jueves, 7 de diciembre de 2017

RESEÑA: Loving Vincent

     Loving Vincent es una película polaca estrenada este año que relata la vida de Vincent van Gogh, y se centra en los últimos años del trágico artista neerlandés. La particularidad del filme es que para su creación se realizaron alrededor de 65,000 fotogramas pintados al óleo por más de cien artistas.

     El largometraje dirigido por Hugh Welchman y Dorota Kobiela retrata la figura de van Gogh a partir de testimonios de los personajes que estuvieron alrededor del pintor el último año de su vida. De esta manera, construyen una biografía oral  acerca de una figura polarizante, aludiendo a la narrativa de Citizen Kane (1941).


     La historia se desarrolla en 1891, un año después del suicidio de van Gogh. Armand Roulin (a quien da voz Douglas Booth) recibe el encargo por parte de su padre Joseph, el antiguo cartero personal de Vincent, de entregar a Theo van Gogh la última carta escrita por el pintor post-impresionista. Tras visitar París y enterarse de que Theo ha muerto debido a la sífilis, Armand visita Auvers-sur-Oise, la comuna donde falleció Vincent, para buscar a algún receptor digno de la carta.

     Conforme avanza la trama, Armand se relaciona con diversos individuos allegados de van Gogh y su perspectiva acerca del artista, y de los demás personajes de la historia, se modifica mientras escucha los relatos de los oriundos de Auvers-sur-Oise.

     El hilo argumental cuenta con dos líneas temporales claramente definidas: el presente, teñido completamente a color, con Armand Roulin buscando a quién entregarle la carta; y el pasado, filmado en blanco y negro, que retrata la vida de van Gogh.

     A pesar de retratar la arquetípica vida de uno de los artistas más importantes dentro de la cultura occidental, Loving Vincent no cae en clichés típicos del género biográfico. Por otra parte, presenta una narración imparcial e inclusive da pie a distintas teorías sobre temas que siguen en discusión en la actualidad, tales como el hipotético homicidio culposo de van Gogh por parte de un amigo suyo y la pérdida de su oreja.

     Los impresionantes elementos técnicos de la película son infalibles, y en conjunto con la fluidez de la narrativa y los diálogos, la cinta provee un halo de familiaridad al espectador. Sin duda, se trata de una producción atemporal que destaca sobre el montón de películas efímeras que se han estrenado esta década.


     Loving Vincent es un experimento audiovisual sin precedentes que tras siete años de producción culminó como una obra de arte y como una de las mejores películas de este año.

martes, 31 de enero de 2017

RESEÑA: La La Land

     Habitualmente, las corrientes artísticas tienden a seguir la vanguardia predominante de la época en la cual la obra ha sido concebida. Esto provoca que haya considerables semejanzas entre los elementos presentes de dicho trabajo; no obstante, el resultado, junto con la influencia de sus antecesores y un gran compromiso por parte de los involucrados, puede ser mirífico. Tal es el caso de La La Land (2016), musical dirigido por Damien Chazelle y protagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling.

     La historia sigue a Mia y Sebastian, personajes cuyos encuentros plenamente circunstanciales logran forjar una relación un tanto similar a la de Woody Allen y Diane Keaton en Annie Hall (1976). El idealizado romance de los protagonistas se ve turbado por los objetivos de cada uno de ellos; Mia, una aspirante a actriz, y Sebastian, un músico que anhela abrir su propio bar de jazz. Si bien, lo básico de la trama ha sido visto en múltiples películas, lo esencial de la historia se basa en las decisiones de los personajes y el vínculo de éstas con sus sentimientos; esto efectúa una peculiar atracción hacia la película.


     Todo lo relativo a los aspectos técnicos consigue crear una armonía visual, que en conjunto con la dirección de Chazelle, transmiten un aliento de nostalgia hacia la juventud perdida y la vida que poco a poco se desvanece sin que hayamos cumplido nuestros sueños por completo. La fotografía agrega vivacidad a la narrativa visual al utilizar una amplia gama de colores en cada una de las secuencias. La música se congrega con las escenas enriqueciendo el panorama, y las canciones son utilizadas meticulosamente, sin llegar a abusar de este recurso.


     Las emotivas interpretaciones de Stone y Gosling mantienen el ritmo de la trama, manejando con prudencia el arco argumental de los personajes y demostrando su personalidad sin recurrir a clichés cinematográficos. La química entre los protagonistas es evidente y genera simpatía hacia ellos, causando que en momentos de dualidad, el espectador mantenga opiniones subjetivas conforme a las acciones de Mia y Sebastian.


     La La Land es la redención de Hollywood, y quizás, la revitalización de los musicales; exhibe que aún es posible realizar cine comercial de calidad y llevarlo a las grandes audiencias. Asimismo, presenta añoranza hacia lo común y tradicional en una sociedad de transformaciones radicales.


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