La filmografía de David Lynch se
caracteriza por emplear elementos surrealistas que añaden ambigüedad a la trama
y a su vez explaya el conflicto principal, comúnmente ahondando en la psique de
los personajes. Mulholland Drive es uno
de los ejemplos más claros de ello, empleando diversas viñetas independientes
que terminan uniéndose, por circunstancias externas a los personajes, y presentando
un atípico desenlace que da pie a múltiples interpretaciones.
La secuencia inicial muestra a una
mujer (Laura Harring) que ha sido secuestrada por sus choferes en la que
aparenta ser su propia limosina; no pasa mucho cuando un grupo de adolescentes ebrios
que realizaban su trayecto en sentido contrario chocan contra el vehículo donde
se efectuaba el secuestro, siendo la mujer, cuyo nombre es hasta ahora
desconocido, la única sobreviviente. El accidente ocurrió cerca de Hollywood,
en la calle que da nombre a la película; ahora la mujer casi inconsciente
emprende un recorrido, únicamente acompañada por su bolsa, hacia los suburbios.
Encuentra una casa, presencia la partida de la dueña de la propiedad, y ahora
se refugia en ella.
En la siguiente toma Betty,
personaje interpretado por Naomi Watts, llega a Hollywood a perseguir su sueño
de convertirse una actriz. Se hospedará en la casa de su tía, mientras ella
realiza una filmación en Canadá.
Betty llega a la casa y se
encuentra a la mujer del accidente, que debido al choque perdió todo
conocimiento y terminó en condiciones amnésicas, únicamente recordando que debe
tener cuidado de ciertos hombres. Ahora, la mujer se llama a sí misma Rita. La
sorpresa de la joven aspirante a actriz es enorme, sin embargo, entabla una
estrecha relación con Rita.
Paralelamente, unidades especiales
investigan minuciosamente el accidente ocurrido en Mulholland Drive, ya que aparenta estar directamente relacionado
con el crimen organizado.
Justin Theroux personifica a un
prestigioso director de cine llamado Adam Kesher. Al mando un proyecto bastante
ambicioso, busca a una actriz hasta que unos misteriosos hombres ajenos a la
industria cinematográfica le exigen que escoja a una mujer en específico. Adam
al negarse, es despedido.
Su ira ocasiona que dañe el auto de
esos hombres. Se dirige a su hogar y descubre que su pareja lo engaña. Abandona
su casa y se hospeda en el hotel de un amigo suyo, horas después, éste la avisa
que ha recibido tiene mensaje. Al escuchar la amenaza, presa del pánico llama a
su secretaria, ella le notifica que recibió un informe del banco, el cual explica
que ya no tiene fondos.
Betty intenta ayudar a Rita a recuperar sus recuerdos, y al abrir su bolso, descubre que tiene muchísimo dinero en efectivo junto a una llave azul en él.
Esto es tan solo la introducción
del largometraje estrenado en el 2001. A pesar de estar bombardeado por una gran
cantidad de eventos intrigante, esto aún no es nada a comparación de lo que se
aproxima.
A pesar de ser clasificada como un
thriller psicológico, Mulholland Drive
va mucho más lejos y se adentra en la consciencia, lo único que marca los
límites de las pretensiones del ser humano. Se ejemplifica la intolerable
contradicción de la razón contra el estado moral de un individuo y cómo este
problema desmorona a cualquier persona.
El final es asombroso. Transiciones
que no parecen tener sentido alguno que rigen como la clave para comprender la
película. Abierto a interpretaciones de cualquier tipo, ya sean morales,
psicológicas, culturales o filosóficas, proyecta con certeza nuestro propio subconsciente
al elegir lo que creemos que ocurrió en la cinta que hizo a Lynch ganador del
premio al mejor director en el Festival de Cannes.
Los Ángeles pasan a primer plano
siendo retratados magistralmente a partir de los personajes y las distintas
situaciones que enfrentan. Mostrando los distintos aspectos de la ciudad de las
estrellas, desde sus zonas marginales, hasta las locaciones de la alta sociedad
Una extrema analogía sobre el peso
de las decisiones mal tomadas y su repercusión en la integridad emocional.
A pesar de la profundidad de la
multitud de temas tratados en la novena película de Lynch, al fin y al cabo es
una película de amor; un amor en la ciudad de los sueños.
Si vas a ver esta película debes
dejar atrás toda lógica y atreverte a viajar por una montaña rusa emociones y
surrealismo cinematográfico.
***

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