miércoles, 3 de agosto de 2016

Carrie & Lowell - Sufjan Stevens

Sufjan Stevens es un músico multinstrumentalista estadounidense nacido en Detroit y criado en Michigan, cuyas experiencias retrató en el álbum folk homónimo del 2003, años incursiones un tanto experimentales en la música electrónica con The Age of Adz (2010); pero mi objetivo no es escribir acerca sus primeros trabajos, sino sobre el más reciente –y acaso el mejor– de ellos: Carrie & Lowell.

¿Qué se puede decir de este álbum? Con una intensidad emocional, y una intimidad semejante a la del célebre Hunky Dory (1972) de David Bowie, nos introduce al vasto campo de la aflicción y a lo que nunca fue.

Para que esta grabación aclamada por la crítica sea más dolora, necesitamos conocer un poco de su trasfondo. Este disco estrenado en el 2015 nació en la intromisión causada por la muerte de la madre de Stevens, con quien el compositor tuvo una relación prácticamente nula. Esta mujer sufría de bipolaridad, esquizofrenia y una fuerte adicción a las drogas. Intentó abandonar a su hijo junto a sus hermanos cuando tenía sólo un año de edad. Pocos renglones son necesarios para dar a entender que Carrie tuvo una vida trágica hasta el día de su muerte; después de este lamentable suceso en el 2012, Sufjan tuvo años de introspección, con los cuales concluyó que debió relacionarse más con su madre, esta reflexión llevó a Stevens al grado de un arrepentimiento por no haber hecho las cosas como concluyó que tuvo que realizarlas.



El otro nombre presente en el título, Lowell, corresponde al de su padrastro, quien también tiene una influencia importante en el álbum, siendo la persona más allegada a Carrie. Sus vivencias y relación con su esposa son retratadas.

Más momentos autobiográficos son presentados con melancolía en este álbum, como el día que Sufjan y sus hermanos fueron abandonados en una tienda de video, y el nacimiento de su sobrina.

Al momento de reproducir el track inicial, “Death with Dignity, descubrimos que sólo contamos con breves segundos completamente instrumentales antes de la entrada de las vocales de Sufjan; posteriormente, los instrumentos se trasladan a segundo plano con el objetivo de apreciar la lírica del cantautor. Esta estructura se repite en cada una de las canciones, con notables variaciones sonoras.


Se utiliza una breve melodía de piano a mediados de la canción y varios sintetizadores junto a guitarras folk que presentan un ritmo tranquilo. La lírica plantea lo que es cantar para alguien que ya no está aquí, para la muerte. Un gran falsete da inicio y fin al clímax de la pieza.


“Should Have Known Better” es la canción más conocida del solista, habla sobre el arrepentimiento al cual llegó tras no haberse relacionado con su madre y relata varias experiencias autobiográficas ya comentadas al inicio de la reseña.




“No Shade in the Shadow of The Cross” es el tercer y último sencillo extraído del álbum. Aquí Stevens se redime ante Dios, refiriéndose ante Él como my only lover, al momento que se da cuenta que tan bajo lo ha hecho caer su depresión; convirtiéndose en un consumidor habitual de las drogas y apartándose de los demás.




Escribió las once canciones y tocó todos los instrumentos presentes en ellas, algo que muy pocos han hecho. El disco fue producido por Thomas Bartlett, que también perdió a un ser cercano: su hermano.

Podemos clasificar a Carrie & Lowell como indie folk, ya que la instrumentalización es muy similar a este. Un trabajo muy distinto a lo que se hace hoy en día, y a la vez, prácticamente desconocido por cualquier persona un tanto alejada de la música contemporánea.

Sin lugar a dudas, algo que vale la pena escuchar. De lo mejor que se ha hecho en la última década.



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