de este gran actor como Lester en American
Beauty (1999), o John Doe de Seven (1997) y únicamente podemos visualizarlo
como Frank.
Claire Underwood, un personaje
igual de complejo: una mujer que no se satisface con facilidad. Al igual que su
esposa, siempre busca llegar más alto, estar
en la parte superior de la cadena alimenticia. Como directora de la
fundación CWI (Clean Water Iniciative) podemos observar que puede mandar, y que
hará lo necesario para triunfar. A pesar de tener motivaciones y un origen
distinto al de Frank, forman una mancuerda realmente poderosa.
El drama es planteado rápidamente
desde el primer capítulo, después de que el candidato demócrata Garrett Walker
gana las elecciones presidenciales gracias a nuestro protagonista, y no le
devuelve el favor, al momento de no cumplir su promesa de convertirlo en
Secretario de Estado y decide mantenerlo en el congreso. Underwood, enervado, hará
lo que sea para destruir a su propio presidente.
Primera escena de la serie
Douglas Stamper es el jefe de personal
y mano derecha de Francis. Un individuo que constantemente lucha contra sus
demonios y a duras penas sale victorioso. El autor del trabajo sucio.
House of Cards posee un
paralelismo impresionante con la política contemporánea. Aunque aparente
hacerlo, no nos muestra el lado oscuro
de ésta, sino su lado realista. Se tocan conflictos recientes como el
terrorismo, el ciberterrorismo, la situación actual de Palestina y problemas
algo longevos como la interminable tensión entre Rusia y Estados Unidos, la
corrupción y los excesos e hipocresía de los políticos. No se pretende criticar ni satirizar a los
gobiernos actuales, sino representarlos (y lo hacen a la perfección). Quizás
deberían advertir que cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia
(aunque lamentablemente no sea así). Después de ver las cuatro temporadas,
entendemos por qué la democracia está sobrevalorada.
Cada temporada conocemos más a
nuestros personajes principales y observamos a un Frank cada vez más terrorífico,
menos humano y más ambicioso. Un
político más realista. Alguien al que le gusta hacer favores que indirectamente
lo benefician a él. Alguien que evitará a toda costa que su yo verdadero salga a la luz.
Aclamada mundialmente por la
crítica y por la audiencia, ha logrado obtener fanáticos a la altura de Barack
Obama, Wang Qishan (uno de los líderes del partido comunista chino), Manuel
Valls (primer ministro de Francia) y Joaquín López Dóriga.
Un final espectacular que nos
deja en suspenso y nos mantiene a la espera de la quinta temporada, a pesar de
que el showrunner de la serie, Beau
Willimon, ya no trabajará en el proyecto.
Es redundante recomendarla, pero advierto que no es una serie para cualquier tipo de público. No es necesario que sepas sobre política para disfrutarla, aunque la trama hasta cierto punto puede parecerle pesada a un espectador neófito.
***

molas mogoño uribe
ResponderBorrar#URIBELIVER
molas mogoño uribe
ResponderBorrar#URIBELIVER
Una de mis series favoritas! Me recordaste las cuatro temporadas. Excelente reseña!
ResponderBorrarUna de mis series favoritas! Me recordaste las cuatro temporadas. Excelente reseña!
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